VIERNES SANTO 2026

EL SECRETO DE “DISCÍPULO AMADO”: EL TRIUNFO DEL AMOR

 Olvida la imagen de una víctima pasiva o deprimida. En el relato de Juan, vemos a un Jesús lleno de energía interior.

  • Cuando lo buscan, Él da el paso: “¡Yo soy!”.
  • A Pedro le ordena: “¡Mete la espada en la vaina!”.
  • Ante el poder del mundo afirma: “¡Mi reino no es de este mundo!”. Jesús es Señor hasta el último momento; sus verdugos son, en realidad, las víctimas de su no-violencia.

Junto a la cruz, el discípulo amado es testigo de un testamento de amor. Jesús mira a su madre y al amigo y redefine la familia: “Mujer, ahí tienes a tu hijo… ahí tienes a tu madre”. No es solo un gesto de consuelo; es la creación de una comunidad unida por el cuidado mutuo y el amor extremo.

Llegamos al clímax. Jesús dice: “¡Todo está cumplido!” y entrega el Espíritu. Para quienes están al pie de la cruz, este es el primer Pentecostés. No es un último suspiro de muerte, sino un “derrame” de vida. En ese instante, el amor de Dios empieza a circular “a borbotones” sobre la Iglesia naciente. Es una energía que todo lo supera y que vence amando incluso a quienes le quitan la vida.

Porque, hermanas y hermanos, tiene más fuerza el amor que el odio. Tiene más poder quien enciende una luz que quien apaga las luces de una ciudad. Al final, en la Cruz, ¡venció el Amor de los Amores!.

¿Quieres este señorío de Jesús?.

  • Borra resentimientos.
  • Corta la crítica permanente.
  • Perdona y ama sin condiciones. Haz del amor tu arma más poderosa. Porque hoy, lo que no es amor… ¡se está ahogando!

José Cristo Rey García Paredes, CMF

JUEVES SANTO 2026

“Y DESDE AQUELLA NOCHE… NOS AMÓ HASTA EL EXTREMO”

Hoy es Jueves Santo. Y hoy… todos estamos en un Cenáculo. Aquí en la Iglesia, allá… ¡en nuestra casa! con las puertas cerradas. Como aquellos primeros discípulos.
Jesús vivió esta Cena con una amenaza rondándole. Con el miedo presente. Con la traición sentada a su mesa: ¡Judas!
Y aun así… Se levantó. Se ató una toalla a la cintura. Se puso de rodillas. Y empezó a lavar pies. Los pies de Pedro, que protestó. Los pies de Juan, que le amaba. Los pies de Judas, que ya había decidido traicionarle.
A todos. Sin excepción.
Y me imagino… que también llegaría hasta mí. Con esa delicadeza suya. Con esa ternura que descoloca. Y me lavaría los pies a mí.  Eso es lo que el evangelio de Juan nos quiere decir esta tarde: “Habiendo amado a los suyos… los amó hasta el extremo.”No a medias. No cuando era fácil. Hasta el extremo.
Y luego tomó el pan. Tomó la copa. Y dijo: “Tomad… esto es mi cuerpo. Esto es mi sangre.” ¡El regalo más inesperado en el momento más oscuro!
El evangelista Juan nos guarda además otro tesoro. Un largo y misterioso discurso de despedida que Jesús dedica a los suyos.
Habla del Amor. Habla de su Abbá. Habla del Espíritu Santo que vendrá. “Os lo recordará todo… os llevará a la verdad completa.” Un discurso lleno de misterio, lleno de ternura, lleno de promesas. Como si Jesús quisiera dejarnos todo su mundo… en las manos.
Y hoy… sigue haciendo lo mismo. No solo en la Iglesia, sino también en tu casa. En mi casa. Aunque las puertas estén cerradas. Aunque el mundo parezca detenido.
Porque desde aquella noche… no ha dejado de amarnos. Hasta el extremo. Nuestra casa puede ser hoy un cenáculo. Nuestra mesa… puede ser un altar.
Que el Espíritu Santo convierta cada hogar en lugar de encuentro con Él. Feliz Jueves Santo.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO DE RAMOS 2026

Primera homilía: Antes de la procesión de Ramos — Mt 21, 1-11

Hace dos mil años, en Jerusalén, algo extraordinario estaba a punto de ocurrir. Un hombre entra en la ciudad. No en un caballo de guerra. No con ejércitos. No con poder. Entra en un asno. Y la gente… explota de alegría. Extienden sus mantos en el suelo. Cortan ramas de los árboles. Y gritan: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”

La ciudad entera se sacude. Y la gente responde: “Es Jesús, el profeta de Nazaret.” Un profeta. De Nazaret. De un pueblo insignificante. Sin ejército. Sin palacio. Sin riqueza. Y sin embargo… Jerusalén tiembla.
Hoy nosotros también tomamos ramos. También salimos a recibirle. Pero preguntémonos algo antes de que empecemos a caminar: ¿A quién estamos recibiendo tú hoy?
¿Al rey poderoso que resuelve todos tus problemas? ¿O al Dios humilde que viene a caminar contigo por el dolor, por la cruz, por la muerte… y al otro lado… por la Vida?
Porque este hombre que hoy entra entre palmas y gritos… en pocos días será arrestado, torturado y crucificado. Y lo sabrá desde el principio. Y entrará de todas formas. Por ti, por mí.
Coge tu ramo. Camina. Y deja que Él entre hoy de verdad… no solo en la procesión. En tu vida, en mi vida.

Segunda homilía: La Pasión según san Mateo — Mt 26, 14-27.66

Acabamos de escuchar uno de los textos más sobrecogedores de toda la literatura humana. El relato que inspiró a Bach para componer su Pasión según San Mateo. Música que hace llorar a quienes no creen. Música que rompe por dentro. Porque algo en este relato nos toca donde más duele. Judas lo entrega por treinta monedas. Pedro lo niega tres veces. “No conozco a ese hombre.” Los discípulos… huyen. Todos.
Y Jesús se queda solo. Solo en Getsemaní, sudando sangre. Solo ante el Sanedrín. Solo ante Pilato. Solo en la cruz. Y en ese momento de soledad absoluta, grita algo que nos parte el corazón: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
Detengámonos ahí un momento. No pasemos de largo. El Hijo de Dios… sintiéndose abandonado por su Padre.
¿Hemos sentido alguna vez eso? ¿Esa oscuridad? ¿Ese silencio de Dios? Jesús también. No lo vivió desde fuera. Lo vivió desde dentro. Desde el grito. Y sin embargo… sus últimas palabras en Mateo no son de odio. No son de venganza. El centurión romano —el enemigo— al verle morir así, dice: “Verdaderamente este era Hijo de Dios. “Un verdugo. Convertido en confesor de fe.
Esta semana que comienza hoy se llama Santa por algo. No porque sea fácil. Sino porque en el dolor más oscuro Dios estaba presente. Y sigue estándolo. En nuestro dolor. En nuestra cruz. En nuestro grito. No estamos solos. … Él ya pasó por ahí.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO 5. TIEMPO DE CUARESMA. CICLO A

“LA MUERTE YA NO HIERE A SUS AMIGOS”

Hoy la Palabra de Dios nos grita una sola cosa: ¡VIDA! Y qué paradoja… estamos a punto de entrar en la Semana Santa, la semana de la muerte de Jesús… y Él nos dice: “Yo soy la Vida”.

¿Por qué tanta muerte a nuestro alrededor? ¿Qué le pasa a la humanidad?

Ezequiel lo vio claro: el pueblo de Dios era un valle de huesos secos. Un cementerio. Sin futuro. Sin esperanza. Y Dios… ¿qué hace? No los abandona. Los mira y dice: “¡Pueblo mío, pueblo mío!” — como un padre que llora a su hijo. Como David llorando a Absalón. Y se compromete:

“Abriré vuestros sepulcros. Os daré mi Espíritu. Viviréis.”

¿Sabemos lo que eso significa? Que cuando tocamos fondo… Dios no se va. Se acerca más.

Lázaro llevaba cuatro días muerto. Marta y María estaban destrozadas. Y Jesús… llegó tarde. No les ahorró el dolor. No les ahorró el duelo. Pero llegó. Y todo cambió. Porque la muerte ya no hiere a los amigos de Jesús.

¿Somos amigos suyos? Entonces la última palabra no es la muerte. Es Él. San Pablo nos lo explica así: “en nosotros hay carne… y hay espíritu”. Cuando nos dejamos llevar por el Espíritu de Jesús, ese Espíritu envuelve nuestra carne, transfigura nuestro dolor, resucita lo que en nosotros está muerto. No es magia. Es amor.

“En el verdadero amor, el espíritu envuelve a la carne.”-como decía el filósofo Nietzsche-.

Esta Cuaresma nos preguntamos algo muy sencillo: ¿Dejamos que el Espíritu de Jesús toque nuestra vida? Porque si lo dejamos… lo que estaba muerto… vuelve a vivir.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO 4. TIEMPO DE CUARESMA. CICLO A

“CUANDO LA CEGUERA ESTÁ EXPANDIDA” 

El profeta Samuel entró en Belén buscando el candidato de luz para dirigir el pueblo de Israel. Desfilaron ante él los hijos de Jesé. Uno tras otro. Ninguno fue elegido. “¿Se acabaron los muchachos?”, pregunta el profeta. Hubo que ir a buscarlo fuera, al campo, entre las ovejas: David, el pequeño, el olvidado. Dios pone su luz allí donde nosotros no imaginamos.

Y como Samuel, también Jesús se encontró con un marginado: ¡ciego de nacimiento! Jesús untó barro en los ojos del ciego. Y le pidió colaborar: vete y lávate. Y añadió: “Mientras esté en el mundo, yo soy la luz del mundo.” Y el ciego de nacimiento vio por vez primera en su vida.

Pero la ceguera estaba expandida. Los discípulos preguntan: “¿Quién pecó, él o sus padres?” El gentío no capta nada: “¿No es éste el que mendigaba? ¡No! Pero se le parece.” Los fariseos interrogan al que fue ciego. Tampoco ellos se lo creen. Y se atreven a insultar a la fuente de su luz: “Ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.”

¡Qué paradoja! El único que ve es ahora el que fue ciego. Se defiende de maravilla aludiendo a Jesús: “Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada.”

¡Cuánto ciego alrededor de Jesús! Y cuando más cerca están de la luz, más se obstinan en su horrible ceguera. La ceguera de quienes se sitúan como jueces implacables ante lo nuevo, porque su única luz es “lo mandado”. Discípulos. Gentío. Fariseos. Cada grupo más ciego que el anterior, aunque están más cerca de Jesús.

¿Estamos conformes con tanta ceguera a nuestro alrededor? Buda nos pidió entrar en procesos de iluminación. Jesús nos dice: “Yo soy tu luz.” ¿Tenemos conciencia de que la Luz nos enfoca… nos habita? ¿Nos busca? Y si te dejas iluminar, descubrirás muchos ciegos a tu alrededor.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO 3. TIEMPO DE CUARESMA. CICLO A

¡GOLPEA LA ROCA! -III Domingo de Cuaresma

Refidim. Desierto del Sinaí. El pueblo muere de sed. Protesta. Murmura. No confía. Moisés clama al Señor. Y Dios responde: “Golpea la roca. De ella brotará agua.” Moisés golpea. Y el agua brota. Sólo golpeando la roca brota el agua que calma la sed.

Siglos después, una mujer samaritana llega al pozo de Jacob. Tiene sed. Muchas sedes. Jesús, fatigado, está sentado junto al pozo. Él es la nueva Roca. Y le dice: “Si conocieras el don de Dios… tú me pedirías y yo te daría agua viva. Quien beba de esta agua nunca más tendrá sed.”

¿Golpeó la samaritana la roca? Sí. Con su fe, con su pregunta, con su anhelo.Y brotó el agua. Ella corrió al pueblo: “¡Venid a ver! ¿No será éste el Mesías?” Se convirtió en manantial. El agua que recibió se desbordó hacia otros.

Pero hacía falta otro golpe. El definitivo. En la cruz, Jesús es golpeado por una lanza. Y de su costado brota sangre y agua. San Pablo lo subrayó: la Roca golpeada es Cristo.

Hoy, las muchedumbres tienen sed. Los pueblos se reúnen buscando agua. Necesitamos eventos donde brote el agua. ¿Cómo golpeamos hoy la Roca con fe absoluta de que brotará y calmará la sed?

Invocando al Espíritu de Jesús. Él hace brotar el agua. Reuniéndonos en su nombre. Celebrando. Creyendo.  Porque Jesús no es solo un personaje histórico. Jesús es la Roca de la que mana el agua que necesitamos para sobrevivir en nuestro desierto.

También hoy. Y, de hecho, iniciamos nuestro seguimiento de Jesús en el agua: el bautismo. Nacimos del agua y del Espíritu. Cada vez que tengas sed, recuerda: La Roca ya fue golpeada. El agua ya brotó. Sangre y agua del costado de Cristo. Acércate. Bebe. Y conviértete tú también en manantial. Porque quien bebe del agua que Jesús da… se transforma en fuente que brota para dar vida.

¡Golpea la Roca con tu fe… el agua brotará!

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO 2. CUARESMA. CICLO A

“LA VOCACIÓN DE LOS INQUIETOS”

Una inquietud profunda habitaba en el interior de Abraham. “Aquí no hay futuro.”, pensó. Y salió. Dejó todo lo conocido. Se aventuró hacia lo desconocido, sin saber adónde iba. No salió para poseer la Patria. Salió para buscarla.

No somos felices cuando poseemos, sino cuando caminamos, cuando deseamos. La instalación nos deshumaniza. Morar siempre en lo conocido nos encarcela.

Pablo inquietó al joven Timoteo cuando le dijo: “Toma parte en los duros trabajos del Evangelio.” Evangelizar no es una tarea cómoda. Es vivir inquieto, disponible las veinticuatro horas. Y ¿para qué? Para anunciar la Buena Notica, la única que ofrece a la humanidad felicidad y sentido.

En cambio, los tres apóstoles del Tabor, ante la maravilla de la transfiguración de Jesús querían todo lo contrario. Pedro queda embelesado: “¡Qué bien se está aquí! ¡Hagamos tres tiendas!” Quiere instalarse. Quiere quietud. Disfrutar la felicidad él solo. Pero el Transfigurado los inquieta: “Nada de tiendas. Bajad del monte. Otro monte os espera.” Porque la vocación no es para quedarse.

La Visión se recibe para comunicarla. Nadie es llamado para disfrutar a solas de Dios. La Luz que nos habita debe ir iluminando el mundo, poco a poco, llenándolo de vida.

Dios nos llama a ser inquietos. Como Abrahán, que sale sin saber adónde va. Como Timoteo, que evangeliza sin descanso. Como los apóstoles, que bajan del Tabor hacia otro monte: el Calvario y la Resurrección. Sal. Camina. Cuenta lo que has visto. Esa es la vocación de los inquietos.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

 

DOMINGO 1. CUARESMA. CICLO A

¡EL ALIENTO Y EL HAMBRE”

Al principio, Dios nos dio su propio aliento. Neshamá, lo llama el Génesis. Vida íntima, compartida, respirada directamente de su boca a la nuestra. Pero nos dio hambre. Hambre de ser dioses. Y cambiamos el aliento por el fruto prohibido. Dejamos de respirar con Él… para morder por nuestra cuenta.

Esa misma hambre persigue a Jesús en el desierto. “Convierte las piedras en pan”, le susurra el tentador. “Satisface tu hambre a tu manera. Exige certezas. Controla tu destino.” Es el menú de siempre: cambia el Aliento por la Autogestión. Cambia la confianza por el control.

Pero Jesús redefine el hambre. Tiene hambre real. Hambre física. Hambre de certezas. Y… aun así, responde: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” Él, que ES la Palabra hecha carne, prefiere morir de hambre antes que vivir de cualquier pan que no sea la voluntad de su Padre. Él respira. Se alimenta del Aliento. Y desde ahí, su “No” al demonio es un “Sí” inmenso a la intimidad con el Padre.

Adán y Eva: expulsados del Paraíso que les fue dado. Jesús: desde el desierto mismo, comienza la reconstrucción del mundo. Misma prueba. Resultados opuestos. Ellos eligieron morder. Él eligió respirar.

Y la Cuaresma nos pregunta hoy: ¿De qué tenemos hambre realmente? ¿Estamos intentando convertir piedras en pan? ¿Exigiendo señales, seguridades, atajos divinos a nuestra medida? ¿O estamos aprendiendo, en el desierto de nuestras limitaciones, a vivir del puro Aliento de su Palabra… aunque no calme inmediatamente todos nuestros apetitos?

El camino no es tener más respuestas. Es aprender a respirar distinto. A confiar. A dejar que su Aliento sea tu alimento. “No solo de pan…” Es la dieta de la confianza, la que nos devuelve al Jardín, al Paraíso.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

 

¡Aliento y Palabra! (canción)

No solo de pan, Señor, respiro en tu voluntad,
hambre de tu aliento tengo, no de piedras ni de sal.
Devuélveme al Jardín perdido, donde tu voz es mi maná,
que yo prefiera en mi desierto tu Palabra y nada más.

[Estrofa 1]
Al principio fue tu aliento, brisa pura de Neshamá,
y cambiamos boca a boca por el fruto y su ansiedad.
Por morder nos fue echando el día claro del hogar,
se nos secó entre los labios la confianza y la verdad.
[Estrofa 2]
Tú, Jesús, en la arena dura, con la noche por mantel,
tuviste hambre de certezas, de un camino sin porqué.
Mas dijiste en voz de pobre: «Padre, tu querer es pan»,
y al negarle al tentador el bocado, le dijiste sí a tu Dios.
[Chorus]
No solo de pan, Señor, respiro en tu voluntad,
hambre de tu aliento tengo, no de piedras ni de sal.
Devuélveme al Jardín perdido, donde tu voz es mi maná,
que yo prefiera en mi desierto tu Palabra y nada más.

[Estrofa 3]
Hoy la Cuaresma nos mira: «¿De qué hambre vivirás?»,
si de atajos y señales o del soplo que se da.
Aprender es otro aire, otro modo de esperar:
que tu Aliento sea alimento y nos vuelva al Paraíso, al hogar.

[Chorus]
No solo de pan, Señor, respiro en tu voluntad,
hambre de tu aliento tengo, no de piedras ni de sal.
Devuélveme al Jardín perdido, donde tu voz es mi maná,
que yo prefiera en mi desierto tu Palabra y nada más.

DOMINGO 6. TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

“PERO YO OS DIGO”… ¿CÓMO VIVIR EN ALIANZA

¡No basta…!

No vino a abolir la ley. Vino a darle “plenitud”. A llevarla al extremo: “donde realmente importa. En el corazón.”

Porque no basta con “no matar”. Él dice:”¿Y la ira que guardas? ¿El rencor que alimentas?” La verdadera Alianza con Dios empieza ahí: en reconciliarte con tu hermano. Antes que cualquier ofrenda.

No basta con “no cometer adulterio”. La mirada ya puede traicionar la confianza. La Alianza se protege cuidando la intención, desde dentro.

No basta con “no jurar en falso”. En un mundo de palabras vacías, Jesús nos pide algo radical: “Que tu “sí” sea sí, y tu “no”, no.” Que tu palabra sea transparente, porque vives en la verdad. Como dice la Primera de Corintios: “Ni el ojo vio, ni el oído oyó… lo que Dios tiene preparado para los que lo aman”. Eso no es para cumplidores externos. Es para corazones en Alianza.

¿Cumplimos o amamos?

La ley no es una carga. Es la “cláusula de un pacto de amor.” Como un matrimonio: no se trata de no romper las reglas… se trata de amar con todo, hasta en los detalles.

¿Volvemos a ser fariseos? ¿Creyendo que con cumplir listas ya estamos bien? “Jesús nos sacude:” Lo que importa es el “por qué”. ¿Vives cada día en su presencia? ¿Con ese deseo apasionado de hacer su voluntad?

Hoy Él nos dice: “Pero yo te digo”. Nos invita a más. A una Alianza viva. A una libertad que nace de amar su voluntad. No por obligación, sino por pasión.

¿Nos atreveremos a vivir esta plenitud? “No he venido  a abolir, sino a dar plenitud.

José Cristo Rey García Paredes, CMF