DOMINGO 13. TIEMPO ORDINARIO. CICLO B

LA JOVEN Y LA MUJER INFECUNDAS

Vemos hoy a miles y miles de personas acercarse a santuarios, a imágenes sagradas, o incluso a personas con aroma de santidad. ¿Y qué buscan? Verse liberadas de males interiores o exteriores. La cuestión es que vivimos en la precariedad. Precariedad es un término que proviene de “prez”, es decir “oración”. El evangelio de Marcos nos presenta hoy dos curaciones realizadas por Jesús: la hemorroísa y la hija de Jairo, es decir, dos mujeres -una mayor y otra joven- ¡sin futuro!

Dividiré esta homilía en tres partes:

  • Los personajes del relato.
  • La sanación
  • Nuestra tarea

Los tres personajes del relato

La acción sanadora de Jesús se dirige a dos mujeres judías: una con desarreglo menstrual y condenada a la esterilidad y otra -joven, a quien la muerte privó de la maternidad. El evangelista Marcos nos presenta los dos caosos como un único relato.

  • La hija de Jairo tenía 12 años. Los judíos decían que una niña se convertía en mujer a los 12 años y un día. Estaba en la plenitud de la vida. Iba a comenzar su historia de mujer, de esposa, de madre fecunda. Pero llega la enfermedad grave que estremece al padre y lo amenaza como la peor de las tragedias. Esta joven no solo está amenazada de muerte, sino que cuando podría conseguir ser fecunda, ser madre, no va a poder.
  • Jairo es un personaje que surge de la muchedumbre. Al ver a Jesús cae a sus pies. “uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva». (Mc 5, 21-23). Jairo era jefe de la sinagoga y bien sabía que Jesús no gozaba de buena fama entre sus colegas, que lo consideraban rebelde y opositor al régimen religioso; pero él recurre a Jesús y Jesús atiende inmediatamente su súplica.
  • La mujer enferma que gastó su fortuna surge de entre la muchedumbre que se agolpaba junto a Jesús. Hacía 12 años que esta mujer padecía flujos de sangre: llegó a gastar toda su fortuna en vano. En tal estado esta mujer no podía engendrar, ni retener la vida: ¡no podía ser madre! La tradición higiénico-religiosa la consideraba persona “inmunda”, impura. Por eso, se acerca a Jesús “de incógnito”: ya sólo confiaba en Él.

La Sanación

La mujer sangrante se acerca a Jesús: toca la orla de su manto. Mucha gente se apretujaba con Jesús, pero el toque de esta mujer conmueve a Jesús: era el “tacto de la fe” e inmediatamente Jesús sintió que una energía curativa brotaba de él. La mujer se siente inmediatamente curada.  Jesús no se atribuye a sí mismo la curación, sino a ella: “¡Hija, tu fe te ha curado!”. Jesús no la trata como médico, sino como padre espiritual, por eso la llama “¡hija!” Y la medicina ha sido ¡su fe! Mucha gente se aglomeraba en torno a Jesús, pero sólo esta mujer logró por su fe conectar con el poder sanador de Jesús.

En otro momento, el relato no dice que Jairo recibió la noticia de la muerte de su hija. Respetuoso, le dijo a Jesús que ya no se preocupase. Sin embargo, Jesús lo invita a la experiencia de la fe. Jesús se aleja de la muchedumbre. Igual que en el Tabor, igual que en Getsemaní, Jesús se lleva consigo sólo a sus tres discípulos preferidos: Pedro, Santiago y Juan. Y mientras lloran y se lamentan Jesús -con el padre y la madre- se acerca a la niña -que según Jesús estaba “dormida”. Irrespetuosa, la gente su burla de él. Jesús latoma la mano y le pronuncia las palabras arameas «Talitá kum» («Muchacha, a ti te digo, levántate»). La Palabra y la Mano de Jesús tienen un poder impresionante. La niña se levanta, camina. Jesús pide que le den de comer.

La niña murió a los doce años: es decir cuando ya era considerada mujer y podía albergar una nueva vida. La niña y la hemorroísa tuvieron en común 12 años de muerte o para la muerte. Pero, pasados los doce años, ellas encontraron la Vida. Con Jesús hay futuro y esperanza.

Nuestra tarea

Llevemos ante Jesús, también, a esas mujeres, rotas por las experiencias de la vida, defraudadas por tantas promesas incumplidas, infecundas e incapaces de generar lo que ellas desearían. La misión cristiana consiste en propagar la buena fama de Jesús, para que se acerquen a Él y en Él encuentren salvación. Es urgente suscitar en los demás –y ante todo en nosotros- la fe absoluta, incondicional en el Señor. Esa es la fuente de la curación, de la recuperación. Ante Jesús una mujer se convierte en auténtica mujer.

Conclusión

  • ¿Con cuál de los personajes de este relato me identifico? ¿Jairo, los tres discípulos testigos, la madre de la hija de Jairo, Jesús?
  • En el relato de la hemorroisa, ¿con quién me identifico? ¿con la multitud que toca a Jesús pero sin experimentar su fuerza? ¿o con la hemorroísa que toca sus vestidos llena de fe?
  • ¿Qué puedo hacer para acercar a las mujeres que encuentro en mi misión a Jesús? ¿Cuáles son los caminos para suscitar en ellas la fe?
  • ¿Qué debemos hacer, desde un punto de vista institucional, estructural, para que este icono tenga permanente vigencia entre nosotros?

José Cristo Rey García Paredes, cmf

DOMINGO 12. TIEMPO ORDINARIO. CICLO B

¿NO TE IMPORTA, SEÑOR, QUE NOS HUNDAMOS?

Damien Hirst

Damien Hirst

Dividiré esta homilía en tres partes:

  • ¡Nos estamos hundiendo!
  • El pecado de la “micropistía”
  • ¿Porqué somos tan cobardes?

¡Nos estamos hundiendo!

Los discípulos de Jesús, cuando su barca iba a la deriva, no se echaron la culpa a sí mismo, sino que se lo recriminaron a Jesús, que estaba dormido en la barca:

“Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?

Y es que ante la situación que atraviesa nuestra sociedad y la Iglesia, parece que el Maestro está dormido, que ha cedido su protagonismo de “Señor de la historia” a otros “señores”. Y aquí estamos nosotros, sus pobres discípulos achicando el agua que irrumpe contra la barca y la inunda, aquí estamos aterrorizados por lo que pasa, temerosos, tristes, luchando contra el oleaje. Jesús está ciertamente con nosotros, pero ¡plácidamente dormido! ¡Como si lo que nos está ocurriendo no le importase!

Nuestros debates internos, dentro de la Iglesia, se parecen mucho a los de los discípulos en la barca, mientras Jesús dormía.

El pecado de “micro-pistía”

Solemos siempre ver la falta de fe en los demás y no tanto en nosotros. Y la verdad es que nos falta fe, nos falta confianza en Dios. El Evangelio utiliza un término para este pecado, propio de discípulos: micro-pistía, ¡poca fe! Nuestra fe es tan pequeña que es más insignificante que un grano de mostaza.

No tenemos fe en Dios, ni en nuestras posibilidades, cuando somos movidos por Dios. La fe se nos agota en nosotros mismos: tenemos fe en nuestro “ego”. Sólo a él le concedemos toda nuestra confianza: confiamos en nuestros proyectos, en todo aquello que tiene “nuestra firma”. En una iglesia de “yoes”, la egolatría politeísta está a la orden del día. La auténtica humildad brilla por su ausencia. Hay gente que está acostumbrada a “dictar”, pero muy poco a escuchar y hacer una ruptura con lo que siempre ha pensado. Me admiro de la imposibilidad que ya tienen algunas personas de aprender algo nuevo.

Y ¡claro! en la religión del yo, el Señor, el “nosotros” de la Iglesia, el Cuerpo colectivo, está de más. Se utiliza su sacrosanto nombre para apuntalar el “yo” con sus proyectos e ideas.

¿Por qué somos tan cobardes?

Cuando le hacemos despertar, Jesús nos muestra que basta su voz imperativa para que todo se solucione, para que el mar entre en calma y ¡no pase nada! Hemos de dejar a Jesús actuar “a su hora”. Su Iglesia debe aprender a ser paciente.

Quienes confiamos en Jesús, en su Palabra, en su Poder, en su Presencia, sabemos que a Él le cabe toda la responsabilidad. Él es el Señor de la historia y de la naturaleza. Él es el Liberador, el Redentor. Y de seguro que va a cumplir con la misión recibida del Abbá y para la la que cuenta con el Espíritu Santo y también con nosotros. Con instrumentos débiles es capaz de confundir a los fuertes. Aunque nuestra confianza en Él sea débil, Él sacará adelante todos los proyectos de Dios su Padre y al final llegará la calma, la paz, la salvación.

Cuando los discípulos no son capaces de salvarse del hundimiento, sólo oyen un reproche: ¿Por qué sois tan cobardes, hombres de poca fe?

Jesús nos quiere valientes, entusiastas y no cobardes y deprimidos, con una secreta seguridad de que vamos a perder todo poco a poco.

Conclusión

Si creemos de verdad en Jesús, que actúa, que nos ama, que no nos deja de su mano, ¡devolvámosle a Él todo el protagonismo! y no hagamos de nuestra responsabilidad, una forma de suplantarlo. Y con Él a nuestra derecha, ¡nada hemos de temer! Él es ese jugador genial, que en el último minuto, puede hacer que la remontada sea real y lleguemos a ganar el partido.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

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Domingo 11. Tiempo ordinario. Ciclo b

DESDE “LO HUMILDE” AL “TODO” (Mc 4, 26-34)

Dividiré esta homilía en tres partes:

  • Los árboles humildes
  • El Reino de Dios en humildad
  • Descubrir el Todo en el fragmento

Los árboles humildes

En la primera lectura el profeta Ezequiel nos presenta una conversación de Dios consigo mismo. Se propone humillar a los árboles altos y ensalzar a los árboles humildes.

Y ¿qué hará?

Arrancará una rama tierna de un alto cedro y la plantará en la montaña más alta de Israel. Y se convertirá en un cedro noble, en el que aniden aves y que superará a todos los árboles altos. Dios se fija en “lo humilde” y “lo ensalza”.

El Reino de Dios en humildad

En el Evangelio Jesús nos dice que se nos puede escapar descubrir el Reino de Dios porque es también como un “árbol humilde”, nacido de un grano de mostaza.

Si ahora alguien depositara en nuestra mano un grano de mostaza deberíamos tener mucho cuidado para que no se nos cayera de la mano, porque después no resultaría fácil encontrarlo en el suelo.

Jesús muestra una confianza fuerte en lo que está ocurriendo, en los procesos que constituyen nuestra historia. Jesús tiene la conciencia clara de que hay “algo” sembrado en la historia que, más allá de nuestros esfuerzos y voluntades, germina y llegará a dar fruto. La Gracia está sembrada y germinará. Ante las visiones pesimistas que a veces se apoderan de nosotros, Jesús nos ofrece una visión totalmente esperanzada y además ¡con razones!

Descubrir el Todo en el fragmento

Dios está haciendo historia con nosotros. Mantiene firme su Alianza y no se desdice. Jesús nos invita a creer en los buenos resultados de la Alianza y a no descorazonarnos ante la grandeza de lo malo y la pequeñez de lo bueno, ante lo ruidoso que es el mal y lo silencioso que es el bien.

¡Sólo la fe en un Dios fiel a su Alianza, que nunca abandonará a la humanidad, ni a nosotros, seres personales, dentro de la humanidad, nos salvará! Necesitamos redimir nuestro tiempo de la desconfianza, del pesimismo, de las penas. Todo queda redimido cuando la fe nos permite ver y porque vemos confiamos.

La fe nos conduce hacia lo pequeño, lo insignificante y nos lleva a descubrir el todo en el fragmento.

José Cristo Rey García Paredes

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