DOMINGO DE LAS ASCENSIÓN. CICLO A

¡NO TE QUEDES MIRANDO AL CIELO! 

Cuarenta días después de resucitar, Jesús desaparece de la vista de sus discípulos. Se quedan mirando al cielo… paralizados. Pero lo que acaba de pasar no es una partida. Es una expansión.

— Querían un rey. Él les dio el mundo. Los discípulos le preguntan: “¿Ahora sí restauras el reino de Israel?” Seguían soñando con un proyecto político. Jesús los redirige por completo: “Seréis mis testigos hasta los confines de la tierra.” No un partido. No una nación. Toda etnia. Toda cultura. Toda la humanidad.


— Primero el poder. Luego el “Id.” En el monte de Galilea, Jesús ya lo había dicho con claridad: “Me ha sido dado todo el poder, en el cielo y en la tierra. Por eso… id.” El “id” no nace del vacío. Nace de ese poder total. Sube al cielo no porque pierda el poder sobre la tierra, sino porque lo ejerce desde una dimensión nueva, sin fronteras de espacio ni de tiempo.


Una palabra que lo cambia todo. El gran teólogo Karl Rahner lo expresó de manera magistral: Jesús, por su Resurrección y Ascensión, se ha vuelto pancósmico. No se aleja del cosmos — se expande hasta abarcarlo todo. Ya no está junto a unos pocos en un rincón de Palestina. Su presencia afecta a cada rincón de lo real, a cada ser humano, a todo el universo.


Se va para venir de otra manera. La Ascensión no es un adiós. Es una transformación de la presencia. Se va visiblemente como uno entre unos pocos… envía su Espíritu sobre todos… y viene de otra manera: interior, universal, continua. “Os conviene que yo me vaya” — porque entonces el Espíritu puede habitarnos, no solo caminar junto a unos pocos elegidos.


Tres palabras para nuestra vida. La carta a los Efesios nos da el kit completo. Esperanza: no fuimos llamados al fracaso sino al éxito más insospechado. Gloria: hay una herencia de belleza infinita esperándonos. Poder: el mismo poder que resucitó a Jesús actúa ahora en nosotros.


¡Aleluya!

José Cristo Rey García Paredes, CMF

 

DOMINGO 6. TIEMPO DE PASCUA. CICLO A

CONFIADOS A LA SANTA RUAH

Jesús les dijo algo que debió sonarles a escándalo: “Os conviene que yo me vaya.”

Me imagino la cara de los discípulos. Pedro a punto de levantarse. Tomás frunciendo el ceño. Juan sin poder creerlo. ¿Que te vayas? ¿Que nos conviene? ¡En manera alguna! ¡No! Llevamos tres años contigo. Lo hemos dejado todo. Hemos visto los milagros, hemos escuchado tus palabras, hemos creído en ti… ¿Y ahora nos dices que te vas y que encima nos conviene?

Pero Jesús estaba diciendo algo mucho más profundo de lo que ellos podían entender en ese momento.

Estaba diciendo: Misión cumplida.

No como derrota. Como plenitud. Todo lo que vine a hacer, está hecho. El amor se ha entregado hasta el fondo. Ahora viene la segunda parte. Y para la segunda parte… necesitáis otro.

Otro Paráclito. Otro defensor. Otro misionero.

La Santa Ruah. El aliento eterno de Dios. No de visita. Para quedarse. Para habitar. Para recordaros todo. Para llevarnos a la verdad completa.

Desde ahora, confiados a su Misterio.

Ella es la gran misionera de esta era. La que llegó a Samaría antes que Pedro y Juan. La que convirtió a los que todos consideraban herejes. La que no entiende de fronteras ni de prejuicios.

Y yo me pregunto —y os pregunto— ¿la estamos dejando actuar? ¿O la tenemos encerrada en nuestros esquemas, en nuestras rutinas, en nuestra manera de siempre de hacer las cosas?

Porque si la Ruah habita en nosotros, somos morada de Dios. No edificios vacíos. Templo vivo.

No somos huérfanos. Nunca lo hemos sido.

Confiémonos a su Misterio. Con los brazos abiertos. Sin miedo.

¡Aleluya!

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO 5. TIEMPO DE PASCUA. CICLO A

¡MUÉSTRANOS AL PADRE!

Tomás dijo lo que todos pensamos pero nadie se atreve a decir.

“Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a saber el camino?”

Qué valiente. Qué humano. Qué parecido a nosotros.

Porque hay momentos en que uno no sabe adónde va. En que el futuro es niebla. En que rezas y el cielo parece de piedra. Tomás no fingió entender. Y Jesús no lo regañó. Le respondió con una de las frases más grandes de la historia: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.”

No dijo: te doy un mapa. Dijo: soy yo. El camino no es una idea. Es una persona. Pero entonces Felipe pidió algo que me llega muy adentro. Algo que yo mismo he deseado en más de un momento:

“Señor, muéstranos al Padre y nos basta.”

Detengámonos aquí.

¿Hay algo más grande que pueda desear un ser humano? Ver el rostro del que nos creó, del que nos pensó antes de que existiéramos, del que nos ama sin límites. Felipe no pedía riqueza ni poder. Pedía lo único que colma el corazón hasta el fondo: contemplar la belleza de Dios Padre.

Y Jesús le respondió con ternura: “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre.”

Jesús es el rostro visible del Padre. Su abrazo hecho carne. A ese corazón turbado —el de Felipe, el mío, el tuyo— Jesús le hace una promesa: “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí”.

No nos pide que entendamos todo. Confiemos juntos en que Él va delante. En que en la casa del Padre hay lugar para cada uno. Con nuestra historia. Con nuestras dudas. Con nuestro nombre.

No necesitamos saber adónde vamos. Necesitamos saber con quién vamos. ¡Aleluya!

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO 4. TIEMPO DE PASCUA. CICLO A

LA PUERTA QUE NADIE ESPERABA

Entonces Jesús hizo una pausa, y dijo lo que nadie esperaba: “Yo soy la puerta.” No un maestro. No un profeta. No un líder religioso más. ¡La puerta que da acceso a la vida verdadera!
Los bandidos …los que roban, manipulan a las ovejas… no pasan por esa puerta. Se la saltan y entran por la tapia, aunque no están autorizados.
El Papa Francisco llamó mundanidad y clericalismo a este mal antiguo que corroe a la Iglesia. Esos pastores ya “no huelen a oveja”: vive lejos del rebaño; hablan un idioma que nadie entiende; se instalan cómodamente en el poder… Y Jesús hasta los llama “bandidos”. Cuando aparecen  las ovejas  tiemblan. Y huyen.
Cuando las ovejas escuchan -en cambio- la voz de Jesús, el corazón se aquieta. Se detienen. Lo siguen. No porque les obliguen. Porque lo reconocen. Porque esa voz les suena a casa.
El Buen Pastor huele a oveja. Se mete en el barro. Conoce tu nombre. No el nombre de tu expediente. Tu nombre. El que solo saben los que te quieren de verdad.
Junto a Jesús, en cambio, se respira. Se vive. “Yo he venido para que tengan vida, y vida en abundancia.”
Hoy quizás hay alguien aquí que siente que Jesús lo llama a ser pastor, a cuidar, a servir. A entrar por la puerta. A oler a oveja.
No lo pienses demasiado.
Y aunque camines hoy por sendas oscuras, no temas. Él va contigo. Su vara y su cayado te defienden.
Porque conoces su voz. Y ella te basta. ¡Aleluya!

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO 3. TIEMPO DE PASCUA. CICLO A

¡RECONOCER!

DOMINGO 2. PASCUA. CICLO A

“TOCAR AL RESUCITADO” – Domingo de la Divina Misericordia

Tomás quería tocar. No conformarse con palabras. No quedarse con el relato de otros. Quería meter la mano en el costado abierto de Jesús y saber, desde adentro, que era verdad.
Y Jesús no le negó ese deseo. Se lo concedió. Porque ese deseo —tocar al Resucitado— no es falta de fe. Es el deseo más hondo del corazón humano.
«Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.»— Salmo 117.
Y ese mismo don se nos sigue dando. Aquí. Ahora. En la Eucaristía.
Cuando extiendes las manos y recibes la hostia, no estás recibiendo un símbolo ni un recuerdo. Estás tocando el Cuerpo de Cristo. El mismo Cuerpo que fue llagado, que resucitó glorioso, que Tomás tocó aquella tarde con el corazón temblando.
Los primeros cristianos lo sabían. Los Hechos lo dicen con una sola frase: perseveraban en la fracción del pan. No era una obligación. Era el centro. El lugar donde encontraban al Señor vivo.
Pedro escribe a comunidades que sufren y les dice: «Le amáis sin haberle visto.» Nosotros sí le vemos. Velado, pero real. En el pan partido. En el vino derramado. En las manos abiertas del sacerdote que repite sus palabras.
Hoy, domingo de la Divina Misericordia, acércate a comulgar como Tomás se acercó a las llagas: con hambre, con humildad, sin miedo. Y escucha lo que Jesús te dice en ese silencio después de recibir su Cuerpo:
«La paz esté con vosotros.»

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO DE RESURRECCIÓN 2026

NACER DE NUEVO

Quizás hoy no te sientes con ganas de aleluyas. Quizás llevas duelo encima. Quizás la muerte está demasiado cerca.

 No pasa nada. Escucha igual. Una tumba. Vacía. Eso es todo lo que hay esta mañana. Y nadie — ni las mujeres, ni Pedro, ni los apóstoles — lo creyó de golpe.

La fe en la resurrección no es un esfuerzo intelectual. No es voluntad. No es emoción religiosa. Es un regalo. Una revelación. “Se les apareció.” No dice: “lo buscaron hasta encontrarlo.”

El poeta irlandés W.B. Yeats escribió sobre otro domingo de pascua:

“Todo ha cambiado, cambiado absolutamente. Una terrible belleza ha nacido.”

Lo escribió para una revolución política. Pero esta mañana lo robamos para la revolución más grande de la historia.

Porque si esa tumba está vacía de verdad — la muerte no es un muro. Es una puerta.

Dietrich Bonhoeffer lo entendió. Teólogo. Preso. Ejecutado por los nazis: “El Dios del comienzo absoluto es el Dios de la Resurrección”.

  No te han dado la vida para que mueras. Naciste para nacer de nuevo. Lo que le pasó a Él, te va a pasar a ti.

¿Te resulta difícil creerlo? Normal. A todos nos cuesta. Hoy solo te pido una cosa: Detente ante la tumba vacía. Y deja que esa terrible belleza te alcance.

¡Aleluya!

José Cristo Rey García Paredes, CMF

SÁBADO SANTO 2026

EL DÍA DEL SILENCIO

El gran Silencio

 Hoy la tierra está temerosa y sobrecogida. Pero mientras nosotros vemos soledad, en lo invisible está ocurriendo una conmoción. Dios ha muerto en la carne, sí, pero para bajar a buscar a nuestro primer padre, Adán, como si fuera la oveja perdida. Cristo no se ha quedado en la tumba: ha bajado a visitar a los que viven en tinieblas.

El encuentro en el infierno

 Imagina la escena: Jesús llega a las prisiones del abismo con las armas vencedoras de la cruz en sus manos. Al verlo, Adán queda asombrado y grita: “¡Mi Señor esté con todos!”. Y Cristo, tomándolo de la mano, le responde con la mayor ternura: “Y con tu espíritu”. Es el encuentro de Dios con su humanidad herida.

El mensaje de Cristo

Escucha lo que Jesús le dice a Adán, y lo que nos dice a nosotros hoy:

  • “Despierta, tú que duermes”. No te creé para que permanecieras cautivo en el abismo.
  • Mira los salivazos de mi cara, para devolverte tu aliento de vida.
  • Mira los azotes en mi espalda, para aliviarte del peso de tus pecados.
  • Mira mis manos clavadas al madero, porque tú extendiste maliciosamente la tuya al árbol prohibido.
  • “Mi sueño te saca del sueño del abismo”.

De la Prisión al Trono

El rescate es total. Jesús le dice: “Levántate, salgamos de aquí”. El enemigo te sacó del paraíso, pero yo te coloco en un trono celeste. Ya no hay querubines que te prohíban el paso; ahora hay ángeles que reconocen tu dignidad y te sirven.

El reino de los cielos está preparado para ti desde toda la eternidad. Hoy, en el Gran Sábado, nada está perdido. ¡Despierta! Porque tu Dios ha bajado hasta tu propia oscuridad para sacarte a la luz.

José Cristo Rey Garcia Paredes, CMF

VIERNES SANTO 2026

EL SECRETO DE “DISCÍPULO AMADO”: EL TRIUNFO DEL AMOR

 Olvida la imagen de una víctima pasiva o deprimida. En el relato de Juan, vemos a un Jesús lleno de energía interior.

  • Cuando lo buscan, Él da el paso: “¡Yo soy!”.
  • A Pedro le ordena: “¡Mete la espada en la vaina!”.
  • Ante el poder del mundo afirma: “¡Mi reino no es de este mundo!”. Jesús es Señor hasta el último momento; sus verdugos son, en realidad, las víctimas de su no-violencia.

Junto a la cruz, el discípulo amado es testigo de un testamento de amor. Jesús mira a su madre y al amigo y redefine la familia: “Mujer, ahí tienes a tu hijo… ahí tienes a tu madre”. No es solo un gesto de consuelo; es la creación de una comunidad unida por el cuidado mutuo y el amor extremo.

Llegamos al clímax. Jesús dice: “¡Todo está cumplido!” y entrega el Espíritu. Para quienes están al pie de la cruz, este es el primer Pentecostés. No es un último suspiro de muerte, sino un “derrame” de vida. En ese instante, el amor de Dios empieza a circular “a borbotones” sobre la Iglesia naciente. Es una energía que todo lo supera y que vence amando incluso a quienes le quitan la vida.

Porque, hermanas y hermanos, tiene más fuerza el amor que el odio. Tiene más poder quien enciende una luz que quien apaga las luces de una ciudad. Al final, en la Cruz, ¡venció el Amor de los Amores!.

¿Quieres este señorío de Jesús?.

  • Borra resentimientos.
  • Corta la crítica permanente.
  • Perdona y ama sin condiciones. Haz del amor tu arma más poderosa. Porque hoy, lo que no es amor… ¡se está ahogando!

José Cristo Rey García Paredes, CMF

JUEVES SANTO 2026

“Y DESDE AQUELLA NOCHE… NOS AMÓ HASTA EL EXTREMO”

Hoy es Jueves Santo. Y hoy… todos estamos en un Cenáculo. Aquí en la Iglesia, allá… ¡en nuestra casa! con las puertas cerradas. Como aquellos primeros discípulos.
Jesús vivió esta Cena con una amenaza rondándole. Con el miedo presente. Con la traición sentada a su mesa: ¡Judas!
Y aun así… Se levantó. Se ató una toalla a la cintura. Se puso de rodillas. Y empezó a lavar pies. Los pies de Pedro, que protestó. Los pies de Juan, que le amaba. Los pies de Judas, que ya había decidido traicionarle.
A todos. Sin excepción.
Y me imagino… que también llegaría hasta mí. Con esa delicadeza suya. Con esa ternura que descoloca. Y me lavaría los pies a mí.  Eso es lo que el evangelio de Juan nos quiere decir esta tarde: “Habiendo amado a los suyos… los amó hasta el extremo.”No a medias. No cuando era fácil. Hasta el extremo.
Y luego tomó el pan. Tomó la copa. Y dijo: “Tomad… esto es mi cuerpo. Esto es mi sangre.” ¡El regalo más inesperado en el momento más oscuro!
El evangelista Juan nos guarda además otro tesoro. Un largo y misterioso discurso de despedida que Jesús dedica a los suyos.
Habla del Amor. Habla de su Abbá. Habla del Espíritu Santo que vendrá. “Os lo recordará todo… os llevará a la verdad completa.” Un discurso lleno de misterio, lleno de ternura, lleno de promesas. Como si Jesús quisiera dejarnos todo su mundo… en las manos.
Y hoy… sigue haciendo lo mismo. No solo en la Iglesia, sino también en tu casa. En mi casa. Aunque las puertas estén cerradas. Aunque el mundo parezca detenido.
Porque desde aquella noche… no ha dejado de amarnos. Hasta el extremo. Nuestra casa puede ser hoy un cenáculo. Nuestra mesa… puede ser un altar.
Que el Espíritu Santo convierta cada hogar en lugar de encuentro con Él. Feliz Jueves Santo.

José Cristo Rey García Paredes, CMF