DOMINGO 13. TIEMPO ORDINARIO. CICLO B

LA JOVEN Y LA MUJER INFECUNDAS

Vemos hoy a miles y miles de personas acercarse a santuarios, a imágenes sagradas, o incluso a personas con aroma de santidad. ¿Y qué buscan? Verse liberadas de males interiores o exteriores. La cuestión es que vivimos en la precariedad. Precariedad es un término que proviene de “prez”, es decir “oración”. El evangelio de Marcos nos presenta hoy dos curaciones realizadas por Jesús: la hemorroísa y la hija de Jairo, es decir, dos mujeres -una mayor y otra joven- ¡sin futuro!

Dividiré esta homilía en tres partes:

  • Los personajes del relato.
  • La sanación
  • Nuestra tarea

Los tres personajes del relato

La acción sanadora de Jesús se dirige a dos mujeres judías: una con desarreglo menstrual y condenada a la esterilidad y otra -joven, a quien la muerte privó de la maternidad. El evangelista Marcos nos presenta los dos caosos como un único relato.

  • La hija de Jairo tenía 12 años. Los judíos decían que una niña se convertía en mujer a los 12 años y un día. Estaba en la plenitud de la vida. Iba a comenzar su historia de mujer, de esposa, de madre fecunda. Pero llega la enfermedad grave que estremece al padre y lo amenaza como la peor de las tragedias. Esta joven no solo está amenazada de muerte, sino que cuando podría conseguir ser fecunda, ser madre, no va a poder.
  • Jairo es un personaje que surge de la muchedumbre. Al ver a Jesús cae a sus pies. “uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva». (Mc 5, 21-23). Jairo era jefe de la sinagoga y bien sabía que Jesús no gozaba de buena fama entre sus colegas, que lo consideraban rebelde y opositor al régimen religioso; pero él recurre a Jesús y Jesús atiende inmediatamente su súplica.
  • La mujer enferma que gastó su fortuna surge de entre la muchedumbre que se agolpaba junto a Jesús. Hacía 12 años que esta mujer padecía flujos de sangre: llegó a gastar toda su fortuna en vano. En tal estado esta mujer no podía engendrar, ni retener la vida: ¡no podía ser madre! La tradición higiénico-religiosa la consideraba persona “inmunda”, impura. Por eso, se acerca a Jesús “de incógnito”: ya sólo confiaba en Él.

La Sanación

La mujer sangrante se acerca a Jesús: toca la orla de su manto. Mucha gente se apretujaba con Jesús, pero el toque de esta mujer conmueve a Jesús: era el “tacto de la fe” e inmediatamente Jesús sintió que una energía curativa brotaba de él. La mujer se siente inmediatamente curada.  Jesús no se atribuye a sí mismo la curación, sino a ella: “¡Hija, tu fe te ha curado!”. Jesús no la trata como médico, sino como padre espiritual, por eso la llama “¡hija!” Y la medicina ha sido ¡su fe! Mucha gente se aglomeraba en torno a Jesús, pero sólo esta mujer logró por su fe conectar con el poder sanador de Jesús.

En otro momento, el relato no dice que Jairo recibió la noticia de la muerte de su hija. Respetuoso, le dijo a Jesús que ya no se preocupase. Sin embargo, Jesús lo invita a la experiencia de la fe. Jesús se aleja de la muchedumbre. Igual que en el Tabor, igual que en Getsemaní, Jesús se lleva consigo sólo a sus tres discípulos preferidos: Pedro, Santiago y Juan. Y mientras lloran y se lamentan Jesús -con el padre y la madre- se acerca a la niña -que según Jesús estaba “dormida”. Irrespetuosa, la gente su burla de él. Jesús latoma la mano y le pronuncia las palabras arameas «Talitá kum» («Muchacha, a ti te digo, levántate»). La Palabra y la Mano de Jesús tienen un poder impresionante. La niña se levanta, camina. Jesús pide que le den de comer.

La niña murió a los doce años: es decir cuando ya era considerada mujer y podía albergar una nueva vida. La niña y la hemorroísa tuvieron en común 12 años de muerte o para la muerte. Pero, pasados los doce años, ellas encontraron la Vida. Con Jesús hay futuro y esperanza.

Nuestra tarea

Llevemos ante Jesús, también, a esas mujeres, rotas por las experiencias de la vida, defraudadas por tantas promesas incumplidas, infecundas e incapaces de generar lo que ellas desearían. La misión cristiana consiste en propagar la buena fama de Jesús, para que se acerquen a Él y en Él encuentren salvación. Es urgente suscitar en los demás –y ante todo en nosotros- la fe absoluta, incondicional en el Señor. Esa es la fuente de la curación, de la recuperación. Ante Jesús una mujer se convierte en auténtica mujer.

Conclusión

  • ¿Con cuál de los personajes de este relato me identifico? ¿Jairo, los tres discípulos testigos, la madre de la hija de Jairo, Jesús?
  • En el relato de la hemorroisa, ¿con quién me identifico? ¿con la multitud que toca a Jesús pero sin experimentar su fuerza? ¿o con la hemorroísa que toca sus vestidos llena de fe?
  • ¿Qué puedo hacer para acercar a las mujeres que encuentro en mi misión a Jesús? ¿Cuáles son los caminos para suscitar en ellas la fe?
  • ¿Qué debemos hacer, desde un punto de vista institucional, estructural, para que este icono tenga permanente vigencia entre nosotros?

José Cristo Rey García Paredes, cmf

DOMINGO 12. TIEMPO ORDINARIO. CICLO B

¿NO TE IMPORTA, SEÑOR, QUE NOS HUNDAMOS?

Damien Hirst

Damien Hirst

Dividiré esta homilía en tres partes:

  • ¡Nos estamos hundiendo!
  • El pecado de la “micropistía”
  • ¿Porqué somos tan cobardes?

¡Nos estamos hundiendo!

Los discípulos de Jesús, cuando su barca iba a la deriva, no se echaron la culpa a sí mismo, sino que se lo recriminaron a Jesús, que estaba dormido en la barca:

“Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?

Y es que ante la situación que atraviesa nuestra sociedad y la Iglesia, parece que el Maestro está dormido, que ha cedido su protagonismo de “Señor de la historia” a otros “señores”. Y aquí estamos nosotros, sus pobres discípulos achicando el agua que irrumpe contra la barca y la inunda, aquí estamos aterrorizados por lo que pasa, temerosos, tristes, luchando contra el oleaje. Jesús está ciertamente con nosotros, pero ¡plácidamente dormido! ¡Como si lo que nos está ocurriendo no le importase!

Nuestros debates internos, dentro de la Iglesia, se parecen mucho a los de los discípulos en la barca, mientras Jesús dormía.

El pecado de “micro-pistía”

Solemos siempre ver la falta de fe en los demás y no tanto en nosotros. Y la verdad es que nos falta fe, nos falta confianza en Dios. El Evangelio utiliza un término para este pecado, propio de discípulos: micro-pistía, ¡poca fe! Nuestra fe es tan pequeña que es más insignificante que un grano de mostaza.

No tenemos fe en Dios, ni en nuestras posibilidades, cuando somos movidos por Dios. La fe se nos agota en nosotros mismos: tenemos fe en nuestro “ego”. Sólo a él le concedemos toda nuestra confianza: confiamos en nuestros proyectos, en todo aquello que tiene “nuestra firma”. En una iglesia de “yoes”, la egolatría politeísta está a la orden del día. La auténtica humildad brilla por su ausencia. Hay gente que está acostumbrada a “dictar”, pero muy poco a escuchar y hacer una ruptura con lo que siempre ha pensado. Me admiro de la imposibilidad que ya tienen algunas personas de aprender algo nuevo.

Y ¡claro! en la religión del yo, el Señor, el “nosotros” de la Iglesia, el Cuerpo colectivo, está de más. Se utiliza su sacrosanto nombre para apuntalar el “yo” con sus proyectos e ideas.

¿Por qué somos tan cobardes?

Cuando le hacemos despertar, Jesús nos muestra que basta su voz imperativa para que todo se solucione, para que el mar entre en calma y ¡no pase nada! Hemos de dejar a Jesús actuar “a su hora”. Su Iglesia debe aprender a ser paciente.

Quienes confiamos en Jesús, en su Palabra, en su Poder, en su Presencia, sabemos que a Él le cabe toda la responsabilidad. Él es el Señor de la historia y de la naturaleza. Él es el Liberador, el Redentor. Y de seguro que va a cumplir con la misión recibida del Abbá y para la la que cuenta con el Espíritu Santo y también con nosotros. Con instrumentos débiles es capaz de confundir a los fuertes. Aunque nuestra confianza en Él sea débil, Él sacará adelante todos los proyectos de Dios su Padre y al final llegará la calma, la paz, la salvación.

Cuando los discípulos no son capaces de salvarse del hundimiento, sólo oyen un reproche: ¿Por qué sois tan cobardes, hombres de poca fe?

Jesús nos quiere valientes, entusiastas y no cobardes y deprimidos, con una secreta seguridad de que vamos a perder todo poco a poco.

Conclusión

Si creemos de verdad en Jesús, que actúa, que nos ama, que no nos deja de su mano, ¡devolvámosle a Él todo el protagonismo! y no hagamos de nuestra responsabilidad, una forma de suplantarlo. Y con Él a nuestra derecha, ¡nada hemos de temer! Él es ese jugador genial, que en el último minuto, puede hacer que la remontada sea real y lleguemos a ganar el partido.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

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Domingo 11. Tiempo ordinario. Ciclo b

DESDE “LO HUMILDE” AL “TODO” (Mc 4, 26-34)

Dividiré esta homilía en tres partes:

  • Los árboles humildes
  • El Reino de Dios en humildad
  • Descubrir el Todo en el fragmento

Los árboles humildes

En la primera lectura el profeta Ezequiel nos presenta una conversación de Dios consigo mismo. Se propone humillar a los árboles altos y ensalzar a los árboles humildes.

Y ¿qué hará?

Arrancará una rama tierna de un alto cedro y la plantará en la montaña más alta de Israel. Y se convertirá en un cedro noble, en el que aniden aves y que superará a todos los árboles altos. Dios se fija en “lo humilde” y “lo ensalza”.

El Reino de Dios en humildad

En el Evangelio Jesús nos dice que se nos puede escapar descubrir el Reino de Dios porque es también como un “árbol humilde”, nacido de un grano de mostaza.

Si ahora alguien depositara en nuestra mano un grano de mostaza deberíamos tener mucho cuidado para que no se nos cayera de la mano, porque después no resultaría fácil encontrarlo en el suelo.

Jesús muestra una confianza fuerte en lo que está ocurriendo, en los procesos que constituyen nuestra historia. Jesús tiene la conciencia clara de que hay “algo” sembrado en la historia que, más allá de nuestros esfuerzos y voluntades, germina y llegará a dar fruto. La Gracia está sembrada y germinará. Ante las visiones pesimistas que a veces se apoderan de nosotros, Jesús nos ofrece una visión totalmente esperanzada y además ¡con razones!

Descubrir el Todo en el fragmento

Dios está haciendo historia con nosotros. Mantiene firme su Alianza y no se desdice. Jesús nos invita a creer en los buenos resultados de la Alianza y a no descorazonarnos ante la grandeza de lo malo y la pequeñez de lo bueno, ante lo ruidoso que es el mal y lo silencioso que es el bien.

¡Sólo la fe en un Dios fiel a su Alianza, que nunca abandonará a la humanidad, ni a nosotros, seres personales, dentro de la humanidad, nos salvará! Necesitamos redimir nuestro tiempo de la desconfianza, del pesimismo, de las penas. Todo queda redimido cuando la fe nos permite ver y porque vemos confiamos.

La fe nos conduce hacia lo pequeño, lo insignificante y nos lleva a descubrir el todo en el fragmento.

José Cristo Rey García Paredes

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DOMINGO 10. TIEMPO ORDIANRIO. CICLO B

¡LO MEJOR ESTÁ POR LLEGAR! – Domingo 10, ciclo B

  • Violar la intimidad
  • ¡Dentro del círculo íntimo!
  • La casa en el cielo

Violar la intimidad

La primera lectura está tomada del capítulo 3 del libro del Génesis. En ella se nos habla de una maldita curiosidad: la serpiente seduce a Eva para que viole la zona de intimidad -reservada sólo para Dios- “el Árbol de la Vida”-. Eva seduce a Adán, soñaban con ser semejantes a Dios. Apenas comieron de la fruta, se les abrieron los ojos y sintieron el vacío de una absoluta desnudez. A partir de entonces no hay Paraíso en la tierra.

Dentro del círculo “íntimo”

El Evangelio de san Marcos nos habla de quienes -ahora sí- habían entrado en la intimidad de Dios, en el círculo de Jesús, porque creyeron en Él. Pero también de quienes habían quedado afuera de ese círculo: eran precisamente sus familiares, porque dudaban de Él: sus familiares pensaban en una especie de locura mística, y los escribas y maestros de Israel en algo mucho peor: en una posesión satánica. Nada extraño que Jesús les dijera que confundían al Espíritu Santo de Dios con el Príncipe de los dominios y que ese pecado no tenía perdón.

Jesús, poseído por el Espíritu Santo, se pregunta: ¿quién es mi madre y mis hermanos? ¿cuál es mi familia? Y mirando a quienes estaban a su alrededor proclama: ¡Los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!

¡La casa en el cielo!

La segunda lectura de 2 Corintios nos promete entrar en la intimidad de Dios. Nos dice que ya “una casa no hecha por mano de hombre, sino eterna, en el cielo. Que estamos llamados a entrar en la intimidad de Dios. Lo que en el comienzo fue prohibido, comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, ser como Dios y entrar en su intimidad, al fin en Jesús nos es prometido como herencia.

Conclusión

El pecado es siempre impaciencia: querer obtener antes de tiempo aquello que nos es prometido. El pecado es desobediencia por quererle imponer a Dios nuestro “ritmo” y no dejarnos guiar por Él. No seamos impacientes como nuestros primeros padres. Esperemos pues lo mejor está por llegar.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

 

Domingo 9. CORPUS CHRISTI. CICLO B

LA FIESTA DE LA ANTI-VIOLENCIA – EL CORPUS CHRISTI

Dividiré esta homilía en cuatro partes:

  • La sangre invisible
  • Víctima de la violencia en su cuerpo
  • Cuerpo que incorpora
  • La fiesta de la No-violencia

La sangre invisible

En nuestro cuerpo la sangre es invisible. El Creador hizo de ella un río oculto para la vida, que circula por arterias, venas y capilares. La sangre se manifiesta en sus efectos: el buen color, la vitalidad corporal. La sangre es un tejido líquido que recorre el cuerpo, transportando células y todos los elementos necesarios para realizar funciones complejas e importantes para la vida: respirar, formar sustancias, defenderse de agresiones. ¡Sólo cuando se rompe -por accidente, o por acción violenta- alguno de sus conductos la sangre se manifiesta!

La sangre de Jesús se hizo visible aquel día terrible y violento de su condena a muerte. En la última Cena Jesús se atrevió a decirles a sus comensales: “Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna que será derramada para el perdón de los pecados”. Derramando su sangre Jesús comenzó el proceso de su muerte.

Víctima de la violencia en su cuerpo

Jesús dijo también: “Nadie me quita la vida, sino que yo la doy libremente. Tengo potestad para darla y tengo potestad para recuperarla” (Jn 10,8). Jesús decidió convertirse en víctima de la violencia humana para restablecer la Alianza de la humanidad con Dios.

 Su cuerpo, privado violentamente de su alimento -la sangre- se torna también símbolo de Alianza

Cuerpo que in-corpora

Jesús quiso que su Cuerpo se extendiera. Nos in-corporó a su Cuerpo. Está continuamente incorporando a seres humanos, de modo que somos “su Cuerpo” y su cuerpo somos nosotros. Y este Cuerpo colectivo sigue siendo violentado y la sangre sigue siendo derramada. ¡Qué paradójico precio de Alianza! Pero reconozcamos que la sangre derramada es “sangre de Cristo”, que los cuerpos violentados, torturados, crucificados, son “cuerpo de Cristo”. Por eso, son sangre y cuerpo de Alianza.

Quienes violentan el cuerpo de los otros y derraman sangre son verdugos y demonios que hacen la tierra inhabitable.  

La sangre que derraman los violentos es la sangre de Cristo. Los cuerpos que abaten los violentos son el cuerpo de Cristo. 

Y no solo el terror, también la violencia doméstica y urbana, la violencia policial y militar… Y ¡no lo olvidemos! también la violencia del hambre, de la pobreza extrema, y la violencia contra la vida humana no-deseada en el aborto y contra la vida terminal en la eutanasia. Y descubrimos que… ¡hay muchas manos manchadas en sangre! ¡demasiadas!

La fiesta de la No-violencia

La fiesta del Corpus es la fiesta de la No-violencia, del respeto a la vida y a los cuerpos humanos. Es la fiesta que intenta que la sangre siga siendo vivificadora. Se adora el Cuerpo del Señor cuando se renuncia a cualquier forma de violencia, cuando no se incita a la violencia, cuando se derrama la paz y los sentimientos de hospitalidad hacia todos.

¡Solo hay un caso en que la sangre se muestra! La mujer lo sabe. Es la sangre preparada para la acogida de la semilla de vida, es la sangre de la hospitalidad, de la espera. Es la sangre del parto. ¡Qué gran símbolo para comprender el ofrecimiento del Cuerpo y de la Sangre de Jesús! No en vano, vio la tradición de la Iglesia en el costado de Jesús crucificado, traspasado por la lanza, del cual brota sangre y agua, la dimensión más femenina y materna de nuestro Señor: de esa sangre y agua brotan los sacramentos y la Iglesia. Sólo así la violencia es vencida, poco a poco. ¡Todo tipo de violencia! Porque una violencia no se vence con otra violencia. Un demonio no expulsa a otro demonio.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

 

SANTÍSIMA TRINIDAD. CICLO B

¡CONTEMPLAD!… ESTÁ CERCA: LA SANTÍSIMA TRINIDAD

¿Dónde estaba Dios? se preguntaba el papa Benedicto XVI al visitar el campo de concentración de Auschwitz.  La pregunta más necesaria hoy no es si “¿existe Dios?”, sino más bien: ¿dónde se manifiesta? ¿dónde está Dios?

Hoy celebramos el día de la Santísima Trinidad. Es la festividad del Dios uno y trino, del Dios-Trinidad. Esta festividad nos invita a meditar sobre el misterio de Dios. Dividiré esta homilía en tres partes:

  • El Altísimo ha descendido
  • El aroma divino de Jesús
  • El Espíritu de Jesús

El Altísimo ha descendido

El pueblo de Israel se estremecía ante la voz poderosa de Dios, ante la grandeza de un Dios “único” y superior a todos los dioses, vencedor infalible de cualquier batalla.

La madre de Jesús y su esposo José tuvieron una experiencia distinta: descubrieron a Dios en lo pequeño. El niño que María engendró y que ellos acogieron en su casa era “el Hijo del Altísimo”. Él era la Palabra de Dios: al principio balbuceante. Él era “el Grande” que se asomaba en “lo más pequeño”; el “todopoderoso” que se mostraba como “todo debilidad”, la debilidad de un niño pequeño.

María y José se acostumbraron a entender de otra manera eso de “la grandeza de Dios”, a descubrir la “trascendencia” en lo más cercano e inmanente. Quizá no supieran formularlo, pero su experiencia de Dios era, ante todo, la experiencia del Hijo que tenían en sus manos y, ante su vista, que iba creciendo día a día en gracia y en estatura.

El Hijo les reveló que su Padre era Dios, a quien llamaba “Abbá”. José tuvo que sentirse confundido y excluido: Jesús era hijo del Abbá e Hijo de María. Y tal vez se preguntaría: ¿qué hago yo aquí? Estaba legitimado por ser “el esposo de María” y por introducir a Jesús en la descendencia del rey David: “Jesús, hijo de David” le llamaba la gente.

Si Jesús era el Hijo de Dios, María y José fueron descubriendo en él -progresivamente- los rasgos de Dios. En una ocasión Jesús le dijo a Felipe apóstol: ¡Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre! Dios Padre se visibilizaba en Jesús en los días de Nazaret: María y José descubrieron admirados y absortos los rasgos de Dios en el pequeño Jesús que crecía: Jesús fue para ellos dos, el mejor libro viviente de teología.  

El aroma divino de Jesús

Jesús desprendía un “aroma especial”, “envolvente”, “seductor”. El clima que generaba a su alrededor lo llamaba “reino de Dios. Y el aroma que desprendía lo llamaba “Espíritu Santo” y sus discípulos y discípulas se sentían envueltos en ese aroma -prueba de la existencia de Dios. ¡Qué bien los expresó  san Pablo en la 2 Cor 2, 14-17:

¡Gracias sean dadas a Dios! Por medio de nosotros el aroma de su conocimiento se manifiesta en todo lugar; 15 porque somos para Dios el buen olor de Cristo”.

Llegó el día en que Jesús abandonó su casa y María quedó sola. Llegó el día en que Jesús llegó a decir: ¿Quién es mi madre?, ¿quiénes son mis hermanos? Y María comprendió la pasión inmensa de Jesús por su Padre-Dios. Y como hijo obediente, se puso totalmente a su disposición, en obediencia sin vuelta atrás. La última vez en que María llamó a Jesús “hijo”, fue cuando cumplidos los 12 años, lo encontró en el templo y allí le habló de los “asuntos de su Padre-Dios”.

El Espíritu de Jesús

Escuchando a Jesús María comprendió más plenamente quién era el Espíritu: agua que brota a borbotones de sus entrañas, de su costado. Ella había concebido a Jesús por obra del Espíritu Santo. María conocía el aroma del Espíritu. Y en Pentecostés lo compartió con la primera comunidad cristiana del Cenáculo. El Espíritu fue enviado por Dios Padre y Dios Hijo y ya permanece para siempre en nosotros. Quienes son movidos por el Espíritu “oran el Abbá nuestro”. Quienes son movidos por el Espíritu confiesan que Jesús es el Señor. No hay ateísmo en quienes “son movidos por el Espíritu Santo”, y en quienes claman con el salmo 50: No me quites, Señor, ¡tu Santo Espíritu!

Conclusión: ¿dónde está Dios?

Hoy no es día para lamentarse por la ausencia de Dios. Hoy es día para lamentarse por estar ciego ante tanta luz y belleza, por ser insensible ante tanto Amor como nos envuelve, por olvidarnos de la Fuente que mana. El poeta y pintor italiano Dante Gabriel Rossetti dijo en una ocasión: “El peor momento para el ateo es cuando debe dar gracias y no sabe a quién”.

Hoy es día para exclamar: Abbá, Jesús, Santo Espíritu, ¡gracias, gracias, gracias! y sentir que ¡Dios está aquí! 

José Cristo Rey García Paredes, CMF

PARA CONTEMPLAR: Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo… ¡Al Rey de reyes!

DOMINGO DE PENTECOSTÉS. CICLO B

EL ESPÍRITU SANTO… LA RESPIRACIÓN DEL MUNDO

Dividiré esta homilía en tres partes:

  • Diagnósticos crueles
  • Mientras haya Espíritu hay aliento
  • El Pentecostés permanente

Diagnósticos crueles

Hay diagnósticos crueles -sobre el presente y el futuro de nuestro mundo-, que nos hunden en la desesperación. En ellos se toma la parte por el todo. Bastan unas averías, para que al organismo en que muchas cosas funcionan, se le anuncie el más tétrico de los futuros.

Así son muchos de los diagnósticos que hacemos sobre la sociedad, sobre la política, sobre la Iglesia, sobre nuestros grupos: ¡diagnósticos crueles en los que la parte suplanta al todo!

Nuestro mundo no es tan malo como parece: ¡está herido de muerte por el Espíritu que nos ha sido dado! -como proclama hoy la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles- .El pesimismo como norma es una enfermedad que lleva a la creencia de que cada nueva generación es peor que la anterior. Nos vuelve insensibles ante las nuevas formas del bien. Nos hace creer que el mal que nos torna violentos, corruptos, airados, envidiosos, dependientes… ¡es invencible! Y, sin embargo,

Mientras haya Espíritu hay aliento

Mientras haya aliento hay vida. El Espíritu Santo es el aliento, la respiración del mundo. El Espíritu es “el Dios de guardia”; está en misión activa desde el día en que Jesús lo exhaló desde la Cruz, desde el día de Pentecostés en que se derramó como lenguas de fuego.

El Dios Padre que está en el cielo, el Dios Hijo que está también en el cielo, ¡no nos han dejado huérfanos! Nos han enviado conjuntamente su Espíritu, su Aliento, para que sea el Aliento del mundo.

El Espíritu llena la faz de la tierra, penetra hasta lo más íntimo del corazón de los seres humanos. El Santo Espíritu nos hace respirar, vivir, soñar, amar, crear. El Espíritu en el aprieto nos da anchura, en la enfermedad nos invita a creer en la sanación, en el caos nos vuelve creadores.

¡Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida! Esta confesión de fe no es una mera fórmula teológica. Es la fe en una experiencia permanente, histórica. Sin los ojos de la fe, la trama de la historia resulta inquietante y deprimente. Bajo la mirada del Espíritu el diagnóstico es decididamente positivo.

El Pentecostés permanente

A veces anhelamos la llegada de un nuevo Pentecostés, cuando llevamos tantos siglos de Pentecostés permanente. Y es que le damos demasiada importancia al mal. Jesús se lo quitó, aunque no pareciera políticamente correcto, cuando dijo: “pobres tendréis siempre con vosotros” (Mt 26,11). Jesús nunca nos prometió una sociedad sin pobres, un mundo sin males, un cuerpo sin enfermedades; pero sí nos prometió el Espíritu Paráclito, que estaría siempre con nosotros y haría posibles los sueños de Dios sobre la humanidad. Sí, le damos demasiada importancia al mal, y muy poco a la presencia victoriosa del bien.

Las personas negativas renuncian a la bolsa de oxígeno para ahogarse desde sus pulmones sin aliento. Son incapaces de descubrir el Espíritu que alienta en toda la creación y en toda la humanidad.

Las personas que han recibido la llamarada del Espíritu, el viento recio del Espíritu, experimentan en ellas y en los demás un florecimiento inusitado de carismas, de dones, que hacen posible lo imposible. Confían en los ritmos de Dios. Celebran el hecho de que desde hace ya muchos siglos hay en la humanidad una fuente de Agua Viva que todo lo fecunda y que hace cada vez más próximo el Paraíso.

El Santo Espíritu es la Respiración del mundo. Vivimos gracias al Espíritu. Y, cuando una persona, llena del Espíritu muere, no pierde el Espíritu, lo exhala sobre los demás.

Quieran el Abbá y Jesús concedernos en este día la gracia de “respirar como conviene” y que después de llenarse los pulmones de Espíritu, la Iglesia entera se torne más sonriente y emprenda el camino de sus más profundos sueños.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

ASCENSIÓN DEL SEÑOR. CICLO B

ASCENSIÓN DEL SEÑOR: MISTERIOSA AUSENCIA

Dividiré esta homilía en tres partes:

  • El hecho: subió al cielo… no quedó en la tierra
  • La ausencia: lo echamos de menos.
  • El deseo: Marana Tha

El hecho: Subió al cielo… no quedó en la tierra

Cuando celebramos la “Ascensión de Jesús en cuerpo y alma al cielo”, ¿somos conscientes de la distancia que nos separa de Él? ¡Jesús es el gran ausente! Ha dejado vacío su puesto… Nos ha dejado “huérfanos

Seamos conscientes de esa ausencia y no nos contentemos, sin más, con las re-presentaciones: nadie es capaz de cubrir su ausencia… ¡Jesús subió al cielo!

Deberíamos “echar de menos” a Jesús muchas más veces. Lo echó de menos Marta, la hermana de Lázaro, cuando le dijo a Jesús: “Si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto”.

Nos hemos habituado demasiado en la Iglesia a la ausencia de Jesús y no lo echamos de menos: ¡Jesús está en el cielo! Algunos grandes creyentes como san Agustín o el gran reformador protestante Calvino resaltaron mucho la ausencia de Jesús: son “otras voces” las que nos transmiten sus palabras; son los “símbolos de pan y vino, agua, u óleo, o gestos de algunas personas” los que nos transmiten su presencia. El Cuerpo de Jesús -decimos ahora- que es la Iglesia… pero su Cuerpo está en el cielo.

La ausencia: ¡lo echamos de menos!

Fray Luis de León, poeta y místico de nuestro siglo de Oro hizo del tema de la ausencia de Jesús un tema central. “Y nos dejas, Pastor santo, / en este valle de lágrimas lleno/ sin luz, sin paz, sin ti, sin esperanza/ de tristeza, de soledad, de miedo!”. Resaltaba en sus poemas la ausencia física de Jesús y la necesidad de buscarlo en la intimidad de su corazón y en la dimensión espiritual de nuestro ser.

Un poema de tiempos de santa Teresa de Jesús y de autor anónimo, ante el cual Teresa quedó extasiada decía: “No quiero contento, mi Jesús ausente,/ que todo es tormento a quien esto siente/ solo me sustente su amor y deseo, / veante mis ojos, muérame yo luego. Y luego concluye: ¿Quién te habrá ocultado bajo pan y vino? ¿Quién te ha disfrazado, oh, Dueño divino? ¡Ay que amor tan fino se encierra en mi pecho! Veante mis ojos, muérame yo luego”

No es fácil entender el “conviene que yo me vaya”, cuando Jesús nos dijo también: “¡sin mí no podéis hacer nada! Jesús, en este día, quiere provocar nuestra fe y nos pide dar un salto en el vacío. Desea ser creído, y no simplemente aceptado por las evidencias. Desea ser deseado y no simplemente aceptado como un hecho evidente.

¡Cuánta impresión producen los hombres y mujeres buscan a Jesús, que buscan a Dios! Quienes perciben ya en la tierra su presencia, su aroma (el buen olor), quienes lo descubren en sus símbolos sacramentales. Ya desde la antigüedad la vocación de monje o monja se verificaba a través de una pregunta del abad o la abadesa al candidato: “¿a qué vienes? La respuesta no podía ser otra que ésta: “¡a buscar a Dios!”, a “buscar a Jesús”. 

¡Marana Tha!

Ante la experiencia de la ausencia de Jesús solo nos queda repetir una y otra vez lo que proclamamos después de la consagración eucarística: “¡Ven, Señor Jesús!”.

Estamos en una barca que se hunde… y le gritamos: “¿No te importa que perezcamos? ¡Ven Señor!

¿Por qué te has ido?.. Y a pesar de su ausencia, ¡creemos en su presencia! ¿No es ésta la verdadera fe? Los días antes de Pentecostés nos pueden reunir en oración para buscar, para suplicar un poco más de presencia, para esperar una salvación más efectiva.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO 6. TIEMPO DE PASCUA. CICLO B

AMOR A “TODOS” SIN EXCLUSIÓN

Dividiré esta homilía en tres partes:

  • Estupor de Pedro ante el amor sin fronteras
  • Dios es Amor
  • Dar la vida por los amigos

Estupor de Pedro ante el amor sin fronteras

La primera lectura nos relata cómo un grupo de paganos o gentiles -reunidos en casa de Cornelio- le pidieron a Pedro que los aceptase en la comunidad de Jesús por medio del bautismo. En principio, Pedro se negó, porque pensaba que el don de Dios estaba reservado sobre para los judíos.  Con todo, había tenido un sueño simbólico, en el cual Dios le pedía que comiese “animales” considerados por Pedro como “impuros”.  Ante la negativa de Pedro, Dios le dijo: “Pedro, lo que Dios ha hecho puro, no lo llames tú impuro”- Después el Espíritu se derramó sobre los paganos y comenzaron a hablar lenguas extrañas y proclamar las grandezas de Dios. Entonces, Pedro, lleno de estupor se preguntó: ¿Se puede negar el agua del bautismo a quienes han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros”?

El Espíritu Santo es el Amor de Dios derramado en nuestros corazones.  Dios ama a todos y quiere que todos se salven; el Espíritu se derrama sobre toda la humanidad. Por eso, Jesús nos envió a proclamar el Evangelio y bautizar a todas las gentes.

Dios es Amor

La segunda lectura nos ofrece la más sorprendente definición de Dios: Dios es Amor, nos dice san Juan. Para conocer quién es Dios es necesario “amar”: “quien no ama no puede conocer a Dios”. Las personas que aman “mucho” conocen mejor a Dios que aquellas que no aman tanto. Y el amor consiste no tanto en que nosotros amemos a Dios, sino en que Dios nos ha amado tanto que nos ha enviado a su Hijo, como víctima por nuestros pecados.

Dios quiere que todos los hombres se salven. Y sí lo quiere hará lo posible e imposible para que así sea. Nosotros también debemos amar a todos, hasta a los enemigos. El amor cristiano no excluye a nadie, a nadie.

Dar la vida por los amigos

 Jesús en el evangelio de hoy nos muestra cuál es el amor más grande: ¡dar la vida por los amigos! Jesús nos amó tanto que dio su vida por nosotros.

La fuente del amor es la experiencia de cómo Dios nos ama, de cómo Jesús nos ha amado

Quien ama no es partidista ni universalista; si es de derechas está abierto a los de izquierdas y si es de izquierdas está abierto a los de derechas. Quien ama no busca una unidad ficticia e impuesta, porque reconoce los derechos individuales y los protege. Quien ama no se siente satisfecho con ser miembro de un grupo o comunidad o religión, con vivir en un terruño o espacio de tierra: quien ama tiende a ser global, abierto al todo, habitante del mundo, ser histórico. Quien ama no condena, sino que trata de comprender al otro y está dispuesto a pasar por el difícil trago del “perdón” y por relativizar lo que entendemos por justicia. Quien ama está dispuesto a nacer de nuevo. Quien ama se preocupa más de las víctimas que de sí mismo. Es sincero y humilde. Quien ama pide perdón y perdona. La verdad del amor se muestra en la capacidad de pedir perdón y de perdonar. El callarse y no defender la verdad es algo así como un insolente orgullo, revestido de humildad.

Conclusión

Madre Teresa de Calcuta le pedía a sus hermanas Misioneras de la Caridad que al atender a los más pobres, a todos, se les notara en los ojos la alegría.

Sí, un día descubriremos que la aventura amorosa de toda nuestra vida ha sido posible porque Dios nos visitó, porque su Espíritu fue derramado en nuestros corazones. Quizá lloremos por haber perdido grandes oportunidades de amar y por no utilizar más frecuentemente el abrillantador, el embellecedor, el reconstituyente, el configurador de nuestros amores, que es el Espíritu de Dios y su Palabra; o quizá mejor, ¡por no dejar que nuestros amores sean plasmados por el Santo Espíritu y la Palabra! Pero descubriremos que Alguien estuvo a nuestro lado y todo se convertirá en excelentes memorias, como la canción que ahora interpreta el coro “One Voices”:

José Cristo Rey García Pardes, CMF

DOMINGO 5. TIEMPO DE PASCUA. CICLO B

LAS TRES PRESENCIAS… y dar mucho fruto

“Ante el fracaso, ante la infructuosidad de nuestras iniciativas, ante el avance imperturbable de la vida, no pocos de nosotros nos preguntamos: ‘¡Tantos desvelos, tanto esfuerzo, tanta preocupación! ¿Para qué?’. En momentos de duda, la Palabra de Dios nos ofrece luz y consuelo, invitándonos a reflexionar sobre nuestra verdadera conexión con la fuente de toda vida y esperanza.”

Dividiré esta homilía en cuatro partes:

  • El celo infructuoso del neo-converso
  • Injertado en la vid, da fruto abundante
  • Las tres presencias

El Celo Infructuoso del Neo-converso

“En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, nos encontramos con un ferviente Pablo de Tarso, un neo-converso que, desbordado por el entusiasmo y las nuevas ideas, suscita sospechas en la comunidad cristiana primitiva. A pesar de su pasión, Pablo no logra convertir a los judíos y se convierte en un problema más que en una solución. Aquí interviene Bernabé, que ve en Pablo un ‘instrumento elegido por Dios’. Después de un tiempo necesario para madurar y hacerse creíble, Pablo es reintegrado a la misión, transformado y más efectivo.”

Injertado en la vid, da fruto abundante

“El Evangelio nos recuerda la importancia de estar ‘injertados en la vid’. Jesús, la vid, es la fuente de vida y fructificación. Sin Él, somos como ramas secas, destinadas al fuego. Al estar conectados con Jesús, quien nos proclamó como la Resurrección y la Vida, nuestras acciones y oraciones cobran un nuevo significado, no por méritos propios, sino por nuestra unión vital con Él.”

Las tres presencias

“Las lecturas de hoy nos hablan de las tres presencias de Jesús: en la Eucaristía, en la comunidad eclesial, y en la Misión. Jesús está presente en el pan y el vino, en la Palabra proclamada, y en cada uno de nuestros hermanos, especialmente los más necesitados. Acoger a Jesús en estas tres presencias nos permite ver y actuar más allá de nuestras limitaciones, convirtiéndonos en sus sarmientos vivos y fructíferos.”

Conclusión

“Invocamos al Espíritu Santo para que nos guíe en esta ecología de la Presencia total, para vivir una espiritualidad que abarca todas las dimensiones de nuestra existencia.

Que nunca nos separemos de Ti, Señor. Que te encontremos siempre en las tres presencias a través de las cuales vienes a nosotros, y que no permitas que nos desconectemos para vivir únicamente desde nuestras propias fuerzas. Tú haces maravillas en nosotros, a través de nosotros, porque somos tu expresión corporal, tus sarmientos.”

José Cristo Rey García Paredes, CMF