DOMINGO DE PENTECOSTÉS. CICLO B

EL ESPÍRITU SANTO… LA RESPIRACIÓN DEL MUNDO

Dividiré esta homilía en tres partes:

  • Diagnósticos crueles
  • Mientras haya Espíritu hay aliento
  • El Pentecostés permanente

Diagnósticos crueles

Hay diagnósticos crueles -sobre el presente y el futuro de nuestro mundo-, que nos hunden en la desesperación. En ellos se toma la parte por el todo. Bastan unas averías, para que al organismo en que muchas cosas funcionan, se le anuncie el más tétrico de los futuros.

Así son muchos de los diagnósticos que hacemos sobre la sociedad, sobre la política, sobre la Iglesia, sobre nuestros grupos: ¡diagnósticos crueles en los que la parte suplanta al todo!

Nuestro mundo no es tan malo como parece: ¡está herido de muerte por el Espíritu que nos ha sido dado! -como proclama hoy la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles- .El pesimismo como norma es una enfermedad que lleva a la creencia de que cada nueva generación es peor que la anterior. Nos vuelve insensibles ante las nuevas formas del bien. Nos hace creer que el mal que nos torna violentos, corruptos, airados, envidiosos, dependientes… ¡es invencible! Y, sin embargo,

Mientras haya Espíritu hay aliento

Mientras haya aliento hay vida. El Espíritu Santo es el aliento, la respiración del mundo. El Espíritu es “el Dios de guardia”; está en misión activa desde el día en que Jesús lo exhaló desde la Cruz, desde el día de Pentecostés en que se derramó como lenguas de fuego.

El Dios Padre que está en el cielo, el Dios Hijo que está también en el cielo, ¡no nos han dejado huérfanos! Nos han enviado conjuntamente su Espíritu, su Aliento, para que sea el Aliento del mundo.

El Espíritu llena la faz de la tierra, penetra hasta lo más íntimo del corazón de los seres humanos. El Santo Espíritu nos hace respirar, vivir, soñar, amar, crear. El Espíritu en el aprieto nos da anchura, en la enfermedad nos invita a creer en la sanación, en el caos nos vuelve creadores.

¡Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida! Esta confesión de fe no es una mera fórmula teológica. Es la fe en una experiencia permanente, histórica. Sin los ojos de la fe, la trama de la historia resulta inquietante y deprimente. Bajo la mirada del Espíritu el diagnóstico es decididamente positivo.

El Pentecostés permanente

A veces anhelamos la llegada de un nuevo Pentecostés, cuando llevamos tantos siglos de Pentecostés permanente. Y es que le damos demasiada importancia al mal. Jesús se lo quitó, aunque no pareciera políticamente correcto, cuando dijo: “pobres tendréis siempre con vosotros” (Mt 26,11). Jesús nunca nos prometió una sociedad sin pobres, un mundo sin males, un cuerpo sin enfermedades; pero sí nos prometió el Espíritu Paráclito, que estaría siempre con nosotros y haría posibles los sueños de Dios sobre la humanidad. Sí, le damos demasiada importancia al mal, y muy poco a la presencia victoriosa del bien.

Las personas negativas renuncian a la bolsa de oxígeno para ahogarse desde sus pulmones sin aliento. Son incapaces de descubrir el Espíritu que alienta en toda la creación y en toda la humanidad.

Las personas que han recibido la llamarada del Espíritu, el viento recio del Espíritu, experimentan en ellas y en los demás un florecimiento inusitado de carismas, de dones, que hacen posible lo imposible. Confían en los ritmos de Dios. Celebran el hecho de que desde hace ya muchos siglos hay en la humanidad una fuente de Agua Viva que todo lo fecunda y que hace cada vez más próximo el Paraíso.

El Santo Espíritu es la Respiración del mundo. Vivimos gracias al Espíritu. Y, cuando una persona, llena del Espíritu muere, no pierde el Espíritu, lo exhala sobre los demás.

Quieran el Abbá y Jesús concedernos en este día la gracia de “respirar como conviene” y que después de llenarse los pulmones de Espíritu, la Iglesia entera se torne más sonriente y emprenda el camino de sus más profundos sueños.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

ASCENSIÓN DEL SEÑOR. CICLO B

ASCENSIÓN DEL SEÑOR: MISTERIOSA AUSENCIA

Dividiré esta homilía en tres partes:

  • El hecho: subió al cielo… no quedó en la tierra
  • La ausencia: lo echamos de menos.
  • El deseo: Marana Tha

El hecho: Subió al cielo… no quedó en la tierra

Cuando celebramos la “Ascensión de Jesús en cuerpo y alma al cielo”, ¿somos conscientes de la distancia que nos separa de Él? ¡Jesús es el gran ausente! Ha dejado vacío su puesto… Nos ha dejado “huérfanos

Seamos conscientes de esa ausencia y no nos contentemos, sin más, con las re-presentaciones: nadie es capaz de cubrir su ausencia… ¡Jesús subió al cielo!

Deberíamos “echar de menos” a Jesús muchas más veces. Lo echó de menos Marta, la hermana de Lázaro, cuando le dijo a Jesús: “Si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto”.

Nos hemos habituado demasiado en la Iglesia a la ausencia de Jesús y no lo echamos de menos: ¡Jesús está en el cielo! Algunos grandes creyentes como san Agustín o el gran reformador protestante Calvino resaltaron mucho la ausencia de Jesús: son “otras voces” las que nos transmiten sus palabras; son los “símbolos de pan y vino, agua, u óleo, o gestos de algunas personas” los que nos transmiten su presencia. El Cuerpo de Jesús -decimos ahora- que es la Iglesia… pero su Cuerpo está en el cielo.

La ausencia: ¡lo echamos de menos!

Fray Luis de León, poeta y místico de nuestro siglo de Oro hizo del tema de la ausencia de Jesús un tema central. “Y nos dejas, Pastor santo, / en este valle de lágrimas lleno/ sin luz, sin paz, sin ti, sin esperanza/ de tristeza, de soledad, de miedo!”. Resaltaba en sus poemas la ausencia física de Jesús y la necesidad de buscarlo en la intimidad de su corazón y en la dimensión espiritual de nuestro ser.

Un poema de tiempos de santa Teresa de Jesús y de autor anónimo, ante el cual Teresa quedó extasiada decía: “No quiero contento, mi Jesús ausente,/ que todo es tormento a quien esto siente/ solo me sustente su amor y deseo, / veante mis ojos, muérame yo luego. Y luego concluye: ¿Quién te habrá ocultado bajo pan y vino? ¿Quién te ha disfrazado, oh, Dueño divino? ¡Ay que amor tan fino se encierra en mi pecho! Veante mis ojos, muérame yo luego”

No es fácil entender el “conviene que yo me vaya”, cuando Jesús nos dijo también: “¡sin mí no podéis hacer nada! Jesús, en este día, quiere provocar nuestra fe y nos pide dar un salto en el vacío. Desea ser creído, y no simplemente aceptado por las evidencias. Desea ser deseado y no simplemente aceptado como un hecho evidente.

¡Cuánta impresión producen los hombres y mujeres buscan a Jesús, que buscan a Dios! Quienes perciben ya en la tierra su presencia, su aroma (el buen olor), quienes lo descubren en sus símbolos sacramentales. Ya desde la antigüedad la vocación de monje o monja se verificaba a través de una pregunta del abad o la abadesa al candidato: “¿a qué vienes? La respuesta no podía ser otra que ésta: “¡a buscar a Dios!”, a “buscar a Jesús”. 

¡Marana Tha!

Ante la experiencia de la ausencia de Jesús solo nos queda repetir una y otra vez lo que proclamamos después de la consagración eucarística: “¡Ven, Señor Jesús!”.

Estamos en una barca que se hunde… y le gritamos: “¿No te importa que perezcamos? ¡Ven Señor!

¿Por qué te has ido?.. Y a pesar de su ausencia, ¡creemos en su presencia! ¿No es ésta la verdadera fe? Los días antes de Pentecostés nos pueden reunir en oración para buscar, para suplicar un poco más de presencia, para esperar una salvación más efectiva.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO 6. TIEMPO DE PASCUA. CICLO B

AMOR A “TODOS” SIN EXCLUSIÓN

Dividiré esta homilía en tres partes:

  • Estupor de Pedro ante el amor sin fronteras
  • Dios es Amor
  • Dar la vida por los amigos

Estupor de Pedro ante el amor sin fronteras

La primera lectura nos relata cómo un grupo de paganos o gentiles -reunidos en casa de Cornelio- le pidieron a Pedro que los aceptase en la comunidad de Jesús por medio del bautismo. En principio, Pedro se negó, porque pensaba que el don de Dios estaba reservado sobre para los judíos.  Con todo, había tenido un sueño simbólico, en el cual Dios le pedía que comiese “animales” considerados por Pedro como “impuros”.  Ante la negativa de Pedro, Dios le dijo: “Pedro, lo que Dios ha hecho puro, no lo llames tú impuro”- Después el Espíritu se derramó sobre los paganos y comenzaron a hablar lenguas extrañas y proclamar las grandezas de Dios. Entonces, Pedro, lleno de estupor se preguntó: ¿Se puede negar el agua del bautismo a quienes han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros”?

El Espíritu Santo es el Amor de Dios derramado en nuestros corazones.  Dios ama a todos y quiere que todos se salven; el Espíritu se derrama sobre toda la humanidad. Por eso, Jesús nos envió a proclamar el Evangelio y bautizar a todas las gentes.

Dios es Amor

La segunda lectura nos ofrece la más sorprendente definición de Dios: Dios es Amor, nos dice san Juan. Para conocer quién es Dios es necesario “amar”: “quien no ama no puede conocer a Dios”. Las personas que aman “mucho” conocen mejor a Dios que aquellas que no aman tanto. Y el amor consiste no tanto en que nosotros amemos a Dios, sino en que Dios nos ha amado tanto que nos ha enviado a su Hijo, como víctima por nuestros pecados.

Dios quiere que todos los hombres se salven. Y sí lo quiere hará lo posible e imposible para que así sea. Nosotros también debemos amar a todos, hasta a los enemigos. El amor cristiano no excluye a nadie, a nadie.

Dar la vida por los amigos

 Jesús en el evangelio de hoy nos muestra cuál es el amor más grande: ¡dar la vida por los amigos! Jesús nos amó tanto que dio su vida por nosotros.

La fuente del amor es la experiencia de cómo Dios nos ama, de cómo Jesús nos ha amado

Quien ama no es partidista ni universalista; si es de derechas está abierto a los de izquierdas y si es de izquierdas está abierto a los de derechas. Quien ama no busca una unidad ficticia e impuesta, porque reconoce los derechos individuales y los protege. Quien ama no se siente satisfecho con ser miembro de un grupo o comunidad o religión, con vivir en un terruño o espacio de tierra: quien ama tiende a ser global, abierto al todo, habitante del mundo, ser histórico. Quien ama no condena, sino que trata de comprender al otro y está dispuesto a pasar por el difícil trago del “perdón” y por relativizar lo que entendemos por justicia. Quien ama está dispuesto a nacer de nuevo. Quien ama se preocupa más de las víctimas que de sí mismo. Es sincero y humilde. Quien ama pide perdón y perdona. La verdad del amor se muestra en la capacidad de pedir perdón y de perdonar. El callarse y no defender la verdad es algo así como un insolente orgullo, revestido de humildad.

Conclusión

Madre Teresa de Calcuta le pedía a sus hermanas Misioneras de la Caridad que al atender a los más pobres, a todos, se les notara en los ojos la alegría.

Sí, un día descubriremos que la aventura amorosa de toda nuestra vida ha sido posible porque Dios nos visitó, porque su Espíritu fue derramado en nuestros corazones. Quizá lloremos por haber perdido grandes oportunidades de amar y por no utilizar más frecuentemente el abrillantador, el embellecedor, el reconstituyente, el configurador de nuestros amores, que es el Espíritu de Dios y su Palabra; o quizá mejor, ¡por no dejar que nuestros amores sean plasmados por el Santo Espíritu y la Palabra! Pero descubriremos que Alguien estuvo a nuestro lado y todo se convertirá en excelentes memorias, como la canción que ahora interpreta el coro “One Voices”:

José Cristo Rey García Pardes, CMF

DOMINGO 5. TIEMPO DE PASCUA. CICLO B

LAS TRES PRESENCIAS… y dar mucho fruto

“Ante el fracaso, ante la infructuosidad de nuestras iniciativas, ante el avance imperturbable de la vida, no pocos de nosotros nos preguntamos: ‘¡Tantos desvelos, tanto esfuerzo, tanta preocupación! ¿Para qué?’. En momentos de duda, la Palabra de Dios nos ofrece luz y consuelo, invitándonos a reflexionar sobre nuestra verdadera conexión con la fuente de toda vida y esperanza.”

Dividiré esta homilía en cuatro partes:

  • El celo infructuoso del neo-converso
  • Injertado en la vid, da fruto abundante
  • Las tres presencias

El Celo Infructuoso del Neo-converso

“En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, nos encontramos con un ferviente Pablo de Tarso, un neo-converso que, desbordado por el entusiasmo y las nuevas ideas, suscita sospechas en la comunidad cristiana primitiva. A pesar de su pasión, Pablo no logra convertir a los judíos y se convierte en un problema más que en una solución. Aquí interviene Bernabé, que ve en Pablo un ‘instrumento elegido por Dios’. Después de un tiempo necesario para madurar y hacerse creíble, Pablo es reintegrado a la misión, transformado y más efectivo.”

Injertado en la vid, da fruto abundante

“El Evangelio nos recuerda la importancia de estar ‘injertados en la vid’. Jesús, la vid, es la fuente de vida y fructificación. Sin Él, somos como ramas secas, destinadas al fuego. Al estar conectados con Jesús, quien nos proclamó como la Resurrección y la Vida, nuestras acciones y oraciones cobran un nuevo significado, no por méritos propios, sino por nuestra unión vital con Él.”

Las tres presencias

“Las lecturas de hoy nos hablan de las tres presencias de Jesús: en la Eucaristía, en la comunidad eclesial, y en la Misión. Jesús está presente en el pan y el vino, en la Palabra proclamada, y en cada uno de nuestros hermanos, especialmente los más necesitados. Acoger a Jesús en estas tres presencias nos permite ver y actuar más allá de nuestras limitaciones, convirtiéndonos en sus sarmientos vivos y fructíferos.”

Conclusión

“Invocamos al Espíritu Santo para que nos guíe en esta ecología de la Presencia total, para vivir una espiritualidad que abarca todas las dimensiones de nuestra existencia.

Que nunca nos separemos de Ti, Señor. Que te encontremos siempre en las tres presencias a través de las cuales vienes a nosotros, y que no permitas que nos desconectemos para vivir únicamente desde nuestras propias fuerzas. Tú haces maravillas en nosotros, a través de nosotros, porque somos tu expresión corporal, tus sarmientos.”

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO III DE PASCUA. CICLO B

EL MAL NUNCA DERROTARÁ LA ALIANZA

Dividiré esta homilía en tres partes:

  • El pecado es “deicidio”, “crimen perfecto”
  • Cómo detectar el mal
  • El Cuerpo de Jesús, la nueva Alianza

El pecado es “deicidio”, “crimen perfecto” 

Estamos en el tiempo de la Alegría pascual. Y sin embargo, las dos primeras lecturas de este domingo nos hablan del “pecado”: la lectura de los Hechos de los Apóstoles nos lo presenta como “deicidio” (“matasteis al Autor de la Vida”) y la lectura de la carta de Juan como “mentira”. 

Estos dos textos nos indican que la Resurrección de Jesús es “apocalipsis” o “revelación”, que nos ofrece la clave para distinguir el bien del mal. 

El crimen perfecto suele ser indetectable: borra sus huellas… elimina todas las pistas. Los responsables de la muerte de Jesús realizaron el crimen perfecto: ¿A quién culpar? Basta un genérico e inofensivo “¡todos somos culpables!” para darnos por satisfechos. Es un crimen de tal forma ritualizado, que a nadie incomoda. Así entramos en un estado de ilimitada banalidad: más allá del bien y del mal.

La causa de aquel horrible crimen no desapareció: sigue presente en la humanidad y sigue creciendo. Al decir “yo pecador”, “todos somos pecadores”, estamos diciendo que también nosotros colaboramos en aquel “deicidio”, que participamos en el “¡crucifícalo! Y Jesús nos disculpó ante Dios Padre al exclamar: “¡Perdónalos, no saben lo que hacen!” Pedro, el primer apóstol sí lo sabía: “¡Matásteis al autor de la Vida!”. ¿Se puede decir algo más horrible?

El teólogo protestante Karl Barth definió el pecado con tres palabras terribles: deicidio, homicidio y suicidio. El pecado nos vuelve deicidas, homicidas y suicidas. Darse cuenta de ello es “dolor de los pecados”. Que no duela… es banalidad y mentira.

Cómo detectar el mal

Quien vive en Cristo Jesús y lo ama, se da cuenta de la monstruosidad del mal, pero está convencido de que el Mal puede ser vencido. Y se guía por este criterio: “todo aquello que puedes colocar en la cruz de Jesús es cristiano; lo que no puedes colocar en ella no es cristiano”. En la cruz de Jesús no hay soberbia, ira, gula, lujuria, avaricia, pereza

Ninguno de los siete pecados capitales tiene lugar en la cruz de Jesús: soberbia, envidia, ira, gula, lujuria, avaricia, pereza. Si Jesús en la cruz disculpa, no será entonces bueno, acusar a los hermanos; si Jesús en la cruz está desnudo, no será tan bueno preocuparse tanto de cómo uno se viste; si Jesús en la cruz quiere ser signo de reconciliación, no es cristiano evitar caminos de reconciliación… Nosotros, la Iglesia católica, deberíamos preguntarnos si todo lo que hacemos, si nuestras estructuras y modos de actuar, tendrían su marco adecuado en la cruz de Jesús….

El Cuerpo de Jesús: la nueva Alianza 

El evangelio de hoy nos muestra la bella pedagogía de Jesús ante quienes están sobresaltados por la fuerza del mal. Se les aparece y les habla con impresionante ternura: ¿Por qué estáis tan asustados? ¿Por qué tenéis esas dudas en vuestro corazón? Y les pide que se acerquen a Él: ¡Ved mis manos y mies pies! ¡Soy yo mismo! ¡Tocadme! ¡Mirad! ¡Todo…  tenía que cumplirse!

Después los invita a proclamar su resurrección en todas las naciones. 

La humanidad no está dejada de la mano de Dios. Y los discípulos de Jesús hemos de proclamarlo:

  • No demos importancia al mal: la Muerte ha sido vencida y ya no tiene aguijón; 
  • El Señor no está ausente. Como decimos en la Eucaristía: “El Señor esté con vosotros” 
  • Adoptemos un rosto de victoria y alegría. ¡Nada de amargura y tristeza!

Conclusión

Cada Eucaristía es volver Cenáculo para disfrutar de las palabras y la presencia del Señor. Cada Eucaristía es una aparición pascual. En cada Eucaristía se renueva la Alianza y Jesús nos dice una vez más: “A pesar de todo, os quiero y os quiero para siempre”.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO II DE PASCUA. CICLO B

“… Y DIOS LOS MIRABA CON AGRADO”. La comunidad de la Alianza
 ¡Y Dios los miraba con agrado…! 
La Comunidad de la Alianza

¿Nos mirará con agrado nuestro Dios también a nosotros -la Iglesia del 2024? ¿Le agradará la situación de su Iglesia, de nuestras parroquias, de nuestras familias, de nuestras comunidades? Estamos en un tiempo de “sinodalidad” y las divisiones se muestran tanto que hay peligro de “cisma”, de división”. Nos culpamos unos a otros.

 Dividiré esta homilía en cuatro partes:

  • Motivos de preocupación.
  • Paz a vosotros.
  • Y también el Espíritu de la utopía
  • Resucitó mi Amor y mi Esperanza

Motivos de preocupación

Motivo de preocupación es, por ejemplo, 

  • la poca valoración que la Iglesia en las encuestas de opinión. 
  • es que quienes intentan ser educadores de la conciencia, gocen de tan poca autoridad moral en nuestra sociedad.
  • Pero motivo de mayor preocupación es la división interna de la Iglesia que ni siguiera la propuesta de la sinodalidad es capaz de erradicar

No estamos en un momento de primavera, ni de nuevas ilusiones, aunque lo esperábamos. Resurgen las tensiones, que nos ponen al límite del cisma. Estamos en un tiempo de divisiones.

¡Paz a vosotros!

Y, en medio de todo esto se nos aparece Jesús resucitado que nos dice: “¡Paz! a vosotros!”. Y nos enseña sus manos taladradas y su costado abierto, que mana sangre y agua, y se pone en medio de los enfrentados y nos repite: “¡paz a vosotros!”.

Sí. Es la “paz” lo que más necesitamos. Ante todo, la paz del corazón y luego la paz con el hermano o hermana de quien nos sentimos alejados. Y para que la paz sea más fácil, Jesús nos presenta sus llagas, su costado abierto, dado que “murió por nosotros”, “para reunirnos a los alejados y dispersados”. Jesús no discrimina a unos ante otros. Quiere la totalidad. Le interesa más que todos tengamos un solo corazón, una sola alma y todo en común, que unos cuantos tengan matrícula de honor y los demás queden suspendidos.

Jesús también se nos aparece a nosotros con el poderío de su Resurrección. 

Y también el Espíritu de la utopía

Jesús resucitado respira, tiene aliento y nos lo transmite. Es su Espíritu. Y ese aliento nos da la vida, como en la Creación el aliento de Dios a Adán. El Aliento de Jesús es su Espíritu que da vida a la comunidad cristiana, que la unifica. Y el efecto de ese gesto del Resucitado, lo expresa muy bien la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles que nos presenta el sueño de una comunidad utópica: “Todos pensaban y sentían lo mismo”, “poseían todo en común”, “daban testimonio de la resurrección con mucho valor”, y “Dios los miraba con agrado” .

¿Puede la experiencia de la Resurrección llevarnos a una fraternidad así, tan utópica? ¿Podría el Señor Resucitado acabar con nuestros particularismos sectarios, nuestras economías no-solidarias, nuestras divisiones internas? ¿Cómo conseguir la mirada benévola de Dios?

Resucitó mi Amor y mi Esperanza

Se nos invita hoy a “amar a los hijos de Dios”. Nos dice la secuencia o el canto anterior al Evangelio: “Resucitó mi Amor y mi Esperanza”. Sí, con Jesús resucita su comunidad, su Iglesia. ¡Entremos en el programa del Amor fraterno, de tal manera que respiremos en la Iglesia, en nuestras parroquias, familias y comunidades la “atmósfera de amor”! Abramos las puertas del corazón a todos, suprimamos los controles, que se acaben los recelos, instauremos conversaciones significativas, seamos hermanos y hermanas… sin condiciones… sin diplomacias turbias.

Conclusión

¡Paz a vosotros! Que aparezca la Iglesia del rostro amable, la Iglesia de todos y no de unos cuantos. Que aparezca la Iglesia del lenguaje que todos entienden, la Iglesia del diálogo que a nadie desecha, la Iglesia que sale del cenáculo y recorre los caminos del mundo para anunciar su mensaje de Alegría -la Buena Noticia-.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

Domingo 6. TIEMPO ORDINARIO. CICLO B

¿Y LAS EPIDEMIAS DEL ESPÍRITU?

Dividiré esta homilía en tres partes:

  • Aislar para proteger
  • Motivo de escándalo y contagio
  • La descontaminación

¡Aislar para proteger!

La primera lectura tomada del libro del Levítico nos presenta una ley que tenía como objetivo “velar por la salud pública”: para evitar el contagio de la lepra, el sacerdote debía excluir de la comunidad al portador de tal enfermedad. Esto mismo, pero no ha en un ámbito sacral, se hace en nuestras sociedades: aislamiento para la protección.

Jesús dejó que un leproso se acercara a él y le suplicara de rodillas, con una confianza inmensa: “Si quieres, puedes limpiarme”. Jesús sintió lástima. Lo tocó con su mano diciendo: “Quiero, queda limpio”. Pero le encargó severamente que se presentase al sacerdote e hiciera su ofrenda. El leproso divulgó su curación. Ahora el que se sentía excluido era Jesús, que no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, y se quedaba afuera.

Motivo de escándalo y contagio

En la segunda lectura, tomada de la primera carta a los Corintios, Pablo pide que la comunidad cristiana no de motivo de escándalo, ni a los griegos, ni a los judíos, ni a la Iglesia de Dios. Intentaba así evitar la contaminación del mal, el contagio espiritual.

Las células del mal espiritual se multiplican; reivindican un espacio en la persona, crean una especie de “ecología de malas hierbas”, como si de un cáncer del espíritu se tratara. Estos males del espíritu son al principio casi imperceptibles. Después se convierten en actos repetitivos que no llevan a ninguna parte y que producen desolación, dependencia, enganche, generan en nosotros estados de vértigo, de huida hacia lo mismo y lo peor. Los siete pecados o demonios capitales son los portadores de estos virus: ira, odio, envidia, lujuria, codicia, gula. Los malos gérmenes se reproducen silenciosamente en nosotros.

En las sociedades -políticas y religiosas-, en las comunidades familiares, en los grupos políticos y deportivos, las epidemias se suceden y van pervirtiendo el ambiente. El mal se camufla de bien. Y quien opone resistencia a la contaminación, parece un extraterrestre, un reprimido. La propagación del virus atenta de manera especial contra las figuras proféticas. Un profeta contaminado es el mejor propagandista de la infección.

La descontaminación

Cuando el contaminado se acerca a Jesús no recibe un diagnóstico, sino una mano que lo toca movida por un corazón lleno de misericordia. Jesús no le da importancia al mal. Es como ese experto en informática que ante el nerviosismo del inexperto, que piensa que ha perdido todo su trabajo, le dice: ¡calma! ¡está todo bajo control! y, poco después devuelve todo el trabajo que parecía perdido. Es impresionante escuchar estas palabras de Jesús: “¡Quiero! ¡Queda limpio! ¡

Ante los siete pecados capitales, que nos mantienen como rehenes, los siete sacramentos muestran su fuerza terapéutica. Son acciones de Jesús, contacto con Jesús, expresiones interpersonales de su amor. La Unción del Enfermo, la Absolución del que se siente atado por el pecado, demuestran la fuerza del Espíritu de Jesús.

Conclusión

Si el Señor es mi médico, ¿quién me hará temblar? Jesús nos pide que vayamos al sacerdote, al templo, no para que certifique nuestro mal, sino para que declare que hemos sido liberados. Sí, ¡para que declare que el Espíritu de Jesús vence a todos los malos espíritus!

¡Gracias sean dadas a nuestro Señor Jesús y a su Espíritu! 

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMIMGO 5. TIEMPO ORDINARIO. CICLO B

SALIR EN MISIÓN – ENTRAR EN ORACIÓN

Dividiré esta homilía en tres partes:

  • “Vita brevis”: días sin esperanza
  • La agenda de Jesús un día cualquiera
  • El doble movimiento: centrípeto y centrífugo

“Vita brevis!”: días sin esperanza

El libro de Job, al que nos hemos acercado en la primera lectura, expresa muy bien la condición de no pocos seres humanos: “Mis días se consumen sin esperanza” “Mi vida es un soplo y mis ojos no verán más la dicha”.

Job es la figura del ser humano que no se engaña, que observa la realidad con sabiduría humana. La vida es breve y la mayor parte de ella preocupaciones y desgracias. ¿Qué relevancia puede tener lo que yo diga y realice en un mundo de más de 8000 millones de seres humanos?

La agenda de Jesús un día cualquiera

El evangelio que acabamos de proclamar ofrece una sorprendente respuesta a los problemas existenciales de Job. El evangelista Marcos nos presenta la agenda de Jesús a lo largo un día distribuido con sus diversas actividades: predicación en la Sinagoga; visita a la casa de sus amigos Simón y Andrés y curación de la suegra de Simón; al anochecer atención a muchos enfermos físicos y espirituales con una especial alusión a los demonios, a los que prohibía hablar; se supone que va a descansar muy tarde; al día siguiente madruga y se retira a un lugar alejado para orar él solo;  Simón Pedro lo busca porque hay gente que lo necesita y Jesús le dice que ¡también hay que ir a “otros lugares”. Y concluye con una misteriosa afirmación: “¡para esto he salido!”.

Esa es la respuesta al sentido de la vida: esa agenda equilibrada de religiosidad, amistad, sanación, descanso, oración e itinerancia. Jesús “pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo porque Dios estaba con Él y nosotros somos testigos de todo lo que hizo” (Hech 10, 38-39).

El doble movimiento: centrípeto y centrífugo

San Pablo reconoce en la segunda lectura que también él ha salido para evangelizar. Ese fue el encargo que Jesús resucitado le confió

Es cuestión de salir e integrarse. Siempre estamos a tiempo. Cuando nos acucie la pregunta por el sentido de la vida, busquemos la respuesta en nuestra “morada” más íntima y en el dinamismo interior que nos lleva a “salir” para oponernos al mundo del mal que nos circunda.

Oración y Misión son las claves de una vida con sentido. Ese es el equilibrio vital. Oración es entrar en la Morada. Misión es salir para anunciar el Evangelio y hacerlo presente. Se entra saliendo, se sale entrando. Misteriosa combinación de movimientos: ¡nunca dentro sin estar afuera!, ¡nunca afuera sin estar dentro! Y así el Evangelio se propaga a través de nuestras salidas y entradas. Difícil es “salir” hacia lo diverso, hacia el diálogo con los diferentes.

Conclusión

¡Dios estaba con Él! Jesús era un santuario viviente e itinerante. Jesús no es un fundamentalista de las horas de oración, pero tampoco es un fundamentalista de las horas de trabajo misionero. Vive en la serenidad de quien no se siente imprescindible y, sin embargo, pasa haciendo el bien. Jesús no quiere afianzar su poder en ningún lugar. No encuentra el sentido en “poseer”, en “asentarse”, en prolongar sus mandatos exitosos, sino en “salir”. La vida tiene sentido cuando “salimos”, cuando nos sentimos parte de una Misión que, compartida, lleva adelante los sueños de Dios sobre el mundo.

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO 4. TIEMPO ORDINARIO. CICLO B

PROFETAS DEL ÚNICO PROFETA

Dividiré esta homilía en tres partes:

  • ¡No quiero volver a escuchar la voz de Dios!
  • ¡Ese Jesús tan asombroso!
  • Tratar con Dios “sin preocupaciones”

¡No quiero volver a escuchar la voz de Dios!

Nos dice la primera lectura, que Moisés le recordó al pueblo aquello le pidió a Dios el día de la asamblea, ante el monte Horeb: “No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios, ni quiero ver más ese terrible incendio. ¡No quiero morir!”

Se reconocía así que la infinita trascendencia de Dios supera todo lo que nuestros sentidos captar. Un encuentro “cara a cara” con Dios, ahora, aquí en la tierra, sería para nosotros mortal. Si no resistimos la luz directa del sol, ¿cómo vamos a resistir la luz de Dios? 

Quienes se sienten tan cerca de Dios, tal vez lo hayan sustituido por un ídolo: un “dios” sin misterio, vulgar, ritualista, que no estremece, ni emociona; que es el recurso fácil de hombres y mujeres así llamados “piadosos”; o de “hombres espirituales” que presumen saberlo casi todo de Dios y transmiten “en directo sus mensajes”. 

El Dios de nuestra revelación no es así. Nuestro Dios es el Misterio de todos los misterios. Es el Invisible por exceso de claridad, el Inaudible por exceso de Voz y de Palabra, el Inabarcable por exceso de inmensidad y Presencia. Moisés dijo en nombre de Dios: “¡Tienen razón! Suscitaré un profeta de entre tus hermanos… pondré mis palabras en su boca…. Hablará en mi nombre”.

¡Para ponerse a nuestra altura Dios suscita profetas! Pero en ellos o ellas encontramos una “abreviatura de Dios”

¡Ese Jesús tan asombroso!

El evangelio de hoy nos dice que Jesús causó “asombro” en la sinagoga de Cafarnaum porque enseñaba con autoridad y no como los escribas. Jesús no solo enseñaba, también transformaba con la fuerza milagrosa de su Espíritu. No era solo un detector de demonios, sino un exorcista que los vencía en cualquier circunstancia. Jesús fue el gran profeta prometido por Dios a Moisés. “Quien me ve a mí, ha visto al Padre”, le dijo Jesús a Felipe. Jesús es el rostro humano y accesible de Dios.

Tratar con Dios “sin preocupaciones” 

La segunda lectura, tomada de la carta de san Pablo a los Corintios, nos habla de las “pre-ocupaciones”. Los seres humanos, antes de ocuparnos en algo, no pre-ocupamos. Son tantas las ocupaciones que nos salen al paso, que vivimos pre-ocupados. San Pablo se refiere a las muchas pre-ocupaciones que nuestro mundo nos genera. Las preocupaciones nos causan una división interior: el futuro no nos deja vivir el presente.

Y san Pablo nos da al final un consejo: ¡tratar con el Señor, sin preocuparse más! Dejarlo todo en sus manos. ¡Dios proveerá!, como decía Abraham a su hijo Isaac. Dios cuida a los pajarillos y a las flores, ¿no va a cuidar entonces a sus hijos e hijas?, decía Jesús. 

Conclusión

Cuando no tomamos distancias ante la trascendencia infinita de Dios, surgen las idolatrías, las dictaduras religiosas, los cristianos que arrogantemente dicen: “es que si Dios fuera como tiene que ser…” Hay quienes suplantan a Dios en sus juicios, en sus condenas… Quien habla en nombre de Dios sin el impulso de Dios es un idólatra de sí mismo, un demonio.  Por eso, ¡cuidado con los que se sienten profetas.

Proclamemos la Palabra con temor y temblor y no con autosuficiencia. Hablemos cuando ya no podamos encerrar en el corazón el Fuego. Y entonces dejemos que el Verbo de Dios utilice nuestra boca, que el Espíritu de Dios gima en nuestro ser. ¡Sólo entonces seremos profetas del Único Profeta!

José Cristo Rey García Paredes, CMF

DOMINGO 3. TIEMPO ORDINARIO. CICLO B

LA CONVERSIÓN ES POSIBLE: JONÁS Y JESÚS

Dividiré esta homilía en tres partes:

  • El profeta rebelde realiza el milagro.
  • La misión en el espacio “no sagrado”
  • El Reino de Dios difumina la figura de este mundo

El profeta rebelde realiza el milagro

Cuando parece que Dios fracasa en sus recursos para transformar a un pueblo, Dios encuentra las soluciones más inesperadas. Nos dice la primera lectura que Jonás fue enviado a la ciudad Nínive para que hiciera penitencia y se convirtiera a Dios. Tal misión le pareció imposible y Jonás desobedeció emprendiendo un camino que lo alejaba de Nínive; se refugió en un barco que partía en dirección opuesta. Su presencia fue amenazante para todos. Tuvo que reconocer que “huía de Dios”. Fue arrojado al mar y un cetáceo lo devolvió al camino cierto de Nínive. Jonás entró en la gran ciudad. Obedeció. Y la gran conversión y milagro tuvo lugar. Dios tiene recursos para cumplir sus designios a pesar de cualquier oposición ¿Por qué no puede ocurrir hoy lo mismo?

La misión en el espacio “no sagrado”

El evangelio de hoy nos presenta a Jesús como el profeta definitivo, enviado por Dios Padre. Inicia su misión en un espacio profano, en la Galilea de los Gentiles, en la periferia de Israel. Y proclama -desde allí- la sorprendente Noticia: “El Reino de Dios está cerca. Convertíos. Creed en el Evangelio”. Inmediatamente busca “colaboradores”. No elige a sacerdotes o escribas, sino a pescadores. Éstos abandonan sus redes, su familia, y lo siguen. Comienza aquí la restauración del nuevo Israel. Los “Doce” serán el símbolo de un impresionante sueño: Hacer posible el Reino universal de Dios y ellos serán “pescadores de hombres”.

El Reino de Dios difumina la figura de este mundo

En la segunda lectura de la primera carta a los Corintios, san Pablo se sitúa en la misma tesitura que Jesús en el evangelio: “el momento es apremiante… la presentación de este mundo se termina”. Se abren nuevos caminos para todos, también para los pecados -como dice el salmo 24-. Es necesario seguirlos… y delante va Jesús que nos invita: “¡Seguidme!

La Iglesia no tiene sentido si no es la Comunidad de los que siguen, seguimos a Jesús. Todos somos continuadores y continuadores de quienes en su tiempo lo siguieron. El seguimiento de Jesús en nuestro tiempo tiene características nuevas.  Tenemos que proclamar que hay un mundo que no tiene futuro y que nos llevará a la destrucción. Pero hay ¡otra posibilidad! Convertirnos en instrumentos vivientes del sueño de Dios sobre la humanidad.

Conclusión

Aunque la figura de Jonás emerja entre nosotros con su rebeldía, ya vendrá un viento fuerte que nos lleve a nuestro lugar. Y entonces seremos la profecía que convierta a los pueblos de nuestro planeta, seremos el Jesús de Galilea y en su camino hacia Jerusalén. ¡Volvamos a Galilea! ¡Entremos en Nínive! Y no dudemos. Anunciemos que el Reino de Dios está cerca. Lo demás… en manos de Dios.

José Cristo Rey García Paredes, CMF