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EL PAN DE VIDA Y DE LA LIBERTAD

              La primera lectura nos presenta una de las ocasiones en que el proyecto de ser un pueblo libre en una tierra libre, guiados por el Dios que escuchó su clamor cuando eran esclavos… es puesto en cuestión ante las dificultades que se encuentran en el camino. No es fácil ser libre, ser libres juntos, y con una estructuras/leyes que aseguren esa libertad. 

               Vivimos en un país libre (escribo desde España). Es lo que se suele decir. Hemos ido ganando muchas cuotas de libertad en muchos ámbitos: laborales, sociales, políticos, económicos, personales… Aunque también vemos últimamente algunos retrocesos y cuestionamientos sobre ciertos logros en igualdad, respeto, derechos humanos… Pero resulta que, realidad, no somos tan libres.

+ Vivimos muy pendientes y condicionados por la opinión de los demás, y nos cuesta mucho ser nosotros mismos.

+ Nos vemos enredados en una sociedad de consumo, que necesita multiplicar nuestras necesidades, aun a costa de esquilmar el planeta. Nunca tenemos suficiente, y nos puede la ansiedad de tener/comprar, visitar, viajar, acumular, probar… de un modo compulsivo y absurdo, derrochando y malgastando, sin valorar y cuidar, en cambio, lo que es realmente importante… y a los que necesitan todo para poder simplemente vivir.

+ Esta sociedad de la comunicación y de las redes sociales nunca como ahora nos había condicionado y «engañado» con las falsas noticias, los bulos, la información que se esconde (o se impide investigar con la fuerza de los votos la gestión política, los dineros en negro, las adjudicaciones a dedo, las comisiones ilegales…), porque como se destape el asunto… 

+ Los mensajes políticos se lanzan, se adaptan o se esconden a golpe de lo que revelan las encuestas, y si ayer dije «X», es que me interpretaron mal, o las circunstancias han cambiado… La confusión de valores, la desinformación y la manipulación mediática no son nunca una ayuda para nuestra libertad. Al contrario. Ya lo dijo Jesús: La verdad os hará libres…

+ Por otro lado se nos multiplican los miedos: miedo al emigrante que «nos invade». Miedo a que ganen el poder los que no son de los nuestros. Miedo a perder el puesto de trabajo que parecía tan seguro. Miedo a perder la salud, o a no ser bien atendidos si no tenemos un seguro privado. A no tener una jubilación suficiente…  El miedo provocado no es un ingrediente compatible con la libertad.

+ También nos «atan» nuestra historia y heridas personales, las relaciones que se han roto, o que no somos capaces de romper, los errores cometidos, las etiquetas que nos han puesto…

              La Revolución Francesa colocó la «libertad» en un altar (junto a otras dos, formando una auténtica trinidad indivisible: igualdad y fraternidad). Pero estamos lejos de aquellos ideales. Habría que empezar por ponernos de acuerdo en lo que realmente significa esta «mágica» palabra. Nadie  puede apropiarse de ella, como bandera o estandarte, dando a entender que «los otros» nos la quitarían. Cuando la política se dedica a dividir en «buenos y malos» deja de ser política. 

               Tiene que ir de la mano de la responsabilidad, y estar al alcance de todos, y no solo de los que están mejor económicamente, pues cuando se carece de lo básico no hay libertad (por eso acabaron así los israelitas en Egipto).

          Precisamente el libro del Éxodo nos muestra cómo la libertad por la que Dios opta consiste en «liberar» del trabajo esclavo, de la falta de medios de subsistencia, del manejo del Faraón y sus leyes abusivas… aunque tengan el estómago lleno y les permitan ciertas «libertades» para que estén contentos y no se quejen (hoy diríamos: toros, fútbol, culebrones familiares, conciertos, «Sálvame», «Supervivientes», «First of Dates»…). Aquella libertad planteada por Dios exigía aprender a ser un pueblo unido y justo.  Por eso es tan necesario lo que nos ha pedido San Pablo: «despojaos del hombre viejo», de las «ideas vacías», renovar la mente y el espíritu

           El maná y las codornices que vienen «del cielo» fueron la ayuda necesaria de Dios para poder caminar y vencer las dificultades. Precisamente cesarán cuando entren en la Tierra Prometida.

          Cuando Jesús se presenta a sí mismo como el verdadero pan del cielo que nos da su Padre, y que baja para dar vida al mundo… nos está llamando a la libertad, a la fraternidad, a la comunión. Nos falta mucho «éxodo» para ser libres y necesitamos mucho ese Pan que nos ha ofrecido el Padre para construir la «civilización del amor». Cuando el sacerdote ponga en tus manos el Maná Eucarístico…. ya sabes que es para ponerte en camino, salir de tantas ataduras, despojarte del hombre viejo, corrompido por sus apetencias seductoras; para renovarte en la mente y en el espíritu y ser revestidos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas. «Señor, danos siempre de este Pan».

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

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3 comentarios

  1. Quique
    Después de leer las tres lecturas y tu reflexión, puedo decir que en su conjunto, me ha resultado una auténtica catequesis de la experiencia sobre la verdadera libertad.
    Hay que pasar por muchas experiencias de éxodo, en la vida para conseguir la verdadera libertad, pero como tú dices,” juntos” y recordando unos versos de una poesía: la libertad verdadera, se consigue en unidad”.
    Tengo y vivo muchos condicionantes, internos y externos, miedos, problemas, desencantos… que me impiden vivir con la libertad de hija de Dios.
    Esta experiencia personal, la vive la humanidad entera en estos momentos, en que experimentamos que somos débiles e impotentes ante los acontecimientos que nos sorprenden cada día.
    En estas experiencias, hay momentos que me cuesta descubrir, como al pueblo de Israel, que Dios camina a mi lado, a nuestro lado y nos proporciona lo que necesitamos en cada momento y alienta nuestra fe con pequeños detalles.
    Es verdad que andamos muy preocupados por el bienestar, el cuidar nuestra imagen a nivel social y hacemos lo posible para que nos consideren y reconozcan nuestros méritos, que muchas veces, no son nuestros; pero,¿ me fijo y preocupo de los que no tienen ni lo necesario
    y no se respetan sus derechos? Muchos necesitan el pan material: empleo, salario justo, acceso a una sanidad gratuita, el ser considerad@s ciudad@s del mundo…
    Me parece importantísimo lo que dices en tu reflexión:“ la libertad del éxodo es: aprender a ser pueblo unido y justo”, fruto de la justicia, es la paz.
    El cómo conseguir esto, me lo indica la segunda lectura: despójame de mi vieja naturaleza, renovarme en la mente y espíritu… fundamentar mi vida en la VERDAD, y un poco difícil.
    Me parece importante, el diálogo eficaz y ético para proporcionar a la humanidad el alimento de otras hambres que sufre: hambre de amor, perdón, verdad, justicia, reconciliación, integración, trabajo digno, ternura, fraternidad…
    Jesús me pregunta:¿Por qué me buscas?
    Él es el pan de vida. Si lo busco, descubro como tal y tengo experiencia de ello, me llama a saciarme de otros alimentos que no perecen. Unida a Él, emprender el camino para crear fraternidad, construir un mudo mejor desde la verdadera libertad y en comunión con Él y con mis hermanos.
    Descubro dos necesidades: la necesidad de éxodo y la necesidad del Pan de Vida. Que Dios me las colme.

    Teresa Gil

  2. Quique muchisimas gracias como siempre porque mos ayudas a una mejor compresión tanto de las lecturas como del evangelio.
    Cuando he leído las tres cosas me imagino la cara del Señor respecto de min particular comportamiento como cristiano dentro de mi comunidad. Me diría José (mi nombre) no me entiendes lo que quiero de ti y lo que pretendo que hagas con mis palabras…¿Por qué estás tan preocupado con las cosas de este mundo?…dinero, bienestar, situación social, trabajo,salud…?. Además, me añadiría el Señor,..¿qué pasa con tus hermanos que no tienen nada de esas cosas y que tú tienes..?. Es verdad Señor yo siempre preocupado por «mis cosas» y no veo además las de los demás…
    Respecto a todo lo de hoy tendría que resumir mi situación y creo que la de muchos cristianos en dos apartados: miedo e insatisfacción.
    Miedo a todo lo externo y que no nos deja abandonarnos en sus brazos y que nos lleva a la insatisfacción por no conseguir las cosas…
    Somos muy superficiales. Tenemos que tener en cuenta que el Señor nunca nos abandona, que Él es el verdadero alimento que nos da la vida y que nos hace estar satisfechos por nuestra actitud con nosotros mismos y con la ayuda al hermano que es nuestro prójimo.
    Recuerdo unas sabias palabras de mis padres y mis tíos verdaderos ejemplos cristianos que decían «no es más feliz el que más tiene sino el que con menos se conforma».
    Esa es la actitud nuestra la que tiene que ser, la que prescinde de lo externo y busca la vida verdadera en el Señor.
    Señor te pido que seas el maná de mi alma, el verdadero alimento de mi vida y que prescinda de las tonterías externas y que eso me lleve a ver las necesidades en los que verdaderamente no tienen ni lo más mínimo externo para vivir.
    Ayúdame y ayuda a todos mis hermanos necesitados. Así sea.

  3. Carmen Díaz Bautista

    Quique, hoy el evangelio nos ha llevado de tu mano a un tema importantísimo. En qué medida somos libres? Entiendo que la libertad tiene dos aspecto: el libre albedrío -capacidad para decidir- y la libertad-capacidad para actuar. Si traspasamos el límite que nos impone el respeto al otro entramos en la noción de libertinaje.
    Cómo muy bien comentas hoy tanto la libertad como el libre albedrío están muy limitados por las causas que citas. La libertad que nos ofrece Jesús me parece que es la de ser felices, es decir, bienaventurados. No sé si estaré en lo cierto, pero las bienaventuranzas son el manual de instrucciones para ser libres y abandonar al hombre viejo en favor del hombre nuevo.
    Las ideas las veo muy claras, la práctica ya es harina de otro costal; en el camino hay momentos felices y otros de éxodo y desierto. Cómo no me ayude Él y vosotros no sé si llegaré a ser completamente libre. Gracias a todos.

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