La mayoría de las personas cree en Dios y le gustaría tener un trato más cercano con Él. Pero “¿Dónde está Dios?» “¿Dónde lo podemos encontrar?» Las Lecturas de hoy tienen dos escenas muy bellas, que muestran cómo SE REVELA Dios.
En la 1ª Lectura, Dios se revela a Elías, en una BRISA suave. (1Re 19,9a.11-13). Cansado y perseguido de muerte por Jezabel, Elías huye al desierto, Caminando al Monte Horeb, donde Moisés se encontró con Dios… Allí, Elías lo esperaba en el viento, en el terremoto, en el fuego, pero Él no estaba allí. Dios va a su encuentro de una forma diferente: “en el soplo suave de una BRISA…” y allí le habla…

Dios se manifiesta en la humildad, en la simplicidad, en la interioridad. Es preciso acallar el ruido excesivo, moderar la actividad desenfrenada, encontrar tiempo para consultar al corazón y a la Palabra de Dios, para percibir su presencia y sus indicaciones, en los signos, casi siempre discretos, que Él deja en la historia y en nuestra vida.
En la 2ª Lectura, Pablo habla de que Dios se reveló, ofreciendo a todos una propuesta de Salvación, pero que su pueblo infelizmente la rechazó. (Rom 9,1-5)

En el Evangelio, Dios se revela en la TEMPESTAD. (Mt 14,22-33)
– Jesús envía a los discípulos en misión en la otra orilla del lago y, cansado, se retira de la multitud… va al monte a rezar…
– Mientras tanto, los apóstoles navegan «de noche” preocupados, en la barca agitada por vientos contrarios.
– Jesús interrumpe el descanso… va a su encuentro, «caminando sobre el AGUA».
– Ellos se asustan: “Es un fantasma…»
– Y Jesús se identifica: “¡Ánimo, SOY YO, no tengáis MIEDO!».
– Pedro le contestó: «Se eres Tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua».
– Jesús le dijo: “¡Ven!»
– Pedro va al encuentro de Jesús; mas, asustado por el viento, comienza a dudar y a hundirse. Entonces grita pidiendo socorro: “¡Señor, sálvame!».
– Jesús primero extiende la mano y después le pregunta: “¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?».
– Jesús sube a la barca y amainó el viento…
– Entonces todos se postraron ante Jesús, diciendo: “Realmente eres Hijo de Dios».
Dios se manifiesta en medio de las dificultades, los vientos de la tempestad. Mientras Jesús está en diálogo con el Padre, los discípulos están solos.
Atravesando el lago. Este viaje, sin embargo, no es fácil y sereno… Es de noche; las olas azotan a la barca y navega con dificultad, con viento contrario. Los discípulos están preocupados, pues Jesús no está con ellos…
Esa BARCA es la COMUNIDAD CRISTIANA: La «noche» representa las tinieblas, la oscuridad, la confusión, la inseguridad en que “navegan” a través de la historia los discípulos de Jesús, sin saber exactamente qué caminos recorrer ni hacia dónde ir…
Las «olas» representan la hostilidad del mundo, que golpea continuamente contra la barca en que navegan los discípulos…
Los «vientos contrarios» representan las resistencias al proyecto de Jesús.

Los discípulos de Jesús se sienten perdidos, solos, abandonados, desanimados, desilusionados, incapaces de enfrentar las tempestades que las fuerzas de la muerte y de la opresión lanzan contra ellos…
Y es ahí, donde Jesús manifiesta su presencia. Él va al encuentro de los discípulos «caminando sobre el mar». El episodio refleja a fragilidad de la fe de los discípulos, cuando tuvieron que enfrentarse a las fuerzas adversas, sin la presencia de Jesús en la barca.
Los discípulos siguen a Jesús de forma decidida, mas se sienten abatidos cuando llegan las persecuciones, las dificultades… Entonces, comienzan a hundirse y a sumergirse por el «mar» de la muerte, de la frustración, del desánimo, de la desilusión…
Sin embargo, Jesús está allí para extenderles la mano y apoyarlos. Finalmente, la desconfianza de los discípulos se transforma en una fe firme: “Realmente eres Hijo de Dios».

El texto es una CATEQUESIS sobre a el camino de la Comunidad de Jesús, enviada a la “otra orilla», para convidar a todos al banquete del Reino y ofrecerles el alimento con que Dios mata el hambre de vida y de felicidad de sus hijos.
- El camino no es un camino fácil. La comunidad (la «barca») de los discípulos debe abrir camino a través de un mar de dificultades, por la hostilidad de los adversarios del Reino y por el rechazo del mundo a acoger los proyectos de Jesús.
- Los discípulos deben ser conscientes de la presencia de Jesús.
- El «fantasma» del MIEDO desvanece y las crisis de fe se superan, cuando aceptamos la presencia de Dios en nuestra vida. Él sigue asegurando: “¡Ánimo! Soy Yo. No tengáis miedo».
Que LOS PADRES puedan percibir siempre esa presencia de Cristo, que viene a su encuentro con palabras de esperanza. “¡ÁNIMO. Soy Yo. No tengáis miedo!».
Cuando Cristo entra en la BARCA, el viento y las olas paran… y vuelve la tranquilidad… la paz.













En la 2ª Lectura, Pablo enseña que el tiempo de la sementera siempre es difícil, se sufre con el dolor y la espera, mas no se trata de un grito de muerte, sino del inicio de una nueva vida que va llegando. (Rom 8,18-23)
Jesús estaba encontrando dificultades en la aceptación de su Palabra.
¿Es que la Palabra de Jesús estaba haciéndose ineficaz?
La Parábola nos propone TRES PREGUNTAS:
2.- ¿Qué tipo de sembradores somos?
En la 2ª Lectura, Pablo enseña que la vida «según la carne» engendra muerte; y que la vida «según el Espíritu», que recibimos en el Bautismo, engendra vida.
SÍ, PADRE. Y Jesús añade: “¡SÍ PADRE, así te ha parecido mejor!»
Y Jesús hace una INVITACIÓN: «Venid a mí, todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.


La 2ª Lectura es un Himno al amor de Dios, que envió al mundo a su proprio Hijo, para convidarnos al BANQUETE de la vida eterna. (Rom 8,35.37-39).


– NOSOTROS también somos responsables del hambre en el mundo… ¡Ningún cristiano puede ser ajeno a esta triste realidad!… El problema del hambre en el mundo tampoco se resuelve solo con programas de asistencia, sino compartiendo, con el amor. El milagro de la participación puede acontecer cuando todos ofrecen en la medida de lo poco que tienen. No se trata de cantidad, sino de la generosidad que permite la realización del milagro.

La 1ª Lectura muestra cómo TODOS pueden ser discípulos, colaborando en la obra de la salvación. (2R4,8-11.14-16). Un matrimonio de Sunam sin hijos invita con insistencia al Profeta Eliseo a comer en su casa y acabaron preparándole incluso un cuarto para hospedarlo siempre que pasara por allí. Lo hicieron porque reconocían a Eliseo como un “Hombre de Dios». Y el profeta en recompensa de la generosa hospitalidad, les prometió, que a pesar de la edad avanzada, tendrían un hijo… Algunos años después, ese hijo llegó a fallecer. Podemos imaginar el profundo dolor de los padres. El Profeta se dirige hacia allí y devuelve a aquella madre generosa el hijo nuevamente con vida. La hospitalidad y la acogida son una fuente de Vida y de Bendición. Dios no deja de recompensar a los que colaboran con Él.
También hoy, ante ciertas resistencias, muchas personas piensan que, para contar con grandes números en su filas, la Iglesia debería facilitar las cosas, y suavizar la radicalidad del evangelio y de los valores de Cristo.
¿Quiénes son los enviados de Dios, hoy? 
La 1ª Lectura Presenta el drama vivido por el profeta JEREMÍAS. Por ser fiel a su misión, experimenta persecución, soledad y abandono. Sin embargo, no deja de confiar en Dios. (Jr 20,10-13). Tuve miedo y resistí:
En la 2ª Lectura, Pablo afirma que para la salvación lo esencial no es cumplir la Ley de Moisés, sino acoger el ofrecimiento de Salvación que Dios hace a todos por Jesús. (Rom 5,12-15).
Y el Evangelio termina con:





Las lecturas de hoy profundizan el tema:
El PADRE es aquel que tomó la iniciativa de salvar a los hombres, destinándolos a una felicidad eterna, en su familia;
Es una dignidad, que debe provocar en nosotros tres actitudes: