DOMINGO IIIº DE PASCUA

¡Cuántas veces hemos orado, reflexionado, cantado… con el relato de los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35) que se lee en el tercer domingo de Pascua. Es un relato que nos apasiona. Quizá ningún otro relato evangélico refleja tan maravillosamente el itinerario que hemos de seguir cuando nos sentimos decepcionados y lejos de la comunidad de Jesús. Sin duda, un relato muy apropiado para muchos creyentes y buscadores, especialmente en la situación actual de confinamiento.

     Podríamos resumir su contenido terapéutico en cuatro verbos: hablar, escuchar, comer y regresar:

▪   Cuando estamos mal, cuando los interrogantes nos asedian, necesitamos hablar, poner palabras a nuestras frustraciones. Es el mismo Jesús el que nos pregunta: “¿Qué conversación lleváis por el camino?”.

▪   Pero seguidamente, nos toca escuchar. Es Jesús quien toma la palabra para ofrecernos una clave para vivir. Notaremos que el corazón frío y escéptico empieza a calentarse y le diremos: “Quédate con nosotros…”.

  • Y después, sentados a la mesa para comer con él, en la Eucaristía, empezaremos a ver con claridad y lo reconocemos. Él está en medio de nosotros, alienta nuestra vida, la llena de sentido, a pesar de las dificultades.
  • Entonces llega el momento de regresar cuanto antes a la comunidad y acoger con humildad el mensaje que se nos regala: “Verdaderamente ha resucitado el Señor”.Y juntos también de compartir y comunicar a los hermanos nuestra experiencia transformadora.

     La imagen de nuestra eucaristía dominical, en un templo con las puertas cerradas, nos llena de esta esperanza para volver a vivir nuestra fe. Será el momento de volver a juntarnos, celebrar y compartir tantas cosas. He aquí la canción de canción de Lucía Gil que tan bien lo expresa.

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