DOMINGO 31 DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B

ESCUCHA Y AMA

¡Escucha, Israel. Escucha, pueblo de Dios, escucha bautizado!

Esto lo primero de todo: que escuches la voz de tu Dios.

Tu Dios te habla en cada celebración, cuando se proclama la Palabra, y quiere dialogar contigo.

«Escucha Israel«, «y que las palabras que yo te dirijo hoy queden grabadas en tu corazón».

Como enseñó el Sacerdote Elí al joven Samuel que «oía» aquella desconocida voz: «cuando te sientas llamado, responde: Habla Señor, que tu siervo escucha».

Y si te cuesta escuchar la voz, ora como el rey Salomón, cuando siendo aún joven le dijo Dios:  «pídeme lo que quieras que te dé». Y Salomón respondió: «Concede a tu siervo un corazón que escuche». Agradó tanto al Señor aquella petición, que le respondió: «Cumplo tu ruego y te doy un corazón sabio e inteligente».

Cada mañana, al estrenar el día, podemos recordar las palabras de Isaías: «El Señor me ha dado lengua de discípulo, y  mañana tras mañana despierta mi oído para que escuche como un discípulo. El Señor me ha abierto el oído».

En la primera plegaria del día, Laudes, a menudo repetimos: «¡Ojalá escuchéis hoy su voz! No endurezcáis vuestro corazón» (Salmo 5, 7,8).

En el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, se nos dice: «El que tenga oídos que escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias» (2, 7.11.17,29). Porque el Espíritu de Dios habla también hoy a la Iglesia, invitándola a la renovación y a la fidelidad.

Y nos animan las palabras de Jesús: «en verdad, en verdad os digo: el que escucha la voz del Hijo de Dios ha pasado de la muerte a la vida» (Jn 5, 25).

Tu Dios te habla en el fondo de tu corazón/conciencia, empujándote siempre hacia el bien y el amor. Allí en tu corazón resuenan muchísimas voces. Algunas de ellas encienden tus más bajos instintos: la rabia, el rechazo al que es distinto, la comodidad, el egoísmo, la agresividad, la venganza, la búsqueda de ventajas personales por encima de los otros, el dejarte llevar por lo que hace todo el mundo, el no complicarte la vida… Pero junto a ellas también está la voz de Dios. ¿Cómo distinguir una de otras? 

«El Señor, nuestro Dios, es solamente uno». Los otros nunca deben ser tomados como dioses, porque no lo son. Al único Dios lo reconocemos porque nos saca de la tierra de la esclavitud para darnos la libertad. Los otros «dioses» nos atan, nos someten, nos manejan. A este único Dios le mueve el clamor del pobre, del necesitado, del más frágil, del que sufre, del más pequeño. Los otros «dioses», en cambio, los silencian, sólo dejan oír la voz del egoísmo. Este único Dios quiere hacer de nosotros un gran pueblo, una gran comunidad de hermanos, y solo nos ofrece una Ley importante: la Ley del amor, con ella, busca hacer de ti una persona «grande» y fraterna pues tendrás un corazón enorme lleno de amor. 

Me ha ayudado meditar este testimonio personal:

En cierta ocasión le pregunté a Dios qué deseaba decirme o pedirme. Era un momento de ardiente fervor en el que me sentía preparado para escuchar cualquier cosa. En un momento de tranquila escucha, oí interiormente las siguientes palabras: «te amo». Y me sentí desilusionado: ¡ya lo sabía!  Pero Él volvió a mí de nuevo con esas mismas palabras. Y de repente, me di cuenta con mucha claridad de que nunca había aceptado e interiorizado realmente el amor de Dios por mí.  En ese instante lleno de gracia, vi que «yo sabía» que Dios había sido paciente conmigo y me había perdonado muchas veces. Pero me asombró no haberme abierto nunca a la realidad de su amor.  Lentamente caí en la cuenta de que Dios tenía razón.  Nunca había escuchado realmente el mensaje de su amor. Cuando Dios habla, siempre habrá «algo sorprendente, distintivo y duradero». (John POWELL, Las estaciones del corazón.  Sal Terrae)

          Por eso sólo a él le darás «todo tu corazón». Porque sólo él te ha amado tanto, tanto, tanto… y su amor no te ata nunca, no te domina ni te impone, ni te maneja, sino que te hace ser más tú. Sólo te pide esto: «ama». Y entonces, toda voz que no te ayude a ser más libre, más responsable, más generoso, más dispuesto, más acogedor, más atento, más justo. menos individualista… no es la voz de Dios. 

Tu Dios te habla también en la voz de los hombres que necesitan algo de ti. Ha escrito don Santiago Agrelo, un pastor excepcional y obispo emérito de Tánger:

Aceptamos que el «amar al Señor Dios con todo el corazón» es el primer mandamiento de la ley; pero no hay razón para que pensemos que ese mandato tenga algo que ver con unos extranjeros vigilados, controlados, desplazados, deportados en nombre de nuestro bienestar; podemos amar a Dios y desentendernos de esos hijos suyos que, por no tener papeles, han dejado de ser hijos suyos. Ocuparse de ellos sería ‘buenismo’ indigno de personas razonables.

Aceptamos eso de «amar al prójimo como a uno mismo»; pero es evidente que unos extranjeros sin dinero no son «prójimo» nuestro, y mucho menos son «nosotros mismos»: gentes así son sólo una amenaza para nuestro trabajo, para nuestra identidad, para nuestra seguridad; y como una amenaza han de ser apartados de nuestra vida. Cualquier otra disposición sería mero sentimentalismo.

Puede que bosques, fronteras y pobres nada tengan que ver con el evangelio de nuestra eucaristía. Puede que consigamos amar a Cristo sin amar su cuerpo que son los pobres.  Puede que consigamos comulgar con Cristo y subvencionar a quienes añaden sufrimientos atroces a su pasión. Si así fuese, si nuestra misa nada tiene que ver con los caminos de los pobres, mucho me temo que tampoco tenga algo que ver con el camino que es Cristo Jesús.

       Jesús unió inseparablemente el amor de Dios y al prójimo en un solo mandamiento. Y el modo de comprobar que amamos a Dios como único Dios, por encima de todas las cosas es el amor al prójimo. No es posible amar a Dios… si nos desentendemos de los que él ama más: de cada hijo/hermano sin exclusión. El amor, los demás, y el mundo creado son  temas principales para revisar nuestra conciencia y crecer, procurando concretar: ¿A quién, cómo y cuándo debo expresar mejor mi amor (y mi escucha)?

        En este contexto se entiende mejor que el Papa desee una Iglesia de la escucha, a la escucha: «El tiempo de Sínodo en el que estamos nos ofrece una oportunidad para ser Iglesia de la escucha, para tomarnos una pausa de nuestros ajetreos, para frenar nuestras ansias pastorales y detenernos a escuchar. Escuchar el Espíritu en la adoración y la oración… Escuchar a los hermanos acerca de las esperanzas y las crisis de la fe en las diversas partes del mundo, las urgencias de renovación de la vida pastoral y las señales que provienen de las realidades locales». 

          Escuchar es el camino para poder amar: escuchar sin estar pensando lo que vamos a responder, escuchar sin hacer juicios, escuchar con atención las palabras, los gestos, los sentimientos, la situación vital. Escuchar dejando que me afecte lo que escucho, que me toque por dentro. Escuchar para discernir.  Escuchar para acompañar y caminar juntos (=Sínodo)  Escuchar, como María, guardando la Palabra y las palabras en el corazón. Escuchar comprendiendo y amando.

         Termino con estas palabras del Papa Francisco: «Escucha también la melodía de Dios en tu vida, y no limitarte a abrir los oídos, sino abrir el corazón. Y es que, quien canta con el corazón abierto toca el misterio de Dios, incluso sin darse cuenta. Un misterio que es, en definitiva, el amor que despliega su maravilloso, pleno y único sonido en Jesucristo«.

Que el Señor nos afine el oído y nos dirija para interpretar y cantar juntos la partitura del Amor.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
Imagen Superior José María Morillo. Desconozco al autor de la segunda

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3 comentarios

  1. ESCUCHA Y AMA // AMA Y ESCUCHA
    La reflexión de hoy, me invita a tener una actitud de escucha activa y contemplativa.
    Escuchar a Dios, en la oración – reflexión, en los acontecimientos de la vida, de mi vida, en lo que me rodea, en las personas y sobre todo en su palabra.
    ¡Cuántas veces tengo que pedir, a Dios, que me hable desde su palabra! Ella va marcando cada día mi camino a seguirle, como cristiana, comprometida por el Reino. Por ella, voy confrontando mis actitudes y acciones y me ayuda a salir de mis errores. Interpela mi vida y me ayuda a descubrir y escuchar otras realidades fuera de mi “yo”.
    Siempre me ha gustado la actitud y prontitud del joven Samuel, me he identificado y sigo identificándome con él, me cuenta, muchas veces, distinguir la llamada del Señor, entre otras que pueda oír y escuchar; “Habla, Señor, que tu “siervo” escucha”.
    Como David: “Concede a tu “siervo” un corazón que escuche”. Para escuchar bien, tengo que reconocerme siervo de todos, como hizo Jesús, el Siervo de Yahvé.
    ¡Que difícil resulta, muchas veces, conseguir ese silencio interior para escuchar la Palabra de Dios y las necesidades del otro! pero más difícil me resulta, vaciarme de mi misma para que el amor incondicional, llene mi ser, desde Él.
    Comprendo que necesito un corazón sencillo, humilde y generoso, capaz de captar lo que gratuitamente recibo de Dios, cada día y repartirlo gratuitamente sin distinción de personas.
    Escuchar la voz de los hombres, mis hermanos, que me hablan de muchas formas, incluso me hablan, sin tener voz.
    ESCUCHA Y AMA // AMA Y ESCUCHA. Son dos caras de la misma moneda. Si escucho, desde el corazón de Dios, me lleva al amor concreto y si amo de verdad me motiva para escuchar con más atención y empatía, las necesidades del otro. Por eso no puedo separar los dos amores: a Dios y al prójimo; Es necesario que ame como Dios me ama a mí: con cercanía, ternura, paciencia, acogida, generosidad… amar creando vida.
    Tengo que fomentar la cultura de la escucha, tan necesaria en nuestra sociedad, Iglesia, comunidades cristianas…
    Amar al prójimo como a mí mismo. Amor de autoestima, que se convierte en la medida que me indica cómo he de amar, como yo quiero que me amen a mí: trato justo, con verdad, respeto a mis opiniones, sin coartar mi libertad… Es importante, fomentar el amor en tiempo de crisis.
    Conclusión: Tengo que amar en clave sinodal para que el amor fluya de unos a otros fruto de una escucha que es fuente de vida y amor.
    Termino con el salmo: ¡Señor, tú eres mi fortaleza!.

    Teresa G.

  2. Qué bonitas y qué difíciles llevarlas a cabo las lecturas y evangelio de hoy. En la primera lectura qué importancia se le da a Amar a Dios sobre todas las cosas. Queda muy bonito dicho y leído pero qué difícil es llevarlo a cabo. Por eso el Señor para hacerlo más fácil a nuestros entendimientos lo simplificó pero aumentó el significado del amor a él. Amar a Dios y al prójimo como a ti mismo. Más fácil de comprender pero más complicado llevarlo a cabo… Pues si. Por eso el Señor nos da el medio que tenemos para llevar a cabo este amor. Es la escucha de nuestra alma y nuestro corazón. Dios nos habla constantemente pero tenemos tapones. Vamos siempre con prisas y no tenemos tiempo de escuchar. Es más no oímos. Con la experiencia personal de Quique respecto a ver en todo su esplendor y profundidad el amor de Dios hacia él me ha llevado a recordar algo que me pasó hace muchos años.. Circunstancias personales promovidas por una persona me llevaron a un sufrimiento personal muy grande…Yo por la parte humana de mi corazón estaba siempre irritado e interiormente sin paz..Yo tengo mucha devoción al Cristo del Consuelo en la Iglesia del Corazón de María…e iba muchas veces a ver al Señor y a derramar unas lagrimitas…pero mi corazón estaba duro y no oía al Señor. Un día mirando a su cruz de repente oí que el Señor me habló…¿José, por qué no la perdonas?…Inmediatamente hice un acto de amor y cariño de perdón a esa persona..y ocurrió una paz enorme en mi corazón que gracias a él aún persiste. Desde entonces pido por esa persona y por todas las que me hacen daño de la forma que sea. Ahí me di cuenta de que el corazón y el alma tienen oídos para el Señor. Me di cuenta que hay que amar al prójimo que son todos nuestros hermanos. Los que nos hacen bien, los que nos hacen mal, los que nos necesitan, los que nos esperan, lis que confían en nosotros…En fin que tenemos que tener nuestro corazón abierto para escuchar a los demás. El lema de hoy «Escucha y ama;ama y escucha» podríamos resumirlo al final en «Ama y obra».
    Señor te pido en el día de hoy que esté más atento a lo que me pides. A veces hablas tan bajito…Dame fuerzas para que no sólo te oiga sino que lleve a la práctica todo lo que esperas de mí. Así sea.

  3. Carmen Díaz Bautista

    No son las misas, rosarios ni cualquier rito vacío los que nos van a acercar a Dios. Es la escucha silenciosa, prestar atención a nuestros pensamientos positivos, despojarnos del ego y oír la voz interior con la que Dios nos habla, nos manifiesta y comunica su amor.
    Esta voz nos lleva irremisiblemente a una ética, la ética del amor. Cuando consigamos oírla podremos actuar, no porque lo pensemos “tengo que hacer el bien”, sino que nos brotará desde dentro. Al menos eso espero.

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