DOMINGO 30 DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B

PARA QUE UN CIEGO ECHE A ANDAR
(Domund: «Cuenta lo que has visto y oído»)

              Todo lo que los evangelistas recogieron, elaboraron y redactaron de la vida de Jesús no tiene como fin  «informarnos» de lo que pasó (como haría, por ejemplo un periodista), sino ayudarnos a leer nuestra realidad de hoy para iluminarla. Es decir: este relato tiene que ver conmigo, está pensado para mí, quiere decirme algo para mi vida, espera dialogar conmigo y ayudarme a cambiar en algo. Y debemos leerlo partiendo de nuestras circunstancias concretas.

Veamos a quién representa este ciego y cuáles serían las cegueras que nosotros necesitamos curar o ayudar a curar:

UN CIEGO TIRADO AL BORDE DEL CAMINO:

  • Bartimeo es alguien que vive «dependiendo» de los demás, sus circunstancias personales le impiden valerse por sí mismo y vive de lo que le quieran dar los otros. No tiene derechos, no puede exigir nada. 
  • Es alguien que no «ve» su futuro. Su situación no tiene salida. Nada le motiva a levantarse y «moverse» en alguna dirección. Se trata de un «descartado», tirado al borde del camino. Su «sentido de la vida» no es otro que sobrevivir lo mejor posible. ¡Tiene tantas carencias y limitaciones…! «Los demás son mejores que yo, pueden más que yo, tienen más posibilidades que yo….»
  • ¿Podríamos hablar también de la «ceguera» de la gente y de los discípulos?  Unos y otros no se dieron por enterados de aquel ciego allí tirado, no captaron su soledad y su dolor, porque «iban a lo suyo», aunque en este caso sea magnífico que estén pendientes del Maestro. Y sienten que Bartimeo más bien les estorba con sus quejidos y voces. La ceguera de no ver a los que tenemos tan cerca.
  • Por otro lado, tendríamos la «ceguera» de la fe. Muchos «no ven» al Señor Jesús, a pesar de tenerlo tan cerca, aunque les hayan hablado de él. Parece que de oídas, Bartimeo sabía algo de Jesús, lo suficiente como para atreverse a pedirle algo. Pero no puede verlo. Por eso le llama, y por dos veces pide «compasión». También  podríamos hablar de que la gente y los discípulos que acompañan y van escuchando a Jesús… no han «captado»  todavía su mensaje o no han sintonizado bien con él. Andan escasos de sensibilidad ante el pobre, escasos (todavía) de compasión.

EL CIEGO GRITABA:

Hay muchos modos de gritar, de llamar la atención:

– Hay quienes lo hacen con la «violencia oral»: gritan, hacen ruido, protestan, reclaman… Y a veces pasan de la violencia oral a la violencia de los hechos.
– Hay quienes, en cambio, optan por un estruendoso y total «silencio», ya no saben qué decir o cómo decirlo… y guardan silencio.
– El «grito» de otros consiste en no estar cuando se les espera. A ver si les echan de menos y les hacen caso.
– Algunos gritan a través de las redes sociales, con sus mensajes y sus imágenes de denuncia, y la esperanza de que otros se solidaricen con ellos, o se difunda determinada situación injusta.
– Hay por fin, quienes gritan, como Bartimeo, pidiendo ayuda a Dios. Es lo que se llama con todo sentido «oración». Reclamar, a Dios, quejarse a Dios, esperar de Dios, pedir e incluso literalmente gritarle a Dios. Quizá lo hagan en el silencio de una capilla, en la cama de un hospital, en un banco solitario del parque, haciendo botellón o durmiendo en cualquier sitio… con una  lágrima o un torrente de ellas, de rodillas, o con las manos juntas, o de pie con la cabeza agachada, o con la mirada hacia la cruz, o con la mirada perdida…

¿Qué nos enseña Marcos sobre la actitud y reacción de Jesús ante cegueras como éstas?

JESÚS SE DETUVO:

  • Jesús es alguien capaz de mirar, de oír, de darse cuenta... aún en medio de todo el jaleo que le envuelve.  Es una persona atenta, concentrada en lo importante: atento a las personas. No se deja arrastrar, es dueño de sí mismo. Eso es algo que podemos y debemos aprender, entrenar, está en nuestra mano conseguirlo.
  • En segundo lugar, «llama», se interesa, se acerca, no se informa a distancia (esa «cercanía» a la que tanto nos llama hoy el Papa). Y además dialoga: ¿qué quieres que haga por ti? No da por supuestas las cosas, no «adivina» lo que le pasa. Prefiere que aquel hombre ponga nombre a sus sufrimientos, a sus deseos, a su inquietud. Le ayuda a expresarse. Es una condición esencial para salir de su situación. No todos saben o quieren hacerlo. Jesús le hace una pregunta oportuna para que cuente, para que reconozca su dolor, su deseo, su esperanza: ¿Qué quieres que haga por ti? Es una pregunta muy misionera: preguntar… y escuchar la respuesta como interpelación personal. No le ha pedido de entrada un milagro, ni nada material: sólo «ten compasión de mí». Luego, ya en la conversación que entablan ambos, le  pide lo más necesario: recobrar la vista (¿quiere decir que antes la tuvo?).
  • Cuando Jesús le hace llamar da un «salto», a la vez que se «desprende» de su manto (sus seguridades, lo que parece protegerle…). Son signos de «CONFIANZA». Bartimeo se ha abierto a Jesús, se ha sentido «atendido», importante», acogido.
  • Marcos no cuenta que Jesús «haga» nada por el ciego. Sólo unas palabras (es la fuerza que tiene la Palabra de Dios escuchada con fe): «Anda» (curiosamente también, la invitación no es a «ver» o «mirar», sino a moverse, a dejar de estar sentado…), que se traduce en un «seguirle por el camino». La Palabra de Jesús ha servido para que el ciego«vea» que tiene que «seguir a Jesús», y ha descubierto también que en él hay «fuerza», «fe», lo que necesita para dejar el manto y el borde del camino. Jesús no le ha dado «las cosas hechas», le ha «empujado» a caminar por sí mismo. Y a ser discípulo.

CONCLUSIONES: En el contexto del DOMUND que hoy celebramos, bajo el lema «Cuenta lo que has visto y oído», podemos subrayar:

– Detectar nuestras propias cegueras (y sorderas), tal como hemos indicado antes, porque si no vemos/oímos bien…
– Ser mediadores (misioneros) y no estorbos ante tantos que están al borde tantos caminos. Lejos… o en casa. E invitar: «Ánimo, levántate, que te llama».
– Como el Maestro, ofrecer nuestra «compasión», que no es lástima ni pena… es la compasión de Jesús que «conecta» con la situación vital del que está tirado, descartado, «ciego». Hacernos cargo. Y atrevernos luego a preguntarle: «¿Qué quieres que te haga?».
– ¿Qué tenemos que contar? (Lema): Cómo el Señor nos ha hecho mirar las cosas de manera más profunda y con sentido. Las Palabras que escuchamos y que nos ayudan a ser más personas e iluminan nuestros pasos. Cómo sigo al Señor por el camino y cómo experimento su presencia en mí. No se trata de contar lo que pienso, lo que he leído, lo que dicen otros, lo que está escrito, lo que hay que hacer o ser… sino lo que yo he visto y oído: Mi experiencia de vida, la acción de Dios en mí.
– Por último: la razón, la fuente, la raíz, la fuerza, el «cómo» de la tarea misionera no es otra que la fuerza del amor de Dios. Como dice el Papa  «Hemos sido hechos para la plenitud que sólo se alcanza en el amor y cuando reconocemos su presencia de Padre en nuestra vida personal y comunitaria, no podemos dejar de anunciar y compartir lo que hemos visto y oído».

 Por eso concluyo con una plegaria de San Antonio María Claret (hoy día 24 es su/nuestra fiesta):

Fuego que siempre ardes y nunca te apagas,
amor que siempre hierves y nunca te entibias: Abrásame para que te ame.
Te amo, Jesús, con todo mi corazón, con toda mi alma, con todas mis fuerzas.
Quisiera amarte más y que todos te amen.
Quisiera amarte por mí y por todas tus criaturas
Haz, Padre, que te ame como me amas Tú y como tú quieres que yo ame.
Padre mío; de sobra sé que no te amo lo que debiera,
pero estoy seguro que llegará el día en que te amaré como deseo
porque Tú mismo me concederás este amor que te pido

por medio de María y de Jesucristo nuestro Señor. Amén

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
Imagen superior JM Morillo

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4 comentarios

  1. PARA QUE UN CIEGO ECHE A ANDAR
    “Cuenta lo que has visto y oído”
    La reflexión del Evangelio del domingo, contiene todo un proceso catequético; Invitación a mirar, a ver, a observar la propia realidad y la realidad de nuestra sociedad, de la Iglesia, de nuestra comunidad cristiana y al compromiso. Jesús se acerca a esta realidad, me ilumina, nos ilumina e interpela para realizar el camino del seguimiento con unas actitudes concretas.
    Contemplo la escena, mucha gente rodea a Jesús. Un ciego al borde del camino, ignorado por el grupo que intenta ocultarlo a la vista de Jesús… Me parece interesante el analizar las cegueras que tenemos, las cuales hay que curar y ayudar a curar. Los que acompañan a Jesús, no perciben la necesidad del ciego, facilitar el encuentro con Jesús para ser curado.
    Contemplo cegueras por ambas pates: el ciego y el grupo.
    Descubro cegueras colectivas y personales, unas y otras intentan ocultar la realidad o falsearla y vivir bajo apariencias. Unas son impuestas, otras inconscientes, silenciadas y otras por pura decisión: comodidad, rutinas, falta de apertura, miedo a romper esquemas y a vivir la propia vida desde la libertad que nos da Jesús.
    Algunas cegueras:
    • Ceguera para motivar mi vida y llenarla de sentido. Muchas
    veces por falta de autoestima.
    • De la solidaridad. Los que acompañaban a Jesús, se preocupan
    del Maestro, quieren silenciar al ciego, ocultarle. No tienen
    en cuenta los intereses del Maestro; ayuda y servicio,
    entrega y compañía
    • De la autosuficiencia, prepotencia, arrogancia. Impide que me
    acerque al Maestro, con mi debilidad y fragilidad.
    • Vivir unos valores lignt, cuando la vida, vivida en clave
    cristiana, exige: esfuerzo, entrega, anuncio y denuncia…
    • La ceguera de la fe, ceguera personal y colectiva. La vida de
    fe conlleva tener entrañas de misericordia, compasión, amor…
    ante los descartados de esta sociedad, vivir en esperanza,
    confiar que Él siempre estará con nosotros… Trabajar por el
    Reino.
    Bartimeo oye a Jesús grita. Jesús oye sus gritos y pide que le acerque a Él. Necesitamos mediaciones que nos lleven a Jesús.
    Importante, como siempre, la actitud de Jesús: Se detiene, le mira, le escucha, se interesa por él, dialoga y le pregunta, ¿Qué quieres que haga por ti? ¡Ten compasión de mí! ¡Qué pueda ver! Jesús le dice: Tu fe te ha curado. El ciego recobró la vista y le seguía por el camino con confianza, fuerza y fe.
    Lo importante, es que Bartimeo, al ir al encuentro de Jesús, se despojó de sus ataduras, por eso pudo acoger la salvación. La invitación a ver.
    ¡Quiero ver! Con la luz de la esperanza, ver con ternura, con compasión, con bondad. Quiero ver con mirada que acoge, cura, sana y libera. Quiero ver el sufrimiento de la gente, de los que luchan por tener una vida digna, un mundo justo, humano y humanizador.
    También quiero, Señor, que mires mi fragilidad mi vulnerabilidad, mi pequeñez. Quiero avanzas más por el camino de la unidad para construir un futuro mejor. Quiero seguir tu camino, junto a ti.
    Haz, Señor, que vea y te vea, en el camino que me has trazado.

    Teresa G

  2. Carmen Díaz Bautista

    Me gusta, Quique, cuando dices que el evangelio está escrito para mí y para cada uno de nosotros. Yo soy Bartimeo con ansias de ver, de ver en plenitud, de alcanzar el conocimiento completo, de abrir los ojos limpiamente y sin prejuicios, de conocer la belleza de la vida tal y como es, como Dios la creó. Yo también he gritado como Bartimeo y por eso la respuesta de Jesús en el evangelio es también para mí; tengo que levantarme, caminar tras sus pasos y aprender a amar como él nos ama. Son muchas las capas que debo dejar en el camino: egoísmo, comodidad…etc.
    Como el camino no es fácil le pido ayuda para que tire de mí.

  3. Después de leer tus pensamientos Quique diría que hay tres tipos de ceguera que parten de una sola. Así pues tenemos la ceguera hacia nosotros mismos. No somos capaces de ver nuestros fallos y limitaciones. En segundo lugar tenemos una ceguera hacia el prójimo. Tenemos tantas cosas que nos ocupan nuestro día a día que no nos dejan ver a nuestro hermano, a nuestro prójimo, al necesitado de todo. Necesidades de todo tipo: cariño, acogida, consuelo, ternura, compartirle tiempo, consejo, necesidades económicas….y por último diría el tercer tipo de ceguera que no es ni más ni menos que la ceguera a la fé y a nuestro Señor. Esta es la madre de todas las cegueras. Si conseguimos quitarla de nuestras vidas podremos ver nuestro interior y volcarnos con el prójimo.
    Por todo ello la idea que tenemos que sacar es pedirle al Señor COMPASIÓN. Jesús no es ciego, ni sordo, ni despistado, ni ausente, ni distraído…Capta nuestros sufrimientos por la sensibilidad que lleva siempre con él ….pero quiere que se lo pidamos. Quiere sentirse querido y necesitado y ante nuestro acercamiento a él no puede negarse a ayudarnos. Por eso quiere que contemos con él.
    Hoy el lema del Domund es que contemos lo que hemos visto y oído. Por tanto que sepamos tenerlo en nuestro corazón y llevar esa necesidad a todos nuestros hermanos.
    Señor si me preguntas qué quieres que hagas por mí te voy a pedir dos cosas. La primera que tengas compasión hacia este pobre pecador que tanto te falla y la segunda que tenga «ojos y mirada de amor» para amarte y quererte y a través tuya aumentando mi fe y que te vea siempre en el prójimo que es mi hermano. Adiós sea

    • Ignacio de Loyola

      Podemos sacar las conclusiones que queramos porque el texto invita a ello, y además, el problema en cuestión, la ceguera, es la base de todo.
      Pero eso son interpretaciones nuestras, interpretaciones bonitas y filosóficas sobre lo poco que vemos cada uno.
      Pero yo creo otra cosa, el Evangelio nos narra un milagro de Jesús, un milagro físico, como tantos, y nos refrenda que «pide y se te concederá», y que lo hagas con Fe. Todo lo demás son interpretaciones y, como no, el Evangelio es un libro abierto y nos sirve muchas veces para eso, no hay una única lectura y todas son válidas.
      En este caso la mía es que el evangelista más que hablarnos de cegueras propias, ajenas, etc, quiere hacer hincapié en las Fe que tenía un pobre desgraciado y como Jesucristo estuvo ahí. Igual hará con nosotros, seguridad absoluta.

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