Domingo 18º del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (55,1-3):

Así dice el Señor: «Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme, y viviréis. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 144

R/. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente. R/.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,35.37-39):

¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Palabra de Dios

Evangelio

Evangelio según san Mateo (14,13-21), del domingo, 2 de agosto de 2020

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,13-21):

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.»
Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.»
Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.»
Les dijo: «Traédmelos.»
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Palabra del Señor

Domingo 17º del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (3,5.7-12):

En aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo: «Pideme lo que quieras.»
Respondió Salomón: «Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?»
Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo: «Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 118,57.72.76-77.127-128.129-130

R/. ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

Mi porción es el Señor;
he resuelto guardar tus palabras.
Más estimo yo los preceptos de tu boca
que miles de monedas de oro y plata. R/.

Que tu bondad me consuele,
según la promesa hecha a tu siervo;
cuando me alcance tu compasión,
viviré, y mis delicias serán tu voluntad. R/.

Yo amo tus mandatos
más que el oro purísimo;
por eso aprecio tus decretos
y detesto el camino de la mentira. R/.

Tus preceptos son admirables,
por eso los guarda mi alma;
la explicación de tus palabras ilumina,
da inteligencia a los ignorantes. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,28-30):

Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

Palabra de Dios

Evangelio

Evangelio según san Mateo (13,44-52), del domingo, 26 de julio de 2020

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,44-52):

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?»
Ellos le contestaron: «Sí.»
Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»

Palabra del Señor

Domingo 16º del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Primera lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (12,13.16-19):

Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todo, ante quien tengas que justificar tu sentencia. Tu poder es el principio de la justicia, y tu soberanía universal te hace perdonar a todos. Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total, y reprimes la audacia de los que no lo conocen. Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 85,5-6.9-10.15-16a

R/. Tú, Señor, eres bueno y clemente

Tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia, con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende la voz de mi súplica. R/.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios.» R/.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,26-27):

El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Palabra de Dios

Evangelio

Evangelio según san Mateo (13,24-43), del domingo, 19 de julio de 2020

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,24-43):

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?» Él les dijo: «Un enemigo lo ha hecho.» Los criados le preguntaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?» Pero él les respondió: «No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.»»
Les propuso esta otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»
Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente.»
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré los secretos desde la fundación del mundo.»
Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»
Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará sus ángeles y arrancarán de su reino a todos los corruptos y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su padre. El que tenga oídos, que oiga.»

Palabra del Señor

Domingo 15º del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (55,10-11):

Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 64,10.11.12-13.14

R/. La semilla cayó en tierra buena y dio fruto

Tú cuidas de la tierra,
la riegas y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales. R/.

Riegas los surcos,
igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes. R/.

Coronas el año con tus bienes,
tus carriles rezuman abundancia;
rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría. R/.

Las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,18-23):

Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

Palabra de Dios

Evangelio

Evangelio según san Mateo (13,1-23), del domingo, 12 de julio de 2020

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,1-23):

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.
Les habló mucho rato en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.»

Palabra del Señor

Domingo 14º del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Domingo, 5 de julio de 2020

Primera lectura

Lectura de la profecía de Zacarías (9,9-10):

Así dice el Señor: «Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.»

Palabra de Dios

Salmo

Sal 144,1-2.8-9.10-11.13cd-14

R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R/.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,9.11-13):

Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

Palabra de Dios

Evangelio

Evangelio según san Mateo (11,25-30), del domingo, 5 de julio de 2020

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,25-30):

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra del Señor

TESOROS QUE LIBERAN. DOMINGO 17 TIEMPO ORDINARIO A

La Liturgia de este domingo nos convida a reflexionar en los valores sobre los que fundamentamos nuestra existencia. Las lecturas nos ayudan a escoger esos valores…

En la 1ª Lectura, el rey Salomón escoge su tesoro: la SABIDURÍA. (1Re 3,5.7-12).
En el inicio de su reinado, el joven rey va a Gabaón, donde se hallaba el Tabernáculo sagrado, construido por Moisés, con el fin de ofrecer sacrificios al Señor.
En sueños, el Señor manifiesta su agrado por este gesto y le invita a pedir lo que quisiese. El rey no se dejó seducir por valores efímeros. Por lo contrario, escoge lo más importante: un corazón “sabio» para gobernar a su pueblo con justicia y rectitud. La ELECCIÓN agradó a Dios: Y Dios le concedió una sabiduría inigualable y le añadió aun otros tres valores no solicitados: riqueza, gloria y vida larga.
Salomón sabe escoger lo mejor: SABIDURÍA
El texto quería también presentar a Salomón como el escogido del Señor y justificar su proverbial sabiduría.

La 2ª Lectura presenta etapas del camino que conduce a la Salvación. Necesitamos de la Sabiduría de Dios, para discernir el designio de Dios, que nos «predestinó» para que seamos conformes a la imagen de su Hijo. (Rom 8,28-30)

En el Evangelio Jesús presenta su tesoro: el REINO DE DIOS. (Mt 13,44-52)

Es la conclusión del 3er Discurso de Jesús, con las últimas tres «Parábolas»: el Tesoro, la Perla y la Red. El REINO DE DIOS es un TESORO escondido… una PERLA que se busca… El DESCUBRIMIENTO de este tesoro y de esta perla provoca, en quien los encuentra tres ACTITUDES: Renuncia, Urgencia y Alegría.

1.- RENUNCIA a todo para adquirirlos… El Reino propuesto por Jesús es un «tesoro» precioso por el cual se renuncia a todo y por el cual los seguidores de Cristo deben estar dispuestos a pagar cualquier precio.
Desde el descubrimiento de Cristo, ¿en qué ha cambiado nuestra vida?

  • ¿A qué hemos renunciado ya por este tesoro?
  • ¿Dónde gastamos más tiempo en nuestra vida diaria?
  • ¿Al servicio de la comunidad, en lecturas serias, en la Oración o en el futbol, la TV, en el dinero, en la charla con los amigos?

2.- URGENCIA en la decisión que se debe tomar. La elección del Reino de Dios no se puede retrasar. Cuando Dios convoca es preciso responder inmediatamente. No podemos quedar negociando con Dios el precio de la perla.
Hay oportunidades que no se repiten nunca más… Hay personas conscientes de este tesoro, pero no están dispuestas a renunciar otros ciertos «tesoros».

3.- ALEGRÍA muy grande por el bien encontrado… Todo comerciante que realiza un buen negocio se siente feliz, aunque tenga que desprenderse de muchos bienes…
El Reino de Dios es un tesoro por el cual compensa la renuncia de todos los bienes de este mundo.

  • ¿Demostramos alegría y felicidad porque hemos encontrado nuestro tesoro?
  • ¿Si tenemos conciencia de este tesoro, cómo podemos permanecer enfadados, tristes y desanimados?

Mas aún quedan algunas preguntas: Si el Reino de Dios es tan precioso,

  • ¿Por qué hay tantos hombres que lo ignoran o hasta lo desprecian?
  • ¿Por qué vemos tantos males entre los buenos?
  • ¿Es que, al final, todos tendremos la misma suerte?

En la 3ª Parábola, Jesús da la respuesta: El Reino de Dios es una RED: La Iglesia es comparada a una red de arrastre, lanzada al lago, que captura peces de todas las clases y cualidades…
El Pescador, después de haber arrastrado lentamente la red a tierra, recoge los peces, separando los buenos y los malos, los inútiles y los aprovechables. Recoge los buenos y tira fuera los malos…
Dios no tiene prisa en condenar y destruir… sabe esperar… Y dentro de la Iglesia, ante el divino Pescador, ¿somos un miembro vivo, activo, útil para la vida de la Iglesia, un pez inútil, despreciado por el proprio Dios? Todo depende de nuestra elección, debemos SABER ESCOGER
Y Jesús concluye el Discurso con un diálogo con los discípulos, en el cual afirma que el verdadero discípulo es aquel que descubre el Tesoro del Reino y se compromete con él. Solo la Sabiduría divina podrá iluminarnos para comprenderlo y así anunciar a todos con alegría nuestro descubrimiento.
Como Salomón, pidamos a Dios mucha SABIDURÍA… para saber escoger el verdadero Tesoro, mucho ENTUSIASMO… para ponernos con alegría en su conquista.

EL SEMBRADOR. DOMINGO XV. TIEMPO ORDINARIO.

La Liturgia de este domingo nos convida a reflexionar sobre la importancia de la PALABRA DE DIOS y nos exhorta a ser una «tierra buena» que acoja la Palabra y produzca frutos abundantes en la vida de cada día.

En la 1ª Lectura, el Profeta compara la Palabra de Dios a la LLUVIA. “No volverá, sin que haga mi voluntad«. (Is 55,10-11)
Al Pueblo en el exilio, ya cansado y desilusionado de volver a su tierra, el profeta anuncia que Dios es siempre fiel a sus promesas. Su Palabra es como la lluvia y la nieve: caen del cielo y no vuelven sin haber producido el efecto. Dios no olvida a su pueblo, su Palabra nunca falla.

En la 2ª Lectura, Pablo enseña que el tiempo de la sementera siempre es difícil, se sufre con el dolor y la espera, mas no se trata de un grito de muerte, sino del inicio de una nueva vida que va llegando. (Rom 8,18-23)

En el Evangelio, con la Parábola de la SEMILLA y del SEMBRADOR, vemos que el fruto de la Palabra de Dios depende de la calidad de la tierra. (Mt 13,1-23).

Con esta parábola, Mateo inicia el 3er Discurso de Cristo: las siete Parábolas del REINO.

“Salió el Sembrador a sembrar… la semilla». Parte cayó:

– en el camino… los pájaros vinieron y se la comieron…
– en terreno pedregoso: brotó y luego se secó.
– en medio de los espinos: los espinos crecieron y la sofocaron…
– en tierra buena: produjo 30, 60, 100 por uno…

Jesús estaba encontrando dificultades en la aceptación de su Palabra.
– Había gente que no creía…
– Había gente que, aunque simpatizase con Jesús, luego se retiraban.
– Había gente que veía el mensaje de Jesús como una amenaza: debían cambiar de vida, alejarse del poder, distribuir las riquezas… Por eso, estaban en contra y tramaban la muerte del propio Jesús.
– Al fin estaban quedando con Él solo algunos discípulos. Hasta ellos tenían sus dudas…  

¿Es que la Palabra de Jesús estaba haciéndose ineficaz?
JESÚS responde con la Parábola: A pesar de los obstáculos, la semilla no pierde su fuerza. Dios lanza su semilla en todas las direcciones, no rechaza:
– ni a los pecadores endurecidos;
– ni a las personas superficiales;
– ni a las personas inmersas en las preocupaciones del mundo (placeres, negocios) … 

El Hombre puede cerrarse a la Palabra de Dios, rechazarla, mas siempre habrá terreno donde producirá 30, 60, 100…
La recepción del evangelio no depende ni de la Semilla, ni del Sembrador, sino de la CALIDAD DE LA TIERRA.
Ante la Palabra de Dios, hay diversos TIPOS DE OYENTES que existían en aquel tiempo y que siguen existiendo hoy:
– Están los que tienen un corazón materialista. Son incluso «muy religiosos», mas dan prioridad a la riqueza y a los bienes de este mundo. Esas preocupaciones son como espinos y zarzas que sofocan la semilla de la Palabra.
– Hay también los que tienen un corazón abierto y disponible.  Ellos acogen la Palabra de Jesús y dan mucho fruto.

La Parábola nos propone TRES PREGUNTAS:
1.- ¿Qué terreno somos nosotros?
Cuestionamos al PREDICADOR («Sembrador») de la Palabra de Dios: “Ha sido largo, ha sido repetitivo… ha sido un pesado…»
¿Qué tal si nos cuestionamos también nuestra actitud de OYENTES?
2.- ¿Qué tipo de sembradores somos?
– ¿Cuidamos nuestro terreno, retiramos las piedras y espinos?
– ¿Mejoramos la semilla que usamos, o ya tiene pasada la caducidad, porque no estudiamos, no nos informamos, no nos actualizamos? (En la catequesis, liturgia, canto, escuela, familia…)
3.- ¿Vale la pena sembrar?
La parábola de Jesús es una Parábola de ESPERANZA: Jesús es el Sembrador, y nosotros también lo somos, junto con Él…
Él siembra en todos los terrenos, incluso en los estériles. Y algunas semillas llegar a germinar…
Lo importante es sembrar el grano de la esperanza.
Sembrar la sonrisa para que resplandezca en torno a nosotros.
Sembrar nuestras energías para enfrentar las batallas de la vida.
Sembrar nuestro valor para levantar el ánimo de los otros.
Sembrar nuestro entusiasmo, nuestra fe, nuestro amor…

El Evangelio de hoy nos asegura que, a pesar del aparente fracaso, el éxito del «Reino» está asegurado; Y el resultado final será algo sorprendente y maravilloso.
Dios nos asegura: “La Palabra de Dios no volverá sin producir su fruto». “Pon la semilla en la tierra, no será en vano.  No te preocupe la cosecha, plantas para el hermano…»

domingo xiv

«Si, Padre, así te ha parecido mejor»

El Mundo de hoy se preocupa en mostrar la grandeza de los Poderosos. Dios demuestra la grandeza de los Humildes. Las Lecturas Bíblicas confirman esta verdad.

La 1ª Lectura describe la llegada del Rey vencedor a Jerusalén. El pueblo aguardaba una entrada triunfal y el profeta Zacarías anuncia una entrada humilde y pacífica, montando no un caballo de guerra, sino un jumento. Esta profecía hace recordar la entrada de Jesús en Jerusalén. El pueblo esperaba un Rey mesiánico poderoso. Y Jesús no se impone por el lujo o por la fuerza de un ejército poderoso, sino montando un borriquillo, llevando a todos la paz. Con este gesto, va a probar que conquistará el corazón de los hombres, con su amor… no por las armas.

En la 2ª Lectura, Pablo enseña que la vida «según la carne» engendra muerte; y que la vida «según el Espíritu», que recibimos en el Bautismo, engendra vida.

El Evangelio narra el retorno de los Apóstoles de la 1ª Misión Apostólica. Los Apóstoles vuelven cansados, pero alegres y exultantes, por haber expulsado hasta los demonios. Jesús los escucha con mucha atención e interés: muchos aceptaron su predicación… otros no… Jesús reza una ORACIÓN DE ALABANZA, porque la propuesta de salvación ha tenido acogida en el corazón de los humildes: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielos y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla.»
Los Grandes y poderosos, los sabios e inteligentes no perciben la presencia del Reino de Dios y no acogen su mensaje… Los Pequeños, los pobres, los humildes… acogerán con entusiasmo su palabra y su Reino. Dios se niega a los doctos ensoberbecidos por la propia ciencia, y se revela a los sencillos, conscientes de su propia pequeñez. Dios goza con los humildes, por pobres y pecadores que sean… y resiste a los soberbios, por más santos que se crean ser.

SÍ, PADRE. Y Jesús añade: “¡SÍ PADRE, así te ha parecido mejor!»
SÍ, PADRE: actitud de Cristo: su vida fue un continuo SÍ PADRE…

  • incluso ahora que deseaba que todos acogiesen la buena nueva…
  • en el huerto de los Olivos…
  • en el Padre Nuestro…

SÍ PADRE debe ser también nuestro camino de Salvación. Es la voluntad de Dios, vivida como se manifiesta en cada momento… Diciendo SÍ PADRE, algo maravilloso va a acontecer. Será el principio de una vida nueva y el origen de un nuevo amor. Quien vive ese SÍ PADRE: encuentra la Paz, que Cristo vino a traer.

Y Jesús hace una INVITACIÓN: «Venid a mí, todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.
Jesús va a quitar la carga pesada que los sabios y doctores habían creado para el pueblo. ¡Hay problemas que no tienen solución, hay dolores que ningún analgésico cura, hay oscuridad donde la luz no penetra! Y Cristo nos repite: «Venid a mí todos que estáis cansados y agobiados… y Yo os aliviaré…»
Solo Él podrá aliviar el peso de nuestros sufrimientos… Cuando los planes de Dios no corresponden a los nuestros, recemos con generosidad: “SÍ, PADRE, así te ha parecido mejor…»

Estoy convencido de que mucha más Paz comenzará a reinar en nuestro corazón… A cambio, Él trae un nuevo modo de vivir en la justicia y misericordia. Cansados y afligidos son todos los que sufren en la vida. Son los pobres de Dios, a los que Jesús dirige su gozosa noticia y entre los cuales Él se siente como uno de ellos.

¡En la vida cuánta miseria humana: ¡cuántos problemas, cuántos sufrimientos, cuánta desilusión y cuánto amor negado!

Señor abre nuestros oídos y nuestros ojos
para que podamos ver y oír lo que es bueno y justo.
Purifica nuestra mente para que podamos entender
el significado profundo de nuestra existencia.
Haz que busquemos la sabiduría que viene de Tí.