trigo y cizaña. DOMINGO XVI. CICLO A

En el mundo de hoy, el BIEN y el MAL caminan juntos. ¿Porqué Dios permite todo esto? ¿Porqué no interviene para castigar a los pecadores?
La Liturgia nos habla de la PACIENCIA DE DIOS y nos invita a convivir con los dos con paciencia y prudencia.

La 1ª Lectura presenta a un Dios indulgente y misericordioso para con los hombres, incluso cuando ellos practican el mal. (Sab 12,13.16-19)
La conquista de la tierra prometida se realizó tras años de guerras. Dios podría haber evitado el sufrimiento, eliminando esos pueblos. Él no tuvo prisa en castigarlos. Ama a todas las personas que creó, aun cuando practiquen el mal.
A veces juzgamos ciertos males como «castigos de Dios». Dios es tolerante y justo, en quien la bondad y la misericordia se sobreponen a la voluntad de castigar. Y nos invita a adoptar la misma actitud.

La 2ª Lectura subraya la Bondad y Misericordia de Dios, afirmando que el Espíritu Santo «viene en ayuda de nuestra debilidad», guiándonos en el camino a la vida plena. (Rom 8,26-27)

El Evangelio destaca la Paciencia de Dios. (Mt 13,24-43) La presencia del «Reino» en el mundo es irreversible y en él todos (buenos y malos) tienen la oportunidad de crecer y madurar. Al volver de la Misión, se nota la Impaciencia de los Apóstoles para con aquellos que no los acogieron:

“¿Quieres que mandemos que baje fuego del cielo para destruirlos?»
– Jesús critica la prisa de los Apóstoles con TRES PARÁBOLAS:

  • el trigo y la cizaña,
  • la semilla de mostaza
  • y la levadura en la masa…

La 1ª PARÁBOLA (del trigo y de la cizaña) revela DOS ACTITUDES:
La Impaciencia de los hombres: «Señor, ¿quieres que arranquemos la cizaña?»
La Paciencia de Dios: «Dejadlos crecer juntos hasta la siega…»
Dios no quiere la destrucción del pecador y la segregación de los malos.
«Dios es misericordioso y paciente, lento a la ira y rico en misericordia» (Sal 85)

En la construcción del Reino, es necesario tener paciencia y esperar la hora cierta para la separación final en la siega.
La «paciencia de Dios» con la cizaña nos invita a rechazar las actitudes de rigidez, intolerancia, incomprensión, venganza, y a contemplar a los hermanos con los ojos benevolentes, comprensivos y pacientes de Dios.
Hasta en nuestras Comunidades cristianas, vemos presente tanta cizaña de desunión, de envidia, de chismorreo… ¿Y cuál es nuestra primera actitud? ¿Arrancar la cizaña?

«Muchas veces, nuestra historia se convirtió en arrancadores de cizaña cuanto debiera haber sido de perdón, de misericordia y de amor.»

 – Olvidamos que el mal y el bien se mezclan en el mundo, en la vida y en el corazón…
 – Olvidamos que el Reino de Dios es un mundo de trigo y de cizaña, de guerra y de paz, de gozo e inquietud…
– Nos olvidamos que la cizaña de hoy podrá convertirse mañana en trigo para Dios…
– Nos olvidamos que hasta dentro de cada uno de nosotros hay trigo y cizaña.
– Y Cristo también hoy continúa repitiendo: «Dejadlos crecer juntos, hasta la siega».

¿Qué dice esta Parábola

– ¿A los LÍDERES de comunidad, que quieren una comunidad perfecta de la noche a la mañana?
– ¿A algunos PADRES, que quieren que los hijos cambien en un abrir y cerrar de ojos?
– ¿A algunos ANIMADORES de movimientos o asociaciones pastorales, que quieren que todo el mundo actúe como ellos?
Es importante saber convivir, en medio de conflictos… Entonces, ¿quedarnos de brazos cruzados pasivamente?

No, las otras dos parábolas complementan el mensaje:
– Debemos ser la SEMILLA DE MOSTAZA, pequeña, insignificante, pero que crece y hasta anidan los pájaros en sus ramas.
– Debemos ser la LEVADURA que fermenta toda la masa de harina, el mundo en que vivimos…
Así estaremos transformando la CIZAÑA en TRIGO. El Reino de Dios ya está presente entre nosotros, aunque mezclado con la cizaña, y pequeño, como la semilla de mostaza, o un poco de levadura… El Reino de Dios no es una “sociedad cerrada» a la que solo tiene acceso un grupo de “buenos” y «perfectos».
Están presentes también “otros”, donde el Amor de Dios va introduciendo un dinamismo de conversión, de transformación, de vida nueva.

¿Y NOSOTROS?  

– ¿Somos TRIGO LIMPIO: de amor, dedicación y colaboración
– o tal vez CIZAÑA de odio, discordia y calumnia?…
Un modo de ayudar a cambiar el mundo del mal por uno de bien es que sembremos siempre trigo y nunca cizaña. Solo con la vivencia del Evangelio se puede cambiar el mundo.

EL SEMBRADOR. DOMINGO XV. TIEMPO ORDINARIO.

La Liturgia de este domingo nos convida a reflexionar sobre la importancia de la PALABRA DE DIOS y nos exhorta a ser una «tierra buena» que acoja la Palabra y produzca frutos abundantes en la vida de cada día.

En la 1ª Lectura, el Profeta compara la Palabra de Dios a la LLUVIA. “No volverá, sin que haga mi voluntad«. (Is 55,10-11)
Al Pueblo en el exilio, ya cansado y desilusionado de volver a su tierra, el profeta anuncia que Dios es siempre fiel a sus promesas. Su Palabra es como la lluvia y la nieve: caen del cielo y no vuelven sin haber producido el efecto. Dios no olvida a su pueblo, su Palabra nunca falla.

En la 2ª Lectura, Pablo enseña que el tiempo de la sementera siempre es difícil, se sufre con el dolor y la espera, mas no se trata de un grito de muerte, sino del inicio de una nueva vida que va llegando. (Rom 8,18-23)

En el Evangelio, con la Parábola de la SEMILLA y del SEMBRADOR, vemos que el fruto de la Palabra de Dios depende de la calidad de la tierra. (Mt 13,1-23).

Con esta parábola, Mateo inicia el 3er Discurso de Cristo: las siete Parábolas del REINO.

“Salió el Sembrador a sembrar… la semilla». Parte cayó:

– en el camino… los pájaros vinieron y se la comieron…
– en terreno pedregoso: brotó y luego se secó.
– en medio de los espinos: los espinos crecieron y la sofocaron…
– en tierra buena: produjo 30, 60, 100 por uno…

Jesús estaba encontrando dificultades en la aceptación de su Palabra.
– Había gente que no creía…
– Había gente que, aunque simpatizase con Jesús, luego se retiraban.
– Había gente que veía el mensaje de Jesús como una amenaza: debían cambiar de vida, alejarse del poder, distribuir las riquezas… Por eso, estaban en contra y tramaban la muerte del propio Jesús.
– Al fin estaban quedando con Él solo algunos discípulos. Hasta ellos tenían sus dudas…  

¿Es que la Palabra de Jesús estaba haciéndose ineficaz?
JESÚS responde con la Parábola: A pesar de los obstáculos, la semilla no pierde su fuerza. Dios lanza su semilla en todas las direcciones, no rechaza:
– ni a los pecadores endurecidos;
– ni a las personas superficiales;
– ni a las personas inmersas en las preocupaciones del mundo (placeres, negocios) … 

El Hombre puede cerrarse a la Palabra de Dios, rechazarla, mas siempre habrá terreno donde producirá 30, 60, 100…
La recepción del evangelio no depende ni de la Semilla, ni del Sembrador, sino de la CALIDAD DE LA TIERRA.
Ante la Palabra de Dios, hay diversos TIPOS DE OYENTES que existían en aquel tiempo y que siguen existiendo hoy:
– Están los que tienen un corazón materialista. Son incluso «muy religiosos», mas dan prioridad a la riqueza y a los bienes de este mundo. Esas preocupaciones son como espinos y zarzas que sofocan la semilla de la Palabra.
– Hay también los que tienen un corazón abierto y disponible.  Ellos acogen la Palabra de Jesús y dan mucho fruto.

La Parábola nos propone TRES PREGUNTAS:
1.- ¿Qué terreno somos nosotros?
Cuestionamos al PREDICADOR («Sembrador») de la Palabra de Dios: “Ha sido largo, ha sido repetitivo… ha sido un pesado…»
¿Qué tal si nos cuestionamos también nuestra actitud de OYENTES?
2.- ¿Qué tipo de sembradores somos?
– ¿Cuidamos nuestro terreno, retiramos las piedras y espinos?
– ¿Mejoramos la semilla que usamos, o ya tiene pasada la caducidad, porque no estudiamos, no nos informamos, no nos actualizamos? (En la catequesis, liturgia, canto, escuela, familia…)
3.- ¿Vale la pena sembrar?
La parábola de Jesús es una Parábola de ESPERANZA: Jesús es el Sembrador, y nosotros también lo somos, junto con Él…
Él siembra en todos los terrenos, incluso en los estériles. Y algunas semillas llegar a germinar…
Lo importante es sembrar el grano de la esperanza.
Sembrar la sonrisa para que resplandezca en torno a nosotros.
Sembrar nuestras energías para enfrentar las batallas de la vida.
Sembrar nuestro valor para levantar el ánimo de los otros.
Sembrar nuestro entusiasmo, nuestra fe, nuestro amor…

El Evangelio de hoy nos asegura que, a pesar del aparente fracaso, el éxito del «Reino» está asegurado; Y el resultado final será algo sorprendente y maravilloso.
Dios nos asegura: “La Palabra de Dios no volverá sin producir su fruto». “Pon la semilla en la tierra, no será en vano.  No te preocupe la cosecha, plantas para el hermano…»

domingo xiv

«Si, Padre, así te ha parecido mejor»

El Mundo de hoy se preocupa en mostrar la grandeza de los Poderosos. Dios demuestra la grandeza de los Humildes. Las Lecturas Bíblicas confirman esta verdad.

La 1ª Lectura describe la llegada del Rey vencedor a Jerusalén. El pueblo aguardaba una entrada triunfal y el profeta Zacarías anuncia una entrada humilde y pacífica, montando no un caballo de guerra, sino un jumento. Esta profecía hace recordar la entrada de Jesús en Jerusalén. El pueblo esperaba un Rey mesiánico poderoso. Y Jesús no se impone por el lujo o por la fuerza de un ejército poderoso, sino montando un borriquillo, llevando a todos la paz. Con este gesto, va a probar que conquistará el corazón de los hombres, con su amor… no por las armas.

En la 2ª Lectura, Pablo enseña que la vida «según la carne» engendra muerte; y que la vida «según el Espíritu», que recibimos en el Bautismo, engendra vida.

El Evangelio narra el retorno de los Apóstoles de la 1ª Misión Apostólica. Los Apóstoles vuelven cansados, pero alegres y exultantes, por haber expulsado hasta los demonios. Jesús los escucha con mucha atención e interés: muchos aceptaron su predicación… otros no… Jesús reza una ORACIÓN DE ALABANZA, porque la propuesta de salvación ha tenido acogida en el corazón de los humildes: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielos y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla.»
Los Grandes y poderosos, los sabios e inteligentes no perciben la presencia del Reino de Dios y no acogen su mensaje… Los Pequeños, los pobres, los humildes… acogerán con entusiasmo su palabra y su Reino. Dios se niega a los doctos ensoberbecidos por la propia ciencia, y se revela a los sencillos, conscientes de su propia pequeñez. Dios goza con los humildes, por pobres y pecadores que sean… y resiste a los soberbios, por más santos que se crean ser.

SÍ, PADRE. Y Jesús añade: “¡SÍ PADRE, así te ha parecido mejor!»
SÍ, PADRE: actitud de Cristo: su vida fue un continuo SÍ PADRE…

  • incluso ahora que deseaba que todos acogiesen la buena nueva…
  • en el huerto de los Olivos…
  • en el Padre Nuestro…

SÍ PADRE debe ser también nuestro camino de Salvación. Es la voluntad de Dios, vivida como se manifiesta en cada momento… Diciendo SÍ PADRE, algo maravilloso va a acontecer. Será el principio de una vida nueva y el origen de un nuevo amor. Quien vive ese SÍ PADRE: encuentra la Paz, que Cristo vino a traer.

Y Jesús hace una INVITACIÓN: «Venid a mí, todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.
Jesús va a quitar la carga pesada que los sabios y doctores habían creado para el pueblo. ¡Hay problemas que no tienen solución, hay dolores que ningún analgésico cura, hay oscuridad donde la luz no penetra! Y Cristo nos repite: «Venid a mí todos que estáis cansados y agobiados… y Yo os aliviaré…»
Solo Él podrá aliviar el peso de nuestros sufrimientos… Cuando los planes de Dios no corresponden a los nuestros, recemos con generosidad: “SÍ, PADRE, así te ha parecido mejor…»

Estoy convencido de que mucha más Paz comenzará a reinar en nuestro corazón… A cambio, Él trae un nuevo modo de vivir en la justicia y misericordia. Cansados y afligidos son todos los que sufren en la vida. Son los pobres de Dios, a los que Jesús dirige su gozosa noticia y entre los cuales Él se siente como uno de ellos.

¡En la vida cuánta miseria humana: ¡cuántos problemas, cuántos sufrimientos, cuánta desilusión y cuánto amor negado!

Señor abre nuestros oídos y nuestros ojos
para que podamos ver y oír lo que es bueno y justo.
Purifica nuestra mente para que podamos entender
el significado profundo de nuestra existencia.
Haz que busquemos la sabiduría que viene de Tí.

EL PAN COMPARTIDO. DOMINGO XVIII. CICLO A

Alrededor de una mesa, acontecen hechos importantes de las personas y de los pueblos… Son momentos de encuentro, de fraternidad, de comunión… Se comunica la alegría de un nacimiento o de un matrimonio; se fortalece la amistad, se establecen contactos de trabajo y se celebran ritos oficiales.

La Liturgia nos convida a sentarnos a la mesa, que el propio Dios ha preparado, y donde nos ofrece el alimento, que sacia nuestra hambre de vida, de felicidad, de eternidad.

En la 1ª lectura, Dios convida a una MESA abundante y gratuita al pueblo hambriento y que sufría, que estaba en el exilio. «Venid a saciar la sed y a comprar sin tener dinero, a comer sin pagar, a beber vino y leche de balde». (Is 55,1-3). Era la llamada del profeta para que el Pueblo se animase a volver a la tierra de su origen, para recomenzar una vida nueva. Sería el banquete de la vida en libertad, de la tierra repartida, de la vivienda garantizada, de la salud, de la paz y del bienestar.

La 2ª Lectura es un Himno al amor de Dios, que envió al mundo a su proprio Hijo, para convidarnos al BANQUETE de la vida eterna. (Rom 8,35.37-39).

El DESIERTO, para Israel, era el lugar del encuentro con Dios. Allí, Israel aprendió a despojarse de sus seguridades humanas y descubrir en cada paso la maravillosa protección del Señor. El desierto es el lugar y el tiempo de compartir, en que todos cuentan con la solidaridad de la Comunidad.

 PASOS de Jesús para resolver el problema del hambre:

  1. VE el “hambre“ y busca en la comunidad la solución del problema. Los discípulos buscan la solución más fácil, despidiendo al pueblo, Jesús les ordena: «Dadles vosotros de comer». ¡Cuántos “hambrientos» de pan, de alegría, de apoyo, de esperanza!…
  2. Enseña CÓMO dar respuesta a este desafío: COMPARTIENDO. Recoge los «5 panes y 2 peces», recita la bendición y manda repartir. Todos comieron, quedaron saciados y … hasta sobró.

Dios convida a TODOS al «Banquete“ del Reino… Los que viven al margen de la vida y de la historia, los que tienen hambre de amor y de justicia, los que viven atrapados en la desesperación, los que el mundo condena y margina, los que no tienen pan en la mesa, ni paz en el corazón, también están convidados a la Mesa del Reino.

 Jesús nos compromete con el “hambre» del mundo.

– El hambre es compañera cruel de millones de hijos de Dios… Casi dos tercios de la humanidad pasa hambre…

– Los APÓSTOLES encontraron la solución más fácil: «Despide a la multitud»: “Mándalos a casa».

– JESÚS no se queda en una mera «compasión»: Cura los enfermos, Ilumina al pueblo con su palabra, comparte con ellos el pan, se entrega personalmente a ellos como el Pan de la Vida… Cuando los Apóstoles hablan de «comprar», Jesús manda «dar»: «Dadles vosotros de comer…»

– NOSOTROS también somos responsables del hambre en el mundo… ¡Ningún cristiano puede ser ajeno a esta triste realidad!… El problema del hambre en el mundo tampoco se resuelve solo con programas de asistencia, sino compartiendo, con el amor. El milagro de la participación puede acontecer cuando todos ofrecen en la medida de lo poco que tienen. No se trata de cantidad, sino de la generosidad que permite la realización del milagro.

Y el milagro de compartir no se queda en las cosas materiales. Muchos necesitan un poco de nuestro tiempo, de una mirada, de un abrazo, de una visita…

Jesús nos convida a sentar a la MESA y recibir el Pan que Él ofrece. La narración tiene un contexto eucarístico. Sentarse a la mesa con Jesús es comprometerse con la dinámica del Reino y es asumir la lógica del compartir, del amor, del servicio.

Celebrar la Eucaristía nos obliga a luchar contra las desigualdades, los sistemas de explotación, los despilfarros… Cuando celebramos la Eucaristía, hacemos a Jesús presente en el mundo, haciendo que su Reino se convierta en una realidad viva en la historia.

«Quien os recibe, a mi me recibe». Domingo 13º del Tiempo Ordinario – Ciclo A

La Liturgia de hoy trata algunos aspectos del DISCIPULADO. Discípulo es todo aquel que, por el Bautismo, se identifica con Jesús, hace de Jesús su referencia y lo sigue.
La Misión del discípulo es hacer presente en la historia y en el tempo el proyecto de salvación que Dios tiene para los hombres.

La 1ª Lectura muestra cómo TODOS pueden ser discípulos, colaborando en la obra de la  salvación. (2R4,8-11.14-16). Un matrimonio de Sunam sin hijos invita con insistencia al Profeta Eliseo a comer en su casa y acabaron preparándole incluso un cuarto para hospedarlo siempre que pasara por allí. Lo hicieron porque reconocían a Eliseo como un “Hombre de Dios». Y el profeta en recompensa de la generosa hospitalidad, les prometió, que a pesar de la edad avanzada, tendrían un hijo… Algunos años después, ese hijo llegó a fallecer. Podemos imaginar el profundo dolor de los padres. El Profeta se dirige hacia allí y devuelve a aquella madre generosa el hijo nuevamente con vida. La hospitalidad y la acogida son una fuente de Vida y de Bendición. Dios no deja de recompensar a los que colaboran con Él.
– ¿Cómo recibimos en nuestra casa, en nuestras comunidades a aquellos que vienen en nombre de Dios?
– ¿Procuramos ver en ellos un «Hombre de Dios», que también necesita de nuestra hospitalidad, un lugar en nuestra vida, en nuestro corazón, en nuestra amistad?

En la 2ª Lectura, Pablo exhorta a vivir la plenitud del Bautismo, muriendo al pecado y viviendo para Dios en Cristo.(Rom 6,3-4.8-11).

El Evangelio es una catequesis sobre el DISCIPULADO. (Mt 10,37-42). Es el final del Discurso del envío de los discípulos en «MISIÓN». Es una especie de «Manual del Misionero cristiano», destinado a revitalizar la acción misionera de la Comunidad. El Camino del discípulo es acoger y seguir a Cristo en el camino del amor y de la entrega.

En la 1ª parte, aparecen las Exigencias que Jesús propone a sus seguidores. Exige una actitud radical. Nuestro compromiso para con Él debe estar encima de todo, aun del amor sagrado para con nuestros padres. Para entender mejor, es bueno recordar la situación vivida por los cristianos de la comunidad de Mateo… Para ser fieles a Cristo, debían enfrentarse a persecuciones. Eran expulsados de la Sinagoga, quedaban excluidos del pueblo de Israel y debían ser repudiados hasta por sus mismos familiares. Jesús ya había avisado que el discípulo debía estar dispuesto a todo: “El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí..
También hoy, ante ciertas resistencias, muchas personas piensan que, para contar con grandes números en su filas, la Iglesia debería facilitar las cosas, y suavizar la radicalidad del evangelio y de los valores de Cristo.
– ¿Será que Cristo prefiere cantidad o calidad? En la 2ª parte Mateo sugiere que toda Comunidad debe anunciar a Jesús y tendrán una recompensa los que acojan a los mensajeros del Evangelio: “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí; y que me recibe, recibe al que me ha enviado”. “El que dé a beber un vaso de agua fresca a uno de estos pobrecitos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga».
Todos los cristianos tienen como misión anunciar el Evangelio de Jesús. Y esos misioneros» que testimonian la Buena Nueva y que entregan la vida al servicio del «Reino» deben ser acogidos con entusiasmo, con generosidad y amor.
¿Quiénes son los enviados de Dios, hoy?  
– Conocemos muchas personas en nuestras comunidades que se dedican con generosidad y gratuidad al servicio de los hermanos, visitando enfermos, en la Catequesis, en la Liturgia y en otras actividades pastorales. Esas personas generosas también tienen familia, tienen un empleo… ¿Se sienten reconocidas y apoyadas en la comunidad  o son injustamente criticadas, víctimas de envidias e de chismes?
– Conocemos también sacerdotes y religiosas que actúan en nuestro medio. ¿Cuál es nuestra actitud para con ellos? ¿Les damos nuestro apoyo y colaboración, viendo en ellos, más allá de sus cualidades y defectos de toda persona, un «hombre de Dios», para ser un instrumento de salvación? ¿Se sienten he hecho miembros de todas las familias cristianas, o tal vez personas extrañas?
Nuestra hospitalidad y colaboración no tienen sentido cuando lo hacemos por criterios puramente humanos, o peor, por interés personal. Sólo tienen sentido cuando animada por el espíritu de fe, como la pareja de la 1ª lectura: porque vieron en el profeta Eliseo un «Hombre de Dios…»
Cristo nos asegura: “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe al Padre que me ha enviado».  

Domingo XII. Tiempo ordinario

NO TENGÁIS MIEDO

Dios llama y envía personas para realizar su Plan de Salvación. Las lecturas de hoy hablan de las dificultades que los discípulos van a encontrar para ser fieles a esa llamada, mas aseguran también que el amor de Dios no nos abandona.

La 1ª Lectura Presenta el drama vivido por el profeta JEREMÍAS. Por ser fiel a su misión, experimenta persecución, soledad y abandono. Sin embargo, no deja de confiar en Dios. (Jr 20,10-13). Tuve miedo y resistí:
“Mira, Señor, yo no sé hablar, soy todavía un niño».
– Y el Señor no desiste: “A donde yo te envíe, irás; y lo que yo te mande, hablarás: no tengas MIEDO, pues yo estaré contigo para ayudarte».
Acogiendo el mandato, Jeremías va a Jerusalén y ante el templo pronuncia un discurso violento: acusa a las autoridades, y predice la destrucción del templo de Jerusalén.
La reacción fue inmediata:  fue arrestado incomunicado en una cruel prisión… Considerado un «Profeta de desgracias», se sintió rechazado por el pueblo y abandonado por su propia familia…
Las Lamentaciones de Jeremías son verdaderos arrebatos del profeta en su amargura. Mas no deja de confiar en Dios y exclama: «Tú Señor estás conmigo»… Él sabe que Dios nunca abandona a aquellos que buscan testimoniar en el mundo sus propuestas, con valentía y verdad.

En la 2ª Lectura, Pablo afirma que para la salvación lo esencial no es cumplir la Ley de Moisés, sino acoger el ofrecimiento de Salvación que Dios hace a todos por Jesús. (Rom 5,12-15).

El Evangelio Continúa el “Discurso Apostólico». (Mt 10,26-33). Son recomendaciones al enviar a los apóstoles en Misión. El tema central es la afirmación «no tengáis miedo», repetido tres veces.  Y señala tres tipos de miedo, que podrán encontrar:
1.- Miedo del fracaso: Jesús asegura: A pesar de las provocaciones y dificultades, su mensaje se difundirá y transformará el mundo…
2.- Miedo de la muerte: Jesús afirma que la muerte física no es lo decisivo, sino perder la vida definitiva.
3.- Miedo por la supervivencia: Jesús invita a los discípulos a tener confianza en la Providencia.

Dos imágenes ilustran la solicitud de Dios: Los pájaros de que Dios cuida y los cabellos que Dios cuenta… Si Dios cuida los pájaros… tanto más de los discípulos de su Hijo…
El Miedo todavía nos acompaña:

  • Por Miedo, la persona se cierra dentro de su pequeño mundo, se aísla de la sociedad.
  • Por Miedo, levanta muros protectores cada vez más altos, se crean condominios más cerrados y seguros, como si eso resolviese el problema del miedo.
  • Miedo de la enfermedad… del desempleo… El MIEDO es también gran impedimento para el anuncio del Evangelio y a la profesión de fe.
  • Por Miedo de ser criticados, muchos dejan de anunciar las maravillas del Reino.
  • Por Miedo o vergüenza, muchos se inhiben ante los criterios en boga sobre el amor y la familia, sexo y matrimonio, matrimonio y divorcio, vida y aborto, educación y libertad, dinero y derechos humanos. Y cuando los principios de la moral cristiana son tachados de anticuados, quedan asustados, confusos, desorientados…
  • Y por miedo se callan y ceden al viejo respeto humano…

Y el Evangelio termina con:
1.- Una promesa: “Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo.”
2.- Y una advertencia: “Si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo”. La Palabra de Dios de hoy nos invita a no tener miedo. Nos estimula a tener la valentía de nuestras ideas, la intrepidez de la fe, el valor del anuncio cristiano, del testimonio… el coraje de la verdad.
Él nos asegura: «No tengáis miedo, Yo he vencido al mundo». Y con Él también nosotros venceremos…

En este mundo vosotros tendréis aflicciones; con todo, ¡tened ánimo! Yo he vencido al mundo.

solemnidad de Corpus Christi

La solemnidad de Corpus Christi, queremos recordar que los actos redentores de Cristo, que culminan en su muerte y resurrección, se actualizan en la Eucaristía, celebrada por el Pueblo de Dios y presidida por el ministro ordenado.
Por eso, redescubrir la Eucaristía en su plenitud es redescubrir a CRISTO. Hoy queremos agradecer este gran don, que Cristo nos dio. Alrededor del altar se construye la comunidad cristiana y la vida comunitaria.  
La Eucaristía es la síntesis espiritual de la Iglesia, la plenitud de comunión del hombre con Dios, fuente de los valores eternos y experiencia profunda de lo divino.
Participar de la eucaristía dominical es señal inequívoca de identidad cristiana y de pertenencia a la Iglesia.
Por eso, la Misa es el momento privilegiado que posibilita el encuentro con Dios a niveles de fe y de compromiso humano.

Las lecturas reflejan el sentido de la Eucaristía.

En la 1ª Lectura, Moisés explica el sentido del MANÁ enviado por Dios para alimentar al Pueblo en el camino del desierto. “El Señor te alimentó con el Maná, para enseñarte que no solo de pan vive el hombre, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios».  (Dt 8,2-23.14b-16a).
El maná es memorial de la acción de Dios en el pasado y anuncio profético de un nuevo Pan, que Jesús prometió a los hombres: su Palabra y su Cuerpo. 
El amor de Dios manifestado en el pasado, es garantía para el presente y el futuro

En la 2ª Lectura, el apóstol afirma que formamos en Cristo UN SOLO CUERPO.

La Eucaristía no celebra solo nuestra unión con Dios y nuestra identificación con Cristo; celebra también la unión con los hermanos: “El pan es uno solo, así nosotros, aunque somos muchos, somos un solo cuerpo». (1Cor 10, 16-17).

El Evangelio presenta el final del Discurso del PAN DE LA VIDA. “Yo soy el pan vivo, que ha bajado del cielo; el que come de este pan vivirá para siempre». (Jn 6,51-58).
Jesús hace un gran milagro: multiplicó los panes y los peces, para alimentar una multitud de personas. Jesús quería introducir un gran mensaje: “Él dará otro pan».
El pan del cielo es la Palabra de Dios, el mensaje del Padre que Jesús vino a traer.
Esta palabra es para los hombres verdadero pan de la vida.
Mas para que esa Palabra se transforme en vida, debe encarnarse en las personas, debe hacerse concreta, visible.
La encarnación perfecta de esta Palabra es Jesús.

  • Cuando nosotros comemos un pan material, es asimilado, se convierte en parte de nosotros mismos, se transforma en nuestra propia carne.
  • Jesús dice que el Pan es Él mismo. Es su persona que debe ser comida, que debe ser asimilada.

Comulgar el Cuerpo de Cristo significa:

ASIMILAR la realidad humana de Cristo e IDENTIFICARSE con Él en el cumplimiento de la voluntad del Padre.
Significa ofrecer nuestra persona, para que Él pueda continuar viviendo, sufriendo, y donándose y resucitando en nosotros.
Para producir resultado, la Eucaristía debe ser recibida con fe, con la disposición de dejarse transformar en la persona de Jesús.

 El sentido de la Fiesta:
La Iglesia reconoce en este signo sacramental al propio Jesús, que continúa presente, vivo y activo en medio de nosotros. «El cual, mientras comía con sus apóstoles en la última cena, y para perpetuar el memorial salvífico de la Cruz, se ofreció a ti como Cordero inmaculado, y culto de la perfecta alabanza…” …Por este venerable misterio alimentas y santificas a tus fieles, a fin de que todos los hombres que conviven en un mismo mundo, sean iluminados por una misma fe y congregados en una misma caridad. Por tanto, nos acercamos a la mesa de tan admirable sacramento, para que llenos de la suavidad de tu gracia seamos transformados en el hombre celestial..” (Prefacio).

El Jueves Santo la Iglesia celebra la institución de la Eucaristía. Mas en la solemnidad de Corpus Christi están presentes otros factores que justifican su existencia en el calendario litúrgico anual.

  • Es una celebración más festiva y alegre de la Eucaristía.
  • Es una manifestación pública de le fe en la Eucaristía en que está presente el hecho afectivo de la devoción eucarística. Por ello la costumbre de hacer la procesión por las calles.

 El Sentido de la Adoración:

Adorar quiere decir colocarse ante el pan partido, que nos hace presente la vida de Jesús, partido por amor a los hombres y ver cómo, dónde, cuándo podemos realizar alguna cosa semejante. Solo cuando nos mantenemos en esta disposición de dejarnos transformar en la persona de Jesús, podemos realmente afirmar que toda nuestra vida está iluminada por la Eucaristía.

Fiesta de la Santísima Trinidad. Ciclo A

Celebramos hoy la fiesta de la Santísima Trinidad. Esta fiesta no es una invitación a descifrar el «Misterio», que se esconde tras la afirmación de “un Dios en tres personas», sino una oportunidad para contemplar a nuestro Dios, y purificar nuestro corazón de las falsas ideas sobre Dios.
El Dios cristiano no es solitario, es amor, familia, comunidad y creó los hombres para hacerlos comulgar en ese misterio de amor. No es fácil hablar de Dios… por su grandeza, por nuestra pequeñez y por las ideas que nos enseñaron en la infancia, de que ese «Misterio» es una cosa difícil que no podemos entender.
Este Misterio es tan sublime que nunca podremos comprender en su plenitud, mas podemos y debemos crecer en su conocimiento… La Biblia es una continua y progresiva revelación de Dios. Y este Misterio solo fue revelado por el proprio Cristo.

Las lecturas de hoy profundizan el tema:

En la 1ª Lectura, Dios se revela a Moisés como el Dios del amor y de la misericordia, el Dios próximo que viene al encuentro del hombre. (Ex 34,4b-6;8-9).
Moisés intercede por el pueblo, que se había apartado de Dios y de la Alianza. «Perdona nuestros pecados… Camina con nosotros…» Y Dios renueva la Alianza con Israel. Dios es fiel, a pesar de la infidelidad de Israel. El Antiguo Testamento no tenía conocimiento del Misterio de la Trinidad.
Lo más importante en esa etapa de la revelación era la UNICIDAD y ESPIRITUALIDAD de Dios, así como sus atributos de OMNIPOTENCIA y MISERICORDIA, como nos muestra el texto de hoy.  

La 2ª Lectura muestra que Dios es un Dios próximo, permanece siempre «con-nosotros” y es para con nosotros gracia, paz y comunión.
Pablo saluda a los primeros cristianos con una fórmula trinitaria, que repetimos aún hoy en el inicio de las Misas: “La gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros».  (2Cor 13,11-13).
Ese saludo atribuye a cada persona de la Trinidad un don o una función, aunque toda acción salvadora sea común en la Santísima Trinidad:

  • El PADRE es aquel que tomó la iniciativa de salvar a los hombres, destinándolos a una felicidad eterna, en su familia;
  • El HIJO es aquel que realizó esa obra de salvación, con su venida al mundo y su fidelidad hasta la muerte;
  • El ESPÍRITU, el Amor que une al Padre con el Hijo, es aquel que fue infundido en el corazón de todos los cristianos en el Bautismo.

El Evangelio muestra a un Dios que salva. (Jn 3,16-18). Dios se reveló al mundo por medio de su Hijo. Cristo es el lugar de encuentro de Dios con el hombre y del hombre con Dios. Quien cree en el Hijo se salva.

  • «EL QUE NO CREE, YA ESTÁ CONDENADO». Según Juan, el juicio se hace AHORA por el proprio hombre, cuando acoge o rechaza la propuesta de salvación que Dios le hace.
  • ¿Por qué ha revelado Dios este Misterio?
    • No ha sido para crearnos un problema de comprensión. Porque nos ama, Él nos revela los secretos de la vida divina y nos introduce en su familia.
    • En nosotros está el PADRE, que nos ha llamado de la nada, nos ha dado el soplo de la vida, nos ha dado un nombre, nos ha confiado una misión.
    • En nosotros está el HIJO, que entregó su vida por nosotros.
    • En nosotros está el ESPÍRITU SANTO que nos ilumina y fortalece en los caminos de Dios. Y toda esta maravilla vino hasta nosotros por el BAUTISMO.

Es una dignidad, que debe provocar en nosotros tres actitudes:

  1. ADORACIÓN: ¿Cómo no dar gloria, bendecir y agradecer al huésped divino, que hace de nuestra alma un verdadero Santuario?
  2. AMOR: Dios, queda con nosotros como un padre amoroso. ¡Cómo no corresponder?
  3. IMITACIÓN: El Amor nos llevará a la imitación de la Trinidad, dentro de lo posible de nuestra pequeñez…

¿Por qué esta Fiesta?

No es tanto para desarrollar la doctrina de la Trinidad, misterio central de nuestra fe y de nuestra vida cristiana, sino un momento para recordar de dónde venimos y la comunión que debemos restaurar en nosotros, para que seamos realmente su imagen y semejanza. Estamos llamados a ser espejos de la Santísima Trinidad, signos de comunión, de participación y esperanza, en un mundo tan dividido, individualista y desesperanzado.