DOMINGO 29 DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B

UNA IGLESIA DE SERVIDORES Y SINODAL

Ven, Espíritu Santo. Tú que suscitas lenguas nuevas y pones en los labios palabras de vida, líbranos de convertirnos en una Iglesia de museo, hermosa pero muda, con mucho pasado y poco futuro. Ven en medio de nosotros, para que en la experiencia sinodal no nos dejemos abrumar por el desencanto, no diluyamos la profecía, no terminemos por reducirlo todo a discusiones estériles. Ven, Espíritu Santo de amor, dispón nuestros corazones a la escucha. Ven, Espíritu de santidad, renueva al santo Pueblo fiel de Dios. Ven, Espíritu creador, renueva la faz de la tierra. Amén (Papa Francisco ).

                El primer conflicto serio de la Iglesia tuvo lugar ante los propios ojos de Jesús: dos de sus discípulos contra diez, y diez contra dos . El motivo no fue una discusión teológica o el rechazo de algún dogma, sino la ambición de poder, la lucha por los primeros puestos. Fue el comienzo de una dolorosa y repetida historia de división y conflictos, a menudo desencadenados por rivalidades y envidias. Cuando alguien quiere dominar, imponerse sobre los demás, el grupo se desmorona: nacen enfrentamientos, con una violencia más o menos explícita, y muchos terminan optando por la pasividad o la indiferencia o el alejamiento de la Iglesia.

                Jesús constituyó a los Doce para que fueran signo de una nueva sociedad, en la que sea abolida toda pretensión de dominio, y se cultive una sola ambiciónla de servir a los más pobres, a los más frágiles. Tarea difícil. La mentalidad de este mundo se infiltró muy pronto en la Iglesia, con sus criterios mundanos de dominar, de afán de poseer, de enseñorearse sobre los demás, de intentar algunos imponer -incluso con malas artes-  sus criterios y opiniones. Y aparecieron los títulos y cargos, las vestiduras nobles para indicar el «rango» jerárquico y distinguirse del resto de los bautizados, los tronos, los pactos de poder, las influencias políticas…

                Jesús va de camino a Jerusalem con paso firme y decidido. Sus discípulos le siguen temerosos y apesadumbrados porque ya en dos ocasiones el Maestro les ha subrayado cuál será la meta del viaje. En los versículos inmediatamente anteriores a la lectura de hoy, les había anunciado por tercera vez lo que le espera en la Ciudad Santa: será insultado, condenado a muerte, azotado y matado (vv. 32-34). Resulta incomprensible que, después de escucharlo tan claramente,  los discípulos sigan esperando que Jesús vaya a Jerusalem para comenzar el «tiempo mesiánico», entendido como un reino de este mundo. Les preocupa más bien lo que sucederá después. Sus sueños de gloria no se detienen ni siquiera ante la muerte de Jesús. Es el deseo de poder y de reservarse los puestos de honor lo que ocupa sus mentes y sus corazones.

                Santiago y Juan, los dos hijos de Zebedeo, se presentan a Jesús y, delante de todos, sin ninguna discreción ni disimulo, y le dicen: “¡Queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir!”. Parece que se sintieran con algún derecho, y por encima del resto del grupo para plantear semejante petición. No dicen “por favor”, sino que exigen, como reclamando un derecho. Seguramente recordaban que, después del primer anuncio de su pasión (cf. Mc 8,31), Jesús habló del día en que “venga con la gloria de su Padre y acompañado de sus santos ángeles” (Mc 8,38). El resto del discurso se les había «olvidado», no así la palabra «gloria», que Jesús había usado exclusivamente en esta ocasión. Y la conectaron con la enseñanza de los rabinos quienes, refiriéndose al Mesías, aseguraban que “se sentará en el trono de la gloria” para juzgar, y a su lado se sentarán «los justos». Santiago y Juan aspiran a tener algún poder en el cielo, estar en el selecto grupo de los justos.

                Cuando surgen entre sus discípulos pretensiones de honores, privilegios, y deseos de los primeros puestos, Jesús nunca se muestra comprensivo ni condescendiente. (cf. Mc 8,33; 9,33-36), y en este caso ha sido duro y severo: “No sabéis lo que estáis pidiendo”. Sí que sabéis que “entre los paganos los que son tenidos por gobernantes dominan a las naciones como si fueran sus dueños y los poderosos imponen su autoridad”. Los discípulos conocen cómo ejercen la autoridad los líderes políticos y religiosos, los rabinos, escribas y sacerdotes del templo: dan órdenes, reclaman privilegios, exigen ser venerados según los protocolos;  hay que arrodillarse ante ellos, besarles la mano, dirigirse a ellos con los títulos y reverencias correspondientes a la posición y prestigio de cada uno. ¿Son estas autoridades las que deben inspirar a los discípulos? Jesús les da una orden clara y contundente: “No será así entre vosotros” (v. 43). Ninguno de esos liderazgos  puede ser tomado como ejemplo. El modelo –explica– es el esclavo, el Siervo.

                El Papa Francisco ha recordado varias veces que  el Pueblo de Dios está constituido por todos los bautizados, llamados a un sacerdocio santo. Y que «todo Bautizado, cualquiera que sea su función en la Iglesia y su grado de instrucción de su fe, es un sujeto activo de evangelización y sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores cualificados, en el cual el resto del Pueblo fiel sería solamente receptivo de sus acciones». También el Pueblo posee un «instinto» propio para discernir los nuevos caminos que el Señor abre a la Iglesia. Por eso, el pasado día 10 de Octubre, dio comienzo en Roma el «Sínodo sobre la Sinodalidad», en el que (por primera vez en la historia de la Iglesia) quiere contar con las aportaciones de todos los bautizados. En los próximos días dará comienzo la «fase diocesana» en el reto de la Iglesia.

                Según el documento preparado por la Secretaría del Sínodo: «es una invitación para que cada diócesis se embarque en un camino de profunda renovación como inspirada por la gracia del Espíritu de Dios. Se plantea una cuestión principal: ¿Cómo se realiza hoy en la Iglesia nuestro «caminar juntos» en la sinodalidad? ¿Qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer en nuestro «caminar juntos»? El Sínodo no es un parlamento, ni es un sondeo de las opiniones sino un momento eclesial, y el protagonista del Sínodo es el Espíritu Santo».

   «El objetivo es asegurar la participación del mayor numero posible, para escuchar la voz viva de todo el Pueblo de Dios».
  • «Esto no es posible si no hacemos un esfuerzo especial para llegar activamente a las personas donde se encuentran, especialmente a los que a menudo son excluidos o no participan en la vida de la Iglesia. Debe haber un claro enfoque en la participación de los pobres, marginados vulnerables y excluidos, para escuchar sus voces y experiencias».
  • «El proceso sinodal debe ser sencillo, accesible y acogedor para todos».

                 En su discurso inaugural, el Papa ofrece las tres palabras clave: comunión, participación y misión. El Concilio Vaticano II precisó que la comunión expresa la naturaleza misma de la Iglesia y, al mismo tiempo, afirmó que la Iglesia ha recibido «la misión de anunciar el reino de Cristo y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos, y constituye en la tierra el germen y el principio de ese reino». En el cuerpo eclesial, el único punto de partida, y no puede ser otro, es el Bautismo, nuestro manantial de vida, del que deriva una idéntica dignidad de hijos de Dios, aun en la diferencia de ministerios y carismas. Por eso, todos estamos llamados a participar en la vida y misión de la Iglesia.

                El Sínodo nos ofrece una gran oportunidad para una conversión pastoral en clave misionera y también ecuménica, pero no está exento de algunos riesgos. Y cita tres de ellos:

    El formalismo. Necesitamos los instrumentos y las estructuras que favorezcan el diálogo y la interacción en el Pueblo de Dios, sobre todo entre los sacerdotes y los laicos. A veces hay cierto elitismo en el orden presbiteral que lo hace separarse de los laicos; y el sacerdote al final se vuelve el “dueño del cotarro” y no el pastor de toda una Iglesia que sigue hacia adelante. Esto requiere que transformemos ciertas visiones verticalistas, distorsionadas y parciales de la Iglesia, del ministerio presbiteral, del papel de los laicos, de las responsabilidades eclesiales, de los roles de gobierno, entre otras.
    El intelectualismo: convertir el Sínodo en una especie de grupo de estudio, con intervenciones cultas pero abstractas sobre los problemas de la Iglesia y los males del mundo; una suerte de “hablar por hablar”, alejándose de la realidad del Pueblo santo de Dios y de la vida concreta de las comunidades dispersas por el mundo.
    Y la tentación del inmovilismo. Es mejor no cambiar, puesto que «siempre se ha hecho así». Quienes se mueven en este horizonte, aun sin darse cuenta, caen en el error de no tomar en serio el tiempo en que vivimos. El riesgo es que al final se adopten soluciones viejas para problemas nuevos. 

                 Y termina invitando a que vivamos esta ocasión de encuentro, escucha y reflexión como un tiempo de gracia, que nos permita captar al menos tres oportunidades: encaminarnos estructuralmente hacia una Iglesia sinodal, donde todos se sientan en casa y puedan participar. Para ser Iglesia de la escucha del Espíritu en la adoración y la oración, y escuchar a los hermanos: sus esperanzas y las crisis de la fe en las diversas partes del mundo, las urgencias de renovación de la vida pastoral y las señales que provienen de las realidades locales. Y ser una Iglesia de la cercanía. Volvamos siempre al estilo de Dios, el estilo de Dios es cercanía, compasión y ternura, para que se establezcan mayores lazos de amistad con la sociedad y con el mundo. Una Iglesia que no se separa de la vida, sino que se hace cargo de las fragilidades y las pobrezas de nuestro tiempo, curando las heridas y sanando los corazones quebrantados con el bálsamo de Dios.

El padre Congar recordaba: «No hay que hacer otra Iglesia, pero, en cierto sentido, hay que hacer una Iglesia otra, distinta». 

Os invito a repasar lo aquí escrito, para meditar y orar, dialogar, discernir… aportar lo que nos parezca conveniente y ¡cambiar/convertirnos!. 

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
Imagen de Jose María Morillo
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6 comentarios

  1. No tenia ni idea de que se estuviera celebrando este Sínodo .Gracias por la informacion.
    Ojala que todos tengamos los sentidos bien abiertos a la accion del Espíritu Santo y que aceptamos los resultados con alegría

  2. IGLESIA DE SERVIDORES Y SINODAL

    Quique
    Reflexión muy importante pero compleja y comprometida.
    Preciosa oración del Papa Francisco, al Espíritu Santo. La tengo que rezar y orar muchas veces para sacar toda su riqueza y que vaya haciendo mella en mí.
    Buena idea de hablar de la apertura del Sínodo sobre la Sinodalidad, en el contexto del Evangelio de hoy, y con lo que el pueblo de Dios nos pide.
    Una Iglesia sinodal, donde se viva la comunión, la participación y la misión. Deseos de caminar untos con todo lo que ello conlleva: diálogo, apertura, participación, acogida a la diversidad…
    Siempre hablando de lo mismo, pero no acabamos de aterrizar.
    Pienso, que si nos ponemos a trabajar, tod@s los que nos consideramos cristianos, un poquito, estas actitudes y más que nos propone el Evangelio y el Papa, formaríamos una Iglesia con futuro y al salir de no mismo no tendríamos tiempo para caer en el desencanto y seríamos pequeños profetas de nuestro tiempo.
    Pienso que como los discípulos Santiago y Juan, no me entero de lo que significa el Reino.
    Jesús quería que sus discípulos fueran signo de una sociedad nueva, significativa al servicio de los más “necesitados”- cualquier necesidad y fragilidad.
    Él va de camino a Jerusalén y los discípulos no acaban de enterarse del anuncio de Jesús y lo que significa el Reino: gratuidad y servicio. No se enteran porque sus mentes y sus corazones están puestos en el deseo de poder. ¿Me pasará a mí lo mismo?
    Dos de ellos “exigen”: queremos que hagas lo que te vamos a pedir…Pura predilección.
    ¿Cuántas veces exijo al que se ha abajado hasta nosotros, al que se entregó todo por amor, que me tenga en consideración a cambio de algo o de nada?-
    Jesús quiere manifestar a sus discípulos, que pongan énfasis, en lo que significa el Reino: ser esclavo y siervo. Que osadía hacer ese ruego a Jesús.

    Me llama la atención sobre lo que dice el Papa sobre las discusiones estériles y al margen de sentir de la Iglesia como Pueblo de Dios.
    Esto lo veo claro en el Evangelio de hoy, como tú lo expresas. Cuando alguien quiere dominar, imponerse ante los demás, el grupo se desmorona y vienen los conflictos y las ausencias psicológicas. Jesús interviene y con cercanía y diálogo retoma la situación y la encauza a su querer y sentir, El Reino de Dios.
    Les dice y me dice: “no será así entre vosotros…” Recuerdo la oración de Jesús, en la Cena de despedida: “Padre, no pido que les saques del mundo, sino que les defiendas del maligno”: el poder, la ambición, prestigio…
    Tengo me orar mucho, lo que se desprende de la reflexión, el Reino de Dios es, servicio y gratuidad.
    La coincidencia, o no, de la apertura del Sínodo con su lema, en el encuadre del Evangelio de hoy, me interpela. ¿Qué ambiciono? ¿Lo que el Papa propone como claves o estoy en otros asuntos?
    Estas claves son esenciales, para ser Iglesia con futuro:
    • Comunión, caminar junto al otro, Esto me exige tener gran
    sensibilidad y empatía con los que lo están pasando mal, los
    más frágiles y vulnerables.
    • Participación. No es suficiente la acogida y apertura al
    otro. Tengo que aceptar que con el otro aprendo, él también
    me enseña. Tiene su experiencia, su vida y su visión del
    mundo, de la sociedad, de la Iglesia; quizá más objetiva que
    la mía.
    • Misión: Anuncio del Reino a todos los pueblos. Cada uno
    podemos aportar nuestro granito de arena porque somos hijos
    en el Hijo, por el bautismo
    En este proceso y camino, como bien dices, encontramos riesgos o dificultades: el formalismo, intelectualismo e inmovilismo. Común en muchas estructuras de convivencia.
    Pienso que es una oportunidad para la conversión, fomentar la oración, la adoración sobre todo la escucha a los hermanos y al Espíritu Santo.
    Es necesario vivirlo con la Pedagogía de Dios, hecha realidad en Jesús: cercanía, compasión y ternura, capaz de hacerse cargo de las fragilidades humanas, curar heridas y sanar los corazones rotos.
    Precioso el mensaje de Casaldáliga. Me interroga: ¿Me dejo hacer yo, por el Espíritu Santo?
    Termino orando con el salmo.
    “Que tu misericordia Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de Ti”.

    Teresa G

  3. Carmen Díaz Bautista

    Creo que el Espíritu Santo tiene un trabajo titánico por delante y cada uno de nosotros tenemos que colaborar. Necesitamos cambiar nuestra mentalidad egoísta por otra de humildad y servicio dentro y fuera De la Iglesia..
    Si no se produce una renovación, la Iglesia -que somos todos- tenemos un serio problema; las estructuras jerárquicas, el peso de mitos y tradiciones, los privilegios etc son hoy un lastre para cristianos. En nuestra sociedad cada día hay menos creyentes y muchos culpan a la Iglesia -que tiene sus defectos-, pero no nos culpamos a nosotros por no arrimar el hombro.
    Pido al Espíritu que nos ilumine para crear una sociedad nueva, porque llevamos 2000 años intentándolo y pidiendo que venga a nosotros tu Reino.

    • En los comentarios que hoy hace Quique fundamentalmente van encaminados hacia este Sínodo digamos especial pues por primera vez se quiere hacer partícipe a todos los bautizados.Es decir, que nos lo hace más cercano.
      En verdad en el Evangelio de hoy se demuestra cómo hasta los que estaban al lado de Jesús querían su protagonismo y no sólo en la tierra sino que querían ya «su puesto en el cielo». A Jesús no le gusta nada esta forma de comportarse y valora la humildad y la limpieza de corazón.
      Podríamos decir que uno de los riesgos de este sínodo como dice el Papa Francisco es el formalismo. Donde la relación entre el sacerdote y el laico se mantiene y a veces con intelectualismo donde queda todo muy abstracto y de inmovilismo…queriendo ser como se dice habitualmente «más papista que el Papa»…¿Por qué digo ésto?. Pues porque me imagino a estos dos apóstoles con su ego que aparte de pedir no saben dar. A lo mejor en su mundo interior les puede la soberbia y el orgullo y el Señor quiere limpieza de corazón para que así actualizándolo al Sínodo actual haya comunión entre todos los hombres, participación y saber cada uno la misión encomendada. Hagamos un acto de sinceridad ante Dios. ¿Estoy siendo un bautizado digno y comprometido?. ¿Estoy dando lo que tú Señor me pides?. ¿Me encomiendo al Espiritu Santo para sacar mi vida con fuerza y con la gracia como tú me pides?.
      También se le da el centro de atención a este Espíritu Santo dentro del Sínodo como solución a poder enfocar todos los problemas de nuestros hermanos y que podamos adquirir estos valores de comprensión y ternura para a través de la oración y adoración que se mantenga en nuestras vidas y seamos cristianos de bien.
      Señor, en el día de hoy te pido que a través del Espiritu Santo me ayudes a ser un buen cristiano bautizado y que este Sínodo me sirva para llevarte a todos mis hermanos. Así sea.

  4. Que fácil parece y que difícil es. Fácil por que Cristo nos lo deja claro como el agua; difícil por que estamos tan acostumbrados a lo nuestro, a nuestra tradición y costumbres, a lo bueno y a lo malo, nuestra herencia Platonica nos impide ver a los otros como Servicio, como Salvación, sin ellos va a ser difícil…
    Gracias Enrique, meditare sobre lo escrito, pues pienso que realmente me hace falta.

  5. Mª Carmen Álvarez

    Gran homilía Quique, gran homilía… Conceptos profundos y básicos que el Señor nos deja claros una vez más: Humildad, Amor y Servicio. «Conceptos», «Acciones», «Formas de Vida» que resumen para mi lo que deberíamos intentar grabar a fuego en nuestras vidas y en eso que es lo que creo que pretende este Sínodo, para nuestra Iglesia. Creo que hay MUCHO BUENO en la Iglesia pero al tiempo tantas…, tantas cosas, creencias, prejuicios, anclaje en el pasado, tanta jerarquización, tanta ansia de poder, tanta falta de humildad, tanta predicación que no confluye con el ejemplo, tanta falta de cercanía, que si seguimos así… Sínodo SI, y más que necesario, VITAL.

    Solo un detalle práctico: ¿Cuándo y dónde se realizan las reuniones para poder participar en el Sínodo parroquial?

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