«Quien os recibe, a mi me recibe». Domingo 13º del Tiempo Ordinario – Ciclo A

La Liturgia de hoy trata algunos aspectos del DISCIPULADO. Discípulo es todo aquel que, por el Bautismo, se identifica con Jesús, hace de Jesús su referencia y lo sigue.
La Misión del discípulo es hacer presente en la historia y en el tempo el proyecto de salvación que Dios tiene para los hombres.

La 1ª Lectura muestra cómo TODOS pueden ser discípulos, colaborando en la obra de la  salvación. (2R4,8-11.14-16). Un matrimonio de Sunam sin hijos invita con insistencia al Profeta Eliseo a comer en su casa y acabaron preparándole incluso un cuarto para hospedarlo siempre que pasara por allí. Lo hicieron porque reconocían a Eliseo como un “Hombre de Dios». Y el profeta en recompensa de la generosa hospitalidad, les prometió, que a pesar de la edad avanzada, tendrían un hijo… Algunos años después, ese hijo llegó a fallecer. Podemos imaginar el profundo dolor de los padres. El Profeta se dirige hacia allí y devuelve a aquella madre generosa el hijo nuevamente con vida. La hospitalidad y la acogida son una fuente de Vida y de Bendición. Dios no deja de recompensar a los que colaboran con Él.
– ¿Cómo recibimos en nuestra casa, en nuestras comunidades a aquellos que vienen en nombre de Dios?
– ¿Procuramos ver en ellos un «Hombre de Dios», que también necesita de nuestra hospitalidad, un lugar en nuestra vida, en nuestro corazón, en nuestra amistad?

En la 2ª Lectura, Pablo exhorta a vivir la plenitud del Bautismo, muriendo al pecado y viviendo para Dios en Cristo.(Rom 6,3-4.8-11).

El Evangelio es una catequesis sobre el DISCIPULADO. (Mt 10,37-42). Es el final del Discurso del envío de los discípulos en «MISIÓN». Es una especie de «Manual del Misionero cristiano», destinado a revitalizar la acción misionera de la Comunidad. El Camino del discípulo es acoger y seguir a Cristo en el camino del amor y de la entrega.

En la 1ª parte, aparecen las Exigencias que Jesús propone a sus seguidores. Exige una actitud radical. Nuestro compromiso para con Él debe estar encima de todo, aun del amor sagrado para con nuestros padres. Para entender mejor, es bueno recordar la situación vivida por los cristianos de la comunidad de Mateo… Para ser fieles a Cristo, debían enfrentarse a persecuciones. Eran expulsados de la Sinagoga, quedaban excluidos del pueblo de Israel y debían ser repudiados hasta por sus mismos familiares. Jesús ya había avisado que el discípulo debía estar dispuesto a todo: “El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí..
También hoy, ante ciertas resistencias, muchas personas piensan que, para contar con grandes números en su filas, la Iglesia debería facilitar las cosas, y suavizar la radicalidad del evangelio y de los valores de Cristo.
– ¿Será que Cristo prefiere cantidad o calidad? En la 2ª parte Mateo sugiere que toda Comunidad debe anunciar a Jesús y tendrán una recompensa los que acojan a los mensajeros del Evangelio: “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí; y que me recibe, recibe al que me ha enviado”. “El que dé a beber un vaso de agua fresca a uno de estos pobrecitos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga».
Todos los cristianos tienen como misión anunciar el Evangelio de Jesús. Y esos misioneros» que testimonian la Buena Nueva y que entregan la vida al servicio del «Reino» deben ser acogidos con entusiasmo, con generosidad y amor.
¿Quiénes son los enviados de Dios, hoy?  
– Conocemos muchas personas en nuestras comunidades que se dedican con generosidad y gratuidad al servicio de los hermanos, visitando enfermos, en la Catequesis, en la Liturgia y en otras actividades pastorales. Esas personas generosas también tienen familia, tienen un empleo… ¿Se sienten reconocidas y apoyadas en la comunidad  o son injustamente criticadas, víctimas de envidias e de chismes?
– Conocemos también sacerdotes y religiosas que actúan en nuestro medio. ¿Cuál es nuestra actitud para con ellos? ¿Les damos nuestro apoyo y colaboración, viendo en ellos, más allá de sus cualidades y defectos de toda persona, un «hombre de Dios», para ser un instrumento de salvación? ¿Se sienten he hecho miembros de todas las familias cristianas, o tal vez personas extrañas?
Nuestra hospitalidad y colaboración no tienen sentido cuando lo hacemos por criterios puramente humanos, o peor, por interés personal. Sólo tienen sentido cuando animada por el espíritu de fe, como la pareja de la 1ª lectura: porque vieron en el profeta Eliseo un «Hombre de Dios…»
Cristo nos asegura: “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe al Padre que me ha enviado».  

Domingo XII. Tiempo ordinario

NO TENGÁIS MIEDO

Dios llama y envía personas para realizar su Plan de Salvación. Las lecturas de hoy hablan de las dificultades que los discípulos van a encontrar para ser fieles a esa llamada, mas aseguran también que el amor de Dios no nos abandona.

La 1ª Lectura Presenta el drama vivido por el profeta JEREMÍAS. Por ser fiel a su misión, experimenta persecución, soledad y abandono. Sin embargo, no deja de confiar en Dios. (Jr 20,10-13). Tuve miedo y resistí:
“Mira, Señor, yo no sé hablar, soy todavía un niño».
– Y el Señor no desiste: “A donde yo te envíe, irás; y lo que yo te mande, hablarás: no tengas MIEDO, pues yo estaré contigo para ayudarte».
Acogiendo el mandato, Jeremías va a Jerusalén y ante el templo pronuncia un discurso violento: acusa a las autoridades, y predice la destrucción del templo de Jerusalén.
La reacción fue inmediata:  fue arrestado incomunicado en una cruel prisión… Considerado un «Profeta de desgracias», se sintió rechazado por el pueblo y abandonado por su propia familia…
Las Lamentaciones de Jeremías son verdaderos arrebatos del profeta en su amargura. Mas no deja de confiar en Dios y exclama: «Tú Señor estás conmigo»… Él sabe que Dios nunca abandona a aquellos que buscan testimoniar en el mundo sus propuestas, con valentía y verdad.

En la 2ª Lectura, Pablo afirma que para la salvación lo esencial no es cumplir la Ley de Moisés, sino acoger el ofrecimiento de Salvación que Dios hace a todos por Jesús. (Rom 5,12-15).

El Evangelio Continúa el “Discurso Apostólico». (Mt 10,26-33). Son recomendaciones al enviar a los apóstoles en Misión. El tema central es la afirmación «no tengáis miedo», repetido tres veces.  Y señala tres tipos de miedo, que podrán encontrar:
1.- Miedo del fracaso: Jesús asegura: A pesar de las provocaciones y dificultades, su mensaje se difundirá y transformará el mundo…
2.- Miedo de la muerte: Jesús afirma que la muerte física no es lo decisivo, sino perder la vida definitiva.
3.- Miedo por la supervivencia: Jesús invita a los discípulos a tener confianza en la Providencia.

Dos imágenes ilustran la solicitud de Dios: Los pájaros de que Dios cuida y los cabellos que Dios cuenta… Si Dios cuida los pájaros… tanto más de los discípulos de su Hijo…
El Miedo todavía nos acompaña:

  • Por Miedo, la persona se cierra dentro de su pequeño mundo, se aísla de la sociedad.
  • Por Miedo, levanta muros protectores cada vez más altos, se crean condominios más cerrados y seguros, como si eso resolviese el problema del miedo.
  • Miedo de la enfermedad… del desempleo… El MIEDO es también gran impedimento para el anuncio del Evangelio y a la profesión de fe.
  • Por Miedo de ser criticados, muchos dejan de anunciar las maravillas del Reino.
  • Por Miedo o vergüenza, muchos se inhiben ante los criterios en boga sobre el amor y la familia, sexo y matrimonio, matrimonio y divorcio, vida y aborto, educación y libertad, dinero y derechos humanos. Y cuando los principios de la moral cristiana son tachados de anticuados, quedan asustados, confusos, desorientados…
  • Y por miedo se callan y ceden al viejo respeto humano…

Y el Evangelio termina con:
1.- Una promesa: “Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo.”
2.- Y una advertencia: “Si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo”. La Palabra de Dios de hoy nos invita a no tener miedo. Nos estimula a tener la valentía de nuestras ideas, la intrepidez de la fe, el valor del anuncio cristiano, del testimonio… el coraje de la verdad.
Él nos asegura: «No tengáis miedo, Yo he vencido al mundo». Y con Él también nosotros venceremos…

En este mundo vosotros tendréis aflicciones; con todo, ¡tened ánimo! Yo he vencido al mundo.