domingo xiv

«Si, Padre, así te ha parecido mejor»

El Mundo de hoy se preocupa en mostrar la grandeza de los Poderosos. Dios demuestra la grandeza de los Humildes. Las Lecturas Bíblicas confirman esta verdad.

La 1ª Lectura describe la llegada del Rey vencedor a Jerusalén. El pueblo aguardaba una entrada triunfal y el profeta Zacarías anuncia una entrada humilde y pacífica, montando no un caballo de guerra, sino un jumento. Esta profecía hace recordar la entrada de Jesús en Jerusalén. El pueblo esperaba un Rey mesiánico poderoso. Y Jesús no se impone por el lujo o por la fuerza de un ejército poderoso, sino montando un borriquillo, llevando a todos la paz. Con este gesto, va a probar que conquistará el corazón de los hombres, con su amor… no por las armas.

En la 2ª Lectura, Pablo enseña que la vida «según la carne» engendra muerte; y que la vida «según el Espíritu», que recibimos en el Bautismo, engendra vida.

El Evangelio narra el retorno de los Apóstoles de la 1ª Misión Apostólica. Los Apóstoles vuelven cansados, pero alegres y exultantes, por haber expulsado hasta los demonios. Jesús los escucha con mucha atención e interés: muchos aceptaron su predicación… otros no… Jesús reza una ORACIÓN DE ALABANZA, porque la propuesta de salvación ha tenido acogida en el corazón de los humildes: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielos y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla.»
Los Grandes y poderosos, los sabios e inteligentes no perciben la presencia del Reino de Dios y no acogen su mensaje… Los Pequeños, los pobres, los humildes… acogerán con entusiasmo su palabra y su Reino. Dios se niega a los doctos ensoberbecidos por la propia ciencia, y se revela a los sencillos, conscientes de su propia pequeñez. Dios goza con los humildes, por pobres y pecadores que sean… y resiste a los soberbios, por más santos que se crean ser.

SÍ, PADRE. Y Jesús añade: “¡SÍ PADRE, así te ha parecido mejor!»
SÍ, PADRE: actitud de Cristo: su vida fue un continuo SÍ PADRE…

  • incluso ahora que deseaba que todos acogiesen la buena nueva…
  • en el huerto de los Olivos…
  • en el Padre Nuestro…

SÍ PADRE debe ser también nuestro camino de Salvación. Es la voluntad de Dios, vivida como se manifiesta en cada momento… Diciendo SÍ PADRE, algo maravilloso va a acontecer. Será el principio de una vida nueva y el origen de un nuevo amor. Quien vive ese SÍ PADRE: encuentra la Paz, que Cristo vino a traer.

Y Jesús hace una INVITACIÓN: «Venid a mí, todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.
Jesús va a quitar la carga pesada que los sabios y doctores habían creado para el pueblo. ¡Hay problemas que no tienen solución, hay dolores que ningún analgésico cura, hay oscuridad donde la luz no penetra! Y Cristo nos repite: «Venid a mí todos que estáis cansados y agobiados… y Yo os aliviaré…»
Solo Él podrá aliviar el peso de nuestros sufrimientos… Cuando los planes de Dios no corresponden a los nuestros, recemos con generosidad: “SÍ, PADRE, así te ha parecido mejor…»

Estoy convencido de que mucha más Paz comenzará a reinar en nuestro corazón… A cambio, Él trae un nuevo modo de vivir en la justicia y misericordia. Cansados y afligidos son todos los que sufren en la vida. Son los pobres de Dios, a los que Jesús dirige su gozosa noticia y entre los cuales Él se siente como uno de ellos.

¡En la vida cuánta miseria humana: ¡cuántos problemas, cuántos sufrimientos, cuánta desilusión y cuánto amor negado!

Señor abre nuestros oídos y nuestros ojos
para que podamos ver y oír lo que es bueno y justo.
Purifica nuestra mente para que podamos entender
el significado profundo de nuestra existencia.
Haz que busquemos la sabiduría que viene de Tí.

«Quien os recibe, a mi me recibe». Domingo 13º del Tiempo Ordinario – Ciclo A

La Liturgia de hoy trata algunos aspectos del DISCIPULADO. Discípulo es todo aquel que, por el Bautismo, se identifica con Jesús, hace de Jesús su referencia y lo sigue.
La Misión del discípulo es hacer presente en la historia y en el tempo el proyecto de salvación que Dios tiene para los hombres.

La 1ª Lectura muestra cómo TODOS pueden ser discípulos, colaborando en la obra de la  salvación. (2R4,8-11.14-16). Un matrimonio de Sunam sin hijos invita con insistencia al Profeta Eliseo a comer en su casa y acabaron preparándole incluso un cuarto para hospedarlo siempre que pasara por allí. Lo hicieron porque reconocían a Eliseo como un “Hombre de Dios». Y el profeta en recompensa de la generosa hospitalidad, les prometió, que a pesar de la edad avanzada, tendrían un hijo… Algunos años después, ese hijo llegó a fallecer. Podemos imaginar el profundo dolor de los padres. El Profeta se dirige hacia allí y devuelve a aquella madre generosa el hijo nuevamente con vida. La hospitalidad y la acogida son una fuente de Vida y de Bendición. Dios no deja de recompensar a los que colaboran con Él.
– ¿Cómo recibimos en nuestra casa, en nuestras comunidades a aquellos que vienen en nombre de Dios?
– ¿Procuramos ver en ellos un «Hombre de Dios», que también necesita de nuestra hospitalidad, un lugar en nuestra vida, en nuestro corazón, en nuestra amistad?

En la 2ª Lectura, Pablo exhorta a vivir la plenitud del Bautismo, muriendo al pecado y viviendo para Dios en Cristo.(Rom 6,3-4.8-11).

El Evangelio es una catequesis sobre el DISCIPULADO. (Mt 10,37-42). Es el final del Discurso del envío de los discípulos en «MISIÓN». Es una especie de «Manual del Misionero cristiano», destinado a revitalizar la acción misionera de la Comunidad. El Camino del discípulo es acoger y seguir a Cristo en el camino del amor y de la entrega.

En la 1ª parte, aparecen las Exigencias que Jesús propone a sus seguidores. Exige una actitud radical. Nuestro compromiso para con Él debe estar encima de todo, aun del amor sagrado para con nuestros padres. Para entender mejor, es bueno recordar la situación vivida por los cristianos de la comunidad de Mateo… Para ser fieles a Cristo, debían enfrentarse a persecuciones. Eran expulsados de la Sinagoga, quedaban excluidos del pueblo de Israel y debían ser repudiados hasta por sus mismos familiares. Jesús ya había avisado que el discípulo debía estar dispuesto a todo: “El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí..
También hoy, ante ciertas resistencias, muchas personas piensan que, para contar con grandes números en su filas, la Iglesia debería facilitar las cosas, y suavizar la radicalidad del evangelio y de los valores de Cristo.
– ¿Será que Cristo prefiere cantidad o calidad? En la 2ª parte Mateo sugiere que toda Comunidad debe anunciar a Jesús y tendrán una recompensa los que acojan a los mensajeros del Evangelio: “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí; y que me recibe, recibe al que me ha enviado”. “El que dé a beber un vaso de agua fresca a uno de estos pobrecitos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga».
Todos los cristianos tienen como misión anunciar el Evangelio de Jesús. Y esos misioneros» que testimonian la Buena Nueva y que entregan la vida al servicio del «Reino» deben ser acogidos con entusiasmo, con generosidad y amor.
¿Quiénes son los enviados de Dios, hoy?  
– Conocemos muchas personas en nuestras comunidades que se dedican con generosidad y gratuidad al servicio de los hermanos, visitando enfermos, en la Catequesis, en la Liturgia y en otras actividades pastorales. Esas personas generosas también tienen familia, tienen un empleo… ¿Se sienten reconocidas y apoyadas en la comunidad  o son injustamente criticadas, víctimas de envidias e de chismes?
– Conocemos también sacerdotes y religiosas que actúan en nuestro medio. ¿Cuál es nuestra actitud para con ellos? ¿Les damos nuestro apoyo y colaboración, viendo en ellos, más allá de sus cualidades y defectos de toda persona, un «hombre de Dios», para ser un instrumento de salvación? ¿Se sienten he hecho miembros de todas las familias cristianas, o tal vez personas extrañas?
Nuestra hospitalidad y colaboración no tienen sentido cuando lo hacemos por criterios puramente humanos, o peor, por interés personal. Sólo tienen sentido cuando animada por el espíritu de fe, como la pareja de la 1ª lectura: porque vieron en el profeta Eliseo un «Hombre de Dios…»
Cristo nos asegura: “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe al Padre que me ha enviado».