¡JESÚS HA RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS! ¡ALEGRAOS! ¡NO TEMÁIS!

     Es el grito de fe y esperanza de la VIGILIA PASCUAL de esta noche pasada.

     La Pascua de este año no ha venido acompañada por muchos de los signos externos que nos son familiares: luces, flores, procesiones, encuentros… Pero ahí estábamos los sacerdotes, solos, a una prudente distancia unos de otros… Y en nuestra oración, nuestros cánticos, nuestras invocaciones… todos vosotros, en comunión con toda la Iglesia, renovando nuestra fe, celebrando que Jesús, el Señor, está vivo en medio de nosotros. El Cirio Pascual nos lo recuerda y nos lo hace presente.

     A lo largo de la Pascua seguiremos confesando que ninguna muerte es superior a la fuerza de su vida. Y comprenderemos mejor las palabras que hoy ya, en el día de la Pascua, nos presenta la segunda lectura: “Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él” (Col 3,3-4). 

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