IN MEMORIAM DEL P. GREGORIO RIAÑO, cmf

En la mañana del 2 de junio de 2020 hemos tenido una celebración muy  emotiva. Nos convocaba el P. Gregorio Riaño, misionero claretiano, párroco del Inmaculado Corazón de María, de Madrid, de 1992 a 1998, y desde 2011 hasta su muerte, acaecida el pasado 20 de mayo, en una segunda etapa en el santuario-parroquia, fiel colaborador en tantas tareas parroquiales: Eucaristía, sacramento de la reconciliación, Vida Ascendente, animación musical…. Sus restos mortales, sus cenizas permanecerán en este Santuario del Inmaculado Corazón de María.

Desde el agravamiento de su enfermedad, el 15 de mayo, y tras su muerte, hemos orado mucho por él, he­mos celebrado la Eucaristía en acción de gracias por su vida, por su ministerio vivido con sentimientos de entrega y generosidad, y hemos dado gracias al Padre por el don que en la persona de Gregorio nos ha hecho a todos. Hoy, con sentimientos de pesar, pero con sentimientos sobre todo de gozo, de fe y de esperanza, animados por la fuerza el Espíritu de Jesús presente en la Iglesia, hemos ofrecido su vida al Padre y hemos dado gracias porque el Señor le ha puesto en nuestro camino.

Sus humildes restos quedan en la cripta del santuario. Aquí permanecerá su memoria, aunque, como bien sabemos todos, su vida, su memoria, su presencia, sus restos… en la mejores urnas que podrían estar son nuestros corazones. Todos llevamos a Gregorio en nuestros corazones. Él permanece en nosotros, imborrable, en un mar de recuerdos. Los que le hemos conocido conocemos su hondura espiritual y categoría humana, su estima y entrega a las personas que Dios ha puesto en su camino, su gozo vocacional, su profundo amor y gratitud a la Congregación y su sensibilidad y sentido de Iglesia.

Nuestro querido P. Gregorio ha dado el salto hacia el otro lado de la muerte donde confiamos se haya encontrado con el Padre al que tanto amó y al que supo enseñar a amar y descubrir su bondad en el sacramento de la reconciliación.

¡Gracias. P. Gregorio Riaño! El Corazón de María al que tanto cantaste sigue velando por ti. Descansa en la paz del Señor.

 
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