DOMINGO 25 DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B

NO ENTENDÍAN LO QUE DECÍA JESÚS

         Llama la atención el despiste generalizado de los discípulos de Jesús. Siendo personas que lo han dejado todo por estar con él, que caminan cada día con su Maestro, y con Él conviven y comparten… y sin embargo casi no se enteran de nada.

          Jesús iba «instruyendo a sus discípulos», dice Marcos. Es decir, les estaba transmitiendo algo que ellos debían retener, asimilar… y, como les pasa a veces a los estudiantes, los discípulos «no entendían aquello». Puede ser algo normal en alguien que está aprendiendo, que le cueste. Pero nunca es conveniente quedarse con las dudas: «Tenían miedo de preguntarle». ¿Por qué ese miedo? ¿Por dejar al descubierto su ignorancia? ¿Por no disgustar o entristecer a su maestro?

         Esta es la segunda vez que oyen esta advertencia de Jesús. Aún podían recordar su reacción, con no poco enfado, cuando Pedro había intentado disuadirlo de la trayectoria hacia la cruz. En este punto el Maestro reaccionaba con dureza, no estaba abierto a dialogar ni a consentir que nadie le llevase la contraria o le propusiera otras opciones.

               En este ocasión lo de «no entender» es «no querer enterarse». El destino que le espera al Hijo del hombre es incompatible con las creencias religiosas inculcadas por los rabinos, además de que no encaja con sus expectativas. ¿Cómo van a aceptar la idea de que Dios abandone a su elegido en manos de los malhechores?  Tenían a su favor no pocos ejemplos de la tradición bíblica. Por ejemplo las palabras que el amigo sabio le decía a Job: “¿Recuerdas que algún inocente haya perecido? ¿Dónde se ha visto un justo exterminado?” (Job 4,7). O lo que proclamaba el Salmista:  “Fui joven, ya soy viejo: Nunca he visto un justo abandonado” (Sal 37,25). O sea: ¿cómo comprender y aceptar que un Dios justo consienta la derrota y la muerte del Justo, del Hijo del hombre, de Jesús, el Hijo del Padre? Tendrá que ocurrir el acontecimiento Pascual para que puedan empezar a comprenderlo. 

            Para no pocos creyentes, este punto sigue siendo motivo de incomprensión y de escándalo: ¿Cómo Dios no evita que mueran los buenos, los justos, sus seguidores?¿Cómo podemos seguir afirmando que Dios es «Justo»? Así que no resulta extraño que, al escuchar por segunda vez este mismo anuncio, los discípulos no asuman el escándalo de la pasión del Mesías. Y se repliegan en sus cosas, en sus intereses, en sus pretensiones…

                Queda claro que entre los discípulos y su Maestro había una distancia que hacía imposible el auténtico discipulado, pues no se hacían cargo del camino y del destino que ellos mismos debieran seguir. No estaría de más que nos preguntemos por las distancias que tenemos nosotros con Jesús. Porque muchas de sus enseñanzas tampoco las entendemos, y entonces seguimos como siempre: con nuestras cosas, ideas, pretensiones, obsesiones y manías… muy alejadas de las de Jesús.

              Al llegar a Cafarnaúm, el Maestro les pregunta: “¿Qué estabais discutiendo por el camino?” (v. 33). Más que una pregunta es un reproche. Sabe de sobra la acalorada discusión que se traían durante el viaje. Y los discípulos callan, se sienten «pillados», avergonzados. Saben lo fuertemente que reacciona el Maestro cuando sale a relucir lo de buscar los primeros puestos.

         El tema de las jerarquías y precedencias era muy debatido entre los rabinos. Necesitaban asignar cuidadosamente los puestos de honor a quienes les correspondían. Hasta debatían sobre las diferentes categorías de santos en el cielo. Los «justos» (según la Ley), naturalmente, tenían aseguradas las posiciones de prestigio; mientras que las personas impuras, los pobres de la tierra estaban destinados a la más completa marginación.  

          Jesús «se sienta», es decir asume la posición del rabino que se dispone a impartir una lección importante. Entonces llama a sus discípulos y les pide que se acerquen, quizá porque los siente distantes, lejos de él. Finalmente pronuncia su juicio solemne sobre la verdadera grandeza: “El que quiera ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos” (v. 35). Es la síntesis de su propuesta de vida. En la comunidad cristiana, quien ocupa el primer puesto, debe dejar a un lado toda pretensión de grandeza. La Iglesia no es un trampolín para alcanzar posiciones de prestigio, para sobresalir, para conseguir el dominio sobre los demás. 

En una de sus homilías, el Papa Francisco comentaba:

“Algunos siguen a Jesús, pero un poco, no del todo conscientemente, un poco inconscientemente. Pero buscan el poder. El caso más claro es Juan y Santiago, los hijos de Zebedeo, que pedían a Jesús la gracia de ser primer ministro y viceprimer ministro, cuando viniera el Reino. ¡Y en la Iglesia hay trepadores! Hay tantos que usan a la Iglesia para… ¡Pues si te gusta trepar, te vas al Norte y haces alpinismo: es más sano! ¡Pero no vengas a la Iglesia a trepar! Y Jesús reprocha a estos trepadores que buscan el poder”. (5 de mayo de 2014).

                No, la comunidad de Jesús es ese lugar donde cada cual, con los dones recibidos de Dios, muestra su grandeza en el servicio humilde a los hermanos. A los ojos de Dios, el más grande es quien más se parece a Cristo que se hizo servidor de todos (cf. Lc 22,27). Para inculcar mejor la lección, Jesús hace un gesto significativo (vv. 36-37): Llama a un niño, lo coloca en el medio, lo abraza y agrega: “Quien acoge a uno de estos niños en mi nombre, a mí me recibe”. Los niños son presentados por Jesús como símbolos del débil e indefenso que necesita protección y cuidado. En tiempos de Jesús, como hoy, los niños eran amados, pero no tenían relevancia social, no contaban nada desde un punto de vista legal, e incluso eran considerados impuros porque transgredían los requisitos de la ley. Queda claro el gesto de Jesús: quiere que la comunidad de sus discípulos ponga en el centro de su atención y esfuerzos a los más pobres, a los que no cuentan, los marginados, las personas impuras. Esos que el poeta uruguayo Galeano llamó «los nadies»:

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados… 
(corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.)
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que las balas que los matan.
(E GALEANO, El libro de los abrazos)

En su viaje a La Habana (septiembre de 2015), explicaba el Papa:

Servir significa, en gran parte, cuidar la fragilidad. Cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo. Son los rostros sufrientes, desprotegidos y angustiados a los que Jesús propone mirar e invita concretamente a amar. Un amor que se plasma en acciones y decisiones. Amor que se manifiesta en las distintas tareas que como ciudadanos estamos invitados a desarrollar. Las personas de carne y hueso, con su vida, su historia y especialmente con su fragilidad, son las que estamos invitados por Jesús a defender, a cuidar, a servir. Porque ser cristiano entraña servir la dignidad de nuestros hermanos, luchar por su dignidad y vivir su dignidad. Por eso, el cristiano es invitado siempre a dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta a los más frágiles.

              Quedémonos hoy con estas palabras: acoger y servir a los niños de todas las edades, a los «nadies» de hoy. (También hay dentro de cada uno un «niño» que espera ser acogido). Y tachemos de nuestro diccionario personal y comunitario estas otras: mandar, mangonear, buscar el poder, el prestigio, trepar, ser primeros...

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf 
Imagen inferior de Agustín de la Torre

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4 comentarios

  1. NO ENTENDIÁN LO QUE DECÍA JESÚS
    Quique
    Después de leer las lecturas y tu reflexión, paso a hacer el comentario.
    En el día de hoy, comienzo por el final de tu reflexión.
    “Acoger y servir a todos los niños de todas las edades y al niño que todos llevamos dentro”
    Siempre me ha gustado mirar mucho a los ojos de los niños porque hablan y puedo descubrir en ellos: sinceridad, verdad, alegría…pero también: tristeza, miedo, rencor, engaño…
    En general, un niño se fía plenamente de su padre porque le da seguridad, amor, confianza, piensa y siente que nunca le abandonará, cuenta con su protección… Lo que nos pasa pensando en Dios nuestro Padre si de verdad creemos en Él.
    No siempre es así, lamentablemente y cada vez con más frecuencia, en este cuidar la fragilidad, las noticias manifiestan la gran fragilidad de los niños, en muchos aspectos.
    Permíteme que haga alusión a San Francisco de Asís. Lo recordé al leer tu reflexión y a la fiesta franciscana de hoy 17 de septiembre. Él sí que supo sacar buen partido, al niño que llevaba dentro, supo encauzar todo su amor y confianza en el Padre. Decía con frecuencia:“ Tenemos que amar al Amor que tanto nos amó”. Se denominaba “El juglar de Dios. Cantaba a todas las criaturas. En canciones dedicadas a él podemos leer:

    Yo quiero ser Evangelio viviente,
    Abandonarme en tus brazos señor.
    Ser como un niño que juega o se duerme,
    Mientras su padre le envuelve en amor.

    En otra
    …nos proteges, Señor, con más cariño,
    pues quieres más a un niño que al pájaro y la flor.

    Desear y sentir ese amor del Padre, es saludable y bueno, Él me alienta y me da empujoncitos, para salir de mi “yo” e implicarme en su Reino.
    Él sí que entendió bien a Cristo y a éste crucificado. Entendió la fragilidad porque vivió la fragilidad, en muchos aspectos.
    El Papa, nos invita a servir y cuidar a los frágiles, sirviendo y amando al estilo de Jesús.
    Dentro de estas fragilidades, físicas que palpo y veo, me parece importante cuidar las fragilidades psicológicas, muchas veces causadas por reiterar en las actitudes negativas que aparecen en la lectura del apóstol Santiago, sin caer en la cuenta del potencial que puede surgir si estoy abierta a la sabiduría de Dios que me prepara para acoger a todos los “nadies” y configurar en cristiano a mi niño interior.
    Reconozco que tengo que contemplar más a Jesús que me dice: acércate, escúchame, obsérvame:“ El que quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos”. Todo un proyecto para mi vida.
    Si me paro a pensar, veo tanta fragilidad, que me siento incapaz y sin saber por dónde empezar.
    Cuántas veces Jesús me tiene que decir: ¡No te enteras! estás a tu rollo!, metido en tus problemas, en tus cosas.
    Quizá me tenga que decir, que no tengo audacia, pretensiones, ambiciones, iniciativa… en clave positiva, porque no se descubrirlas en Él, que me las pone en bandeja y me dice:
    *Tengo una pretensión pata ti..……Ama hasta que duela. Como hice yo.
    *Tengo una ambición para ti……….Sirve, sin mirar a quién.
    *Tengo una iniciativa para ti……….Siembra la paz y fructificará la justicia.
    ….
    Puede que corra el riesgo que corrió Jesús, el justo. Pero como dice el salmo:
    ¡EL SEÑOR SOSTIENE MI VIDA!

    Teresa G.

  2. Quique la verdad es que tus reflexiones son muy interesantes. Reflejan unas vivencias que me encantan oírlas. Empezaré por las lecturas. La primera de ellas me hace pensar en todas aquellas personas que pretenden hacer daño con sus palabras atacando nuestras creencias o nuestros buenos actos como para justificarse ellos. O no creen en la Iglesia y en nuestra comunidad cristiana o creen pero a su modo y por eso siempre están viendo y criticando nuestras creencias…Yo creo que sólo para hacer daño y sin otro fin. Me duele ver esa actitud. Por eso prediquemos con el ejemplo para no tener ningún critica negativa.
    Respecto a la segunda lectura nos podríamos preguntar si nuestro acercamiento al Señor es el verdadero. Si es sincero, si emerge de nuestro corazón, si pedimos para conseguir o verdaderamente le dejamos que sea su voluntad..Sé que es difícil pero yo intento muchas veces pedirle que me gustaría tal o cual cosa pero que sea siempre lo que más convenga (que muchas veces no es lo que queremos).
    Y ya entrando en el evangelio de este domingo qué importante y básicamente para ser cristiano es la humildad. Cómo valora el Señor esta actitud que además es virtud de tantos santos. Querer ser el último, perder en una discusión absurda para ganar, querer vivir con lo necesario (nos sobra mucho), ver al pobre, al enfermo, al necesitado,..poniéndonos a su altura para que nos podamos comprender, socorrer al que está en apuros, ver a Jesús en el prójimo, a los «nadies» hacerlos importantes y que se sientan como nosotros…
    Todos estos ejemplos el Señor los unía en los «niños». Tan dulces, sin maldad, confiados en los mayores, necesitados de todos nosotros…
    Señor en el día de hoy te pido que me hagas más niño, que me hagas ver a los «nadies»en mi vida, que me hagas practicar la virtud de la humildad en mi familia, en mi trabajo, en mis amistades, en la comunidad, en la calle, en una palabra que sea de tal ejemplo a mis hermanos que sea un verdadero imán que atraiga hacia ti a todos los que me rodean. Así sea.

  3. Carmen Díaz Bautista

    Quique, comentas hoy tres aspectos del evangelio que me parecen importantes: 1) Los discípulos no entienden a Jesús. 2) Los discípulos discuten por su jerarquía. 3) se escandalizan con la cruz.
    El primer punto me afecta de lleno, creo y voy descubriendo que como los discípulos estoy muchas veces “en la higuera” y leo comentarios e interpretaciones , como las tuyas, y pienso que nunca le había dado el sentido correcto como en los textos sobre lis mercaderes en el templo, el poner la otra mejilla….por poner algunos ejemplos.
    El segundo punto creo que refleja una actitud universal: querer saber el lugar que ocupamos en la familia, el trabajo, con los que nos rodean. Nuestro ego se impone y olvidamos lo importante que es el servicio a los demás, la misericordia, la protección de los más débiles.
    El tercero es el escándalo De la Cruz. Cuantas veces me he preguntado como un padre puede sacrificar a su hijo. No había entendido que el Padre no sacrificó al hijo, sino que este se entrega a los hombres libre y conscientemente por coherencia, para no renunciar a su mensaje, para no someterse a los poderosos y dejar clara su postura ante los necesitados y la libertad que nos enseñó.
    Así sigo encajando piezas de mi puzzle.
    Gracias Quique por tu ayuda.

  4. Los justos padecen exactamente igual que los injustos, si Dios es ecuánime ¿es esto entendible? Sólo cuando lleguemos a entender que nuestro Señor respeta lo más grande del ser humano, su Libertad, y solo cuando lleguemos a comprender que la muerte no es el final, encontraremos una respuesta aplastante a esa pregunta infantil de ¿por qué Dios si es todo poderoso permite morir (por ejemplo) a un niño? ¿Por que permite el hambre o las enfermedades?
    Da para un libro entero, pero basta decir que si hoy la vida es más larga y con mayor calidad de vida, es sólo porque poco a poco vamos descubriendo un poco más la infinita obra de nuestro Creador en todos sus misterios.

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