Centinelas de Dios. domingo XXIII Cilo A

 

Una situación concreta, que muchas veces nos aflige: Ante de una persona amiga que está en el error, ¿qué actitud debemos tomar: Hablar o callar? Las lecturas bíblicas de hoy nos dan una respuesta…

En la 1ª Lectura, el profeta Ezequiel aparece como un “CENTINELA”, que Dios ha colocado para vigiar la «Casa de Israel». (Ez 33,7-9)

CENTINELA es el guardia atento, que vigila el horizonte para prevenir al Pueblo de posibles peligros. Cuando percibe un peligro, debe tocar la trompeta. Así la comunidad se prepara para enfrentarse al enemigo. Si no lo hace, será RESPONSABLE de la catástrofe.

 

PROFETA es el Centinela del Señor en medio del Pueblo para vigilar atentamente la realidad y alertar de los peligros que lo amenazan. Como profundo conocedor de Dios y de las realidades de los hombres, el profeta no puede quedar indiferente ante una persona corrupta. Ezequiel es conocido como el «Profeta de la Esperanza». A los exiliados, que están en tierra extranjera, privados del Templo, del sacerdocio y del culto, y dudan de la bondad y del amor de Dios, alimenta la esperanza de que Dios no los ha abandonado ni los ha olvidado. Dios continúa amando a su Pueblo y enviando sus profetas.
En la Iglesia, todos somos profetas (“centinelas»), por tanto, RESPONSABLES también del destino de nuestros hermanos.

En la 2ª lectura, Pablo enseña que el AMOR es la plenitud de la Ley y una forma de amar y corregir al hermano. (Rom 13,8-10). Dios es Caridad y quiere que seamos caridad en palabras y en acciones. La caridad perfecta es la plenitud de todos los preceptos. La verdadera fraternidad consiste en ayudar al hermano a ser mejor. La corrección fraterna es una señal importante en la vida de la Iglesia. Resulta fácil cuando está animada por la caridad y difícil cuando es sin ella no existe.

El Evangelio sugiere cómo proceder con el hermano que se equivoca. (Mt 18,15-20). Iniciamos el «Discurso Eclesial» (el cuarto), en que Jesús presenta una catequesis sobre la CORRECCIÓN FRATERNA en la Comunidad.

La iglesia es un pueblo profético. Somos “centinelas», que deben dar la alerta, advertir al hermano que no está en el camino seguro.

¿Cómo corregir al hermano que se ha equivocado o provocado conflictos?
El Evangelio propone un camino en VARIAS ETAPAS:

1er Paso: Un encuentro personal a solas con ese hermano… Muchas veces solemos difundir el error a los cuatro vientos… El AMOR es más importante que la VERDAD… La verdad cruda y desnuda, muchas veces destruye la convivencia entre las personas, puede destruir a una persona… arruinar una familia y destruir un matrimonio… ¿Conviene decir siempre toda la verdad? La verdad que no produce amor, sino provoca perturbaciones, engendra discordias, odios y rencor, no debe ser dicha. (Madre que esconde actos de los hijos al esposo, para evitar conflictos… ¿Un Esposo convertido debe contar su pasado infiel?)

2º Paso: Si no hace caso, pedir ayuda de OTRAS PERSONAS, que tengan sensibilidad y sabiduría…

 3er Paso: Si esa tentativa también falla, llevar el asunto a la COMUNIDAD, para recordar al infractor las exigencias del camino cristiano. La intervención debe ser guiada por el amor.

Mas todo debe quedar en casa…  

  • Hablar mal de la propia Comunidad: es negativo…
  • Hablar mal de la familia: puede aumentar los resentimientos…
  • ¿Has oído tú hablar mal a un “creyente” de su iglesia o de su pastor? ¿Has oído a un católico hablar mal de su parroquia o de su párroco? Entonces, ¿de qué iglesia es él?
  • Finalmente: Si persiste en el error, será considerado un pagano. No es la Iglesia quien excluye al infractor, es él quien rechaza la propuesta del Reino y se coloca al margen de la Comunidad.

«Sobre esta piedra edificaré mi iglesia». DOMINGO XXI. TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

La Liturgia nos propone hoy dos temas fundamentales de la fe cristiana: CRISTO y la IGLESIA.

1ª Lectura: Isaías muestra cómo una persona se convertía en ministro de la casa real a través de la entrega de las llaves del palacio real.  Eliacín es aquí figura de Pedro a quien Jesús confiará el gobierno supremo del Pueblo de Dios. (Is 22,19-23). Esa imagen nos ayuda a entender mejor el Evangelio de hoy.

2ª Lectura: es una invitación a contemplar la Riqueza, la Sabiduría y la Ciencia de Dios, que realiza su proyecto de Salvación del hombre. (Rom 11,33-36).

Evangelio: vemos a Jesús entregando a Pedro las llaves. (Mt 16,13-20).

De la adhesión a Jesús, como “el Mesías, Hijo de Dios», nace la IGLESIA: la comunidad de los discípulos de Jesús, convocada y organizada en torno a Pedro.

El texto tiene dos partes:
– La primera, cristológica: ¿Quién es Jesucristo?
– La segunda, eclesiológica: ¿Qué es la Iglesia?

  1. Jesús interroga a los discípulos: ¿Qué dice la gente de Él y qué piensan de Él los discípulos?

– Para los «hombres» Jesús es un hombre extraordinario, bueno y justo, como tantos otros hombres antes de Él.
– Para Pedro y los discípulos, Jesús es mucho más: «Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

  1. Jesús responde a la confesión de fe

La fe de la comunidad de los discípulos, presentada por la voz de Pedro, es el fundamento sobre el cual Jesús va a establecer la Iglesia. «Sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia».

IGLESIA: Es la comunidad de los discípulos que reconocen a Jesús como “el Mesías, el Hijo de Dios». Ella existe para testimoniar a Cristo y para llevar a todos los hombres la propuesta de salvación que Él vino a ofrecer. Para eso, se confía a Pedro y a la Comunidad el «Poder de las Llaves». Una misión particular para mantener la unidad de la fe en Cristo. Recuerda el nombramiento del «Administrador del Palacio», de que habla la primera lectura.

¿QUIÉN ES CRISTO HOY?
A pesar del secularismo cada vez más difundido y de un abandono de la práctica y de las tradiciones cristianas cada vez más generalizado: es interesante notar cómo la pregunta continúa actual:
– Para los JÓVENES, Jesús representa la novedad, la contestación de una sociedad y de un sistema envejecido, árido, privado de fantasía y creatividad…
– Para las MASAS OPRIMIDAS, Jesús aparece como el Libertador, el símbolo de una esperanza, que no está solamente en un futuro misterioso…
– Para los agentes sociales, Jesús es un revolucionario, que lucha contra la injusticia, la opresión, la explotación del hombre por el hombre…
– Hasta en algunas pinturas se presenta hoy a Jesucristo con vestidos extravagantes y coloristas de un Hippie, o de un barbudo guerrillero con el lema de “se busca».

Y también NOSOTROS nos gloriamos de tener una IMAGEN de Cristo: de piedra, madera, hierro, oro, a veces como pieza preciosa de arte…
Su NOMBRE es cantado en fiestas, en momentos de alegría y hasta de holganza, y es recordado en los momentos de apuro, como último recurso…
Todo eso revela una realidad positiva: nuestro mundo no puede prescindir de Cristo.
Nuestra Historia está tan marcada por Él, que no se le puede ignorar.

¿QUIÉN ES CRISTO PARA MI?
Para responder, no basta buscar en la memoria alguna fórmula que aprendimos en el catecismo, o que oímos o leímos en los libros. Es preciso buscar en el corazón, en nuestra fe vivida y testimoniada. Así descubriremos lo que Jesús representa, de hecho, en nuestra vida. Cristo no es un personaje histórico muerto del PASADO. Él resucitó y está vivo.
– Él vive también hoy en el más pequeño de los hermanos: vive en el mendigo, en el migrante, en el borracho, en el revoltoso, en el pecador, en el ladrón…
– Él vive dentro de nuestro corazón. Él vive en nuestros familiares, en nuestros hermanos. 
–  Él vive en el corazón de todos.
– Él nos habla también HOY en su Evangelio: que debemos conocer con fidelidad, vivir con autenticidad, anunciar con renovado ardor misionero…

Lugares de encuentro con Jesucristo (Doc. Ap. 6.1.2):

  • La fe recibida y vivida en la Iglesia; en la Sagrada Escritura;
  • La Sagrada Liturgia (en la celebración eucarística dominical);
  • El Sacramento de la Reconciliación; en la Oración personal y comunitaria;
  • La Comunidad viva de fe y amor fraterno; en los pobres, enfermos…

 

Descubre la felicidad de servir, de amar, de perdonar, y Cristo se encarnará en cada no de tus gestos, y se encarnará en cada rostro de persona humana que tú encontrarás a lo largo de tu camino.

En Dios no hay acepción de personas. Domingo XX. Tiempo ordinario, ciclo A

La salvación es universal. En Dios no hay acepción de personas

Primera lectura: Lectura del libro del profeta Isaías 56,1.6-7: A los extranjeros los traeré hacia mi monte santo

Salmo responsorial: Salmo 66: Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben

Segunda lectura: Lectura de la carta de san Pablo a los Romanos 9,13-15.29-32: Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel

Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Mateo 15,21-28: Mujer, qué grande es tu fe.

En las lecturas de la liturgia de este domingo resuena la afirmación del carácter universal de la salvación, pues Dios es padre de todos y en él no hay acepción de personas. La 1ª lectura, tomada de un discípulo de Isaías, afirma que la salvación que goza Israel se extenderá a todos los pueblos que acepten sinceramente vivir como miembros del pueblo de Dios. En el Evangelio Jesús cura a la hija de una mujer extranjera, que manifiesta una gran fe en su poder personal. Jesús parece no hacerle caso a la primera petición que le hace, afirmando que su misión era solo el pueblo de Israel. Realmente se trataba de una excusa para provocar el acto de fe decisivo, ante el que actuó. La mujer reconoce su necesidad y expresa su fe, conversión y fe, las dos condiciones necesarias para que la salvación llegue a toda persona. El hecho se presenta como un adelanto del carácter universal de la salvación, anunciado en el AT y que se realizará en la Iglesia.

La 2ª lectura habla de la elección especial de Israel como pueblo de Dios, afirmación que parece contradecir lo anterior, pero realmente lo aclara. Por una parte, ayuda a comprender el carácter de esta elección. No se trataba de excluir definitivamente al resto de la humanidad de las bendiciones de Dios, que siempre actúa por medio de su Espíritu en todos los tiempos y lugares con plena libertad, sino de preparar un pueblo especial donde fuera creciendo la planta que después se trasplantaría a todos los lugares. Como en un vivero se siembran semillas y se cuida con esmero el crecimiento de las plantas hasta que están fuertes y en condiciones de ser trasplantadas a otros lugares, así Dios eligió a un pueblo para educarlo poco a poco como pueblo suyo y ofrecer después esta salvación a todos los pueblos. Por eso la elección de Israel no excluye la salvación universal, como ha recordado la 1ª lectura, al contrario, esta es su última finalidad.

Por otra parte, la 2ª lectura habla de la incredulidad del pueblo judío, el pueblo elegido, por la que actualmente está fuera de la plenitud de salvación que se ofrece por Cristo. El motivo es su orgullo religioso y falta de fe. Quieren un mesías, pero no de acuerdo con los planes de Dios sino de los propios, por lo que rechazan a Jesús. Deseaban un mesías político-religioso que hiciera de ellos un gran imperio, y se encontraron con un mesías que actúa de forma humilde entre lo más humildes del pueblo y que termina fracasando en una cruz. S Pablo comenta esta situación exhortándonos a no despreciar al pueblo judío y a aprender la lección, pues si no aceptamos con humildad y fe viva la salvación según los planes de Dios revelados en Jesús, también nosotros seremos excluidos; si ellos, a pesar de ser pueblo elegido, quedaron fuera de la salvación, igual nos puede suceder a nosotros. A pesar de todo, el pueblo judío, pueblo elegido, se convertirá, pues Dios es fiel a sus promesas, « pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables».

La salvación cristiana se ofrecer a todos los hombres sin exclusión y con los mismos requisitos, conversión sincera que reconoce la propia debilidad moral y pecado y fe viva en el poder salvador de Dios por medio de Jesucristo. Hoy día asistimos a un corrimiento del mapa del mundo creyente, países que fueron cristianos están dejando de serlo y otros nacen a la fe. Esta situación es una llamada a la conversión sincera de todos nosotros.

La palabra de Dios invita a la apertura, ofreciendo el Evangelio a todos y acogiendo a los nuevos cristianos, especialmente a los inmigrantes que viven entre nosotros y que hay que incorporar a nuestras comunidades. En la Iglesia cristiana desaparecen los nacionalismos, todos somos iguales e hijos de Dios. La Eucaristía es sacramento de universalidad, de unidad y de comunión. En ella damos gracias al Padre por el don de la fe y pedimos vivir todas sus consecuencias.

curar enfermos, dar de comer a necesitados. Domingo XVIII. Tiempo ordinario. Ciclo A

Signos del Reino presente: curar enfermos, dar de comer a necesitados

Primera lectura: Lectura del libro del profeta Isaías 55,1-3: Venid y comed

Salmo responsorial: Salmo 144,8-9.15-18: Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores

Segunda lectura: Lectura de la carta de san Pablo a los Romanos 8,35-39: Ninguna criatura podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús

Evangelio: Lectura del santo Evangelio según san Mateo 14,13-21: Curó a muchos… comieron todos y quedaron satisfechos

 Jesús proclamó la llegada del Reino de Dios con palabras y signos que ayudaban a comprender lo que significa que Dios ya comienza a reinar en un proceso que ya ha comenzado y que culminará en su parusía.

Curar a enfermos significa que Dios no quiere el dolor y que llegará un momento en que compartiremos la resurrección de Jesús, venciendo totalmente el dolor y la muerte en un mundo en que Dios enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el  mundo viejo ha pasado. » (Apoc 21,4). Pero no es sólo un signo del futuro que nos espera sino que tiene una implicación actual, pues la lucha contra el dolor y la enfermedad  forma parte de las tareas del Evangelio. Esto justifica la dedicación de miles de personas   a esta tarea y la obligación de los cristianos de seguir realizando este “signo del Reino”.  A pesar de todo, el dolor es una realidad que nos acompaña, pero Jesús da un nuevo sentido redentor al dolor, que por eso deja de ser una realidad totalmente negativa.

En esta misma línea está el “signo de los panes”. Ya en el AT aparece el alimento gratuito a los hambrientos como signo del Reino futuro (1ª lectura) cf. también Hará Yahveh Sebaot a todos los pueblos en este monte un convite de manjares frescos, convite de buenos vinos: manjares de tuétanos, vinos depurados… consumirá a la Muerte definitivamente. Enjugará el Señor Yahveh las lágrimas de todos los rostros… (Is 25, 6-8). Comer implica, por un lado, satisfacer una necesidad existencial, pero, por otro, es un acto social en que compartimos amistad en contexto gozoso. Esto explica el frecuente uso que hace Jesús de la comida como signo del Reino que anuncia.  Por una parte, come con los pecadores para anunciar que el Reino no es reunión de autosuficientes satisfechos sino satisfacción de necesidades existenciales con personas perdonadas; por otra, instituirá como su memorial la comida eucarística; finalmente durante su ministerio dio de comer a una masa, anunciando con ello que con su obra comienza el cumplimiento del banquete anunciado y las implicaciones que este comienzo tiene para sus discípulos.

Ser discípulo de Jesús implica continuar en nuestro mundo el signo de los panes, trabajando contra la injusticia del hambre en el mundo y favoreciendo un justo reparto de bienes entre todos los hombres. Todo es obra del amor de Dios (2ª lectura): el que recibe el amor de Dios debe compartirlo con los demás trabajando por un mundo mejor. Los que trabajen por hacer de este mundo un “banquete fraternal” recibirán el premio del banquete final del Reino de Dios consumado: Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios  (Mt 5,9); Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo, porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis (Mt 25,34-35).

La Eucaristía se sitúa entre nuestro trabajo por hacer de este mundo un banquete y la herencia del banquete futuro. Agradecemos el alimento gratuito, el mismo Jesús, que nos sacia, alimenta y fortalece para enjugar las lágrimas de nuestros hermanos y hacer de este mundo un banquete.

fiesta de la Asunción de Nuestra Señora. 15 de agosto.

Celebramos hoy la fiesta de la Asunción de Nuestra Señora. Una verdad de fe definida por la Iglesia en 1950 por el Papa Pio XII: Es dogma revelado por Dios que la Inmaculada Madre de Dios, la Virgen María, terminado el curso de su vida terrena, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial».

Pero la fiesta es muy antigua. En Jerusalén hay dos iglesias de Nuestra Señora:
– De la «Dormición»: En la cripta aparece sobre una mesa la «Virgen dormida».
– Del «Sepulcro» de María donde habría sido enterrada, con una pintura muy antigua de la Asunción.

Las LECTURAS se relacionan con la fiesta:

1ª lectura: Maria, imagen de la Iglesia. (Ap 11,19a; 12,1-10ab).

El texto describe la lucha incomparable de un dragón horrendo, símbolo de las fuerzas del mal, contra una mujer indefensa y un niño frágil. A pesar de las fuerzas del mal, el dragón fue vencido. Vencieron la madre y el hijo por la intervención salvadora de Dios. Esa «Mujer» representa a la Comunidad de Israel, compuesta de 12 tribus. Mas se aplica también a María, de quien nació el Mesías. Como María, la Iglesia engendra en el dolor un mundo nuevo. Y como María, participa en la victoria de Cristo sobre el Mal. El Canto final: «Ahora llegó la salvación” es una invitación a la esperanza.

 2ª lectura: María, NUEVA EVA. NUEVO ADÁN.

Jesús hac de la Virgen María una NUEVA EVA, señal de esperanza para todos los hombres. (1Cor 15,20-27).
El texto es una larga demostración de la resurrección. La Asunción es una forma privilegiada de Resurrección. Pablo no evoca a María, mas esta lectura en la Asunción, lleva a reconocer el lugar eminente de la Madre de Dios en el gran movimiento de la resurrección.

Evangelio: María, Madre de los creyentes.

Llena del Espíritu Santo, María encuentra palabras de fe y de esperanza: ¡a partir de ahora todas las generaciones la llamarán bienaventurada! (Lc 1,39-56).
El cántico de María habla desde el principio del Plan de Dios, que prosiguió en María y que se cumple ahora en la Iglesia.

El SENTIDO DE LA FIESTA: una Mujer que es SIGNO.

  • La primera y la más perfecta discípula de Cristo. La Virgen se constituye en imagen y tipo de Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la unión perfecta con Cristo. María encarnó en su persona y en su vida terrena, el ideal de santidad del seguidor de Cristo.
  • Señal escatológica de la Iglesia: María Asunta es figura y primicia de la Iglesia que un día será glorificada; y consuelo y esperanza del pueblo peregrino en la tierra. Es el Puente del paso de Israel a la Iglesia.
  • Es una Señal humana de esperanza. La contemplación de María en la gloria nos hace ver la victoria de la esperanza.
«Porque hoy ha sido llevada al cielo la Virgen, Madre de Dios; ella es figura y primicia de la Iglesia que un día será glorificada; ella es consuelo y esperanza de tu pueblo, todavía peregrino en la tierra. Con razón no quisiste, Señor, que conociera la corrupción del sepulcro la mujer que por obra del Espíritu, concibió en su seno al autor de la vida, Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro. (Prefacio).

¿Es María modelo cristiano para hoy?

“La Virgen María siempre fue propuesta por la Iglesia a la imitación de los fieles no precisamente por el tipo de vida que llevó, dentro del ambiente en que vivió hoy superado, sino porque ella se unió totalmente a la voluntad de Dios, porque supo acoger su palabra y la puso en práctica, porque su acción estuvo animada por la caridad y por el espíritu de servicio, porque fue la primera y más perfecta discípula de Cristo». (Pablo VI).

María señal del amor de Dios.

En la vida sentimos necesidad de expresiones de amor y señales de cariño, que los otros tienen para con nosotros y que tenemos para con los otros: un saludo, un beso, una carta, un gesto, una sonrisa. En la vida espiritual también necesitamos de esas señales…
Cristo es el gran Sacramento del Padre y María es la señal perenne y maternal del amor que Dios nos tiene en Cristo Jesús nuestro Señor.
La fiesta de hoy es señal de lo que Dios prepara para los que son capaces de amar y servir. Es la anticipación de lo que Dios quiere dar: la plena felicidad…

¡ÁNIMO, SOY YO! 18º Domingo Tiempo Ordinario, Ciclo A

La mayoría de las personas cree en Dios y le gustaría tener un trato más cercano con Él. Pero “¿Dónde está Dios?» “¿Dónde lo podemos encontrar?» Las Lecturas de hoy tienen dos escenas muy bellas, que muestran cómo SE REVELA Dios.

En la 1ª Lectura, Dios se revela a Elías, en una BRISA suave. (1Re 19,9a.11-13). Cansado y perseguido de muerte por Jezabel, Elías huye al desierto, Caminando al Monte Horeb, donde Moisés se encontró con Dios… Allí, Elías lo esperaba en el viento, en el terremoto, en el fuego, pero Él no estaba allí. Dios va a su encuentro de una forma diferente: “en el soplo suave de una BRISA…”  y allí le habla…

Dios se manifiesta en la humildad, en la simplicidad, en la interioridad. Es preciso acallar el ruido excesivo, moderar la actividad desenfrenada, encontrar tiempo para consultar al corazón y a la Palabra de Dios, para percibir su presencia y sus indicaciones, en los signos, casi siempre discretos, que Él deja en la historia y en nuestra vida.

En la 2ª Lectura, Pablo habla de que Dios se reveló, ofreciendo a todos una propuesta de Salvación, pero que su pueblo infelizmente la rechazó. (Rom 9,1-5)

En el Evangelio, Dios se revela en la TEMPESTAD. (Mt 14,22-33)

– Jesús envía a los discípulos en misión en la otra orilla del lago y, cansado, se retira de la multitud… va al monte a rezar…
– Mientras tanto, los apóstoles navegan «de noche” preocupados, en la barca agitada por vientos contrarios.
– Jesús interrumpe el descanso… va a su encuentro, «caminando sobre el AGUA».
– Ellos se asustan: “Es un fantasma…»
– Y Jesús se identifica: “¡Ánimo, SOY YO, no tengáis MIEDO!».
– Pedro le contestó: «Se eres Tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua».
Jesús le dijo: “¡Ven!»
– Pedro va al encuentro de Jesús; mas, asustado por el viento, comienza a dudar y a hundirse. Entonces grita pidiendo socorro: “¡Señor, sálvame!».
– Jesús primero extiende la mano y después le pregunta: “¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?».
– Jesús sube a la barca y amainó el viento…
– Entonces todos se postraron ante Jesús, diciendo: “Realmente eres Hijo de Dios».
Dios se manifiesta en medio de las dificultades, los vientos de la tempestad. Mientras Jesús está en diálogo con el Padre, los discípulos están solos.
Atravesando el lago. Este viaje, sin embargo, no es fácil y sereno… Es de noche; las olas azotan a la barca y navega con dificultad, con viento contrario. Los discípulos están preocupados, pues Jesús no está con ellos…

Esa BARCA es la COMUNIDAD CRISTIANA: La «noche» representa las tinieblas, la oscuridad, la confusión, la inseguridad en que “navegan” a través de la historia los discípulos de Jesús, sin saber exactamente qué caminos recorrer ni hacia dónde ir…
Las «olas» representan la hostilidad del mundo, que golpea continuamente contra la barca en que navegan los discípulos…
Los «vientos contrarios» representan las resistencias al proyecto de Jesús.

Los discípulos de Jesús se sienten perdidos, solos, abandonados, desanimados, desilusionados, incapaces de enfrentar las tempestades que las fuerzas de la muerte y de la opresión lanzan contra ellos…
Y es ahí, donde Jesús manifiesta su presencia. Él va al encuentro de los discípulos «caminando sobre el mar». El episodio refleja a fragilidad de la fe de los discípulos, cuando tuvieron que enfrentarse a las fuerzas adversas, sin la presencia de Jesús en la barca.

Los discípulos siguen a Jesús de forma decidida, mas se sienten abatidos cuando llegan las persecuciones, las dificultades… Entonces, comienzan a hundirse y a sumergirse por el «mar» de la muerte, de la frustración, del desánimo, de la desilusión…
Sin embargo, Jesús está allí para extenderles la mano y apoyarlos. Finalmente, la desconfianza de los discípulos se transforma en una fe firme: “Realmente eres Hijo de Dios».

El texto es una CATEQUESIS sobre a el camino de la Comunidad de Jesús, enviada a la “otra orilla», para convidar a todos al banquete del Reino y ofrecerles el alimento con que Dios mata el hambre de vida y de felicidad de sus hijos.

  • El camino no es un camino fácil. La comunidad (la «barca») de los discípulos debe abrir camino a través de un mar de dificultades, por la hostilidad de los adversarios del Reino y por el rechazo del mundo a acoger los proyectos de Jesús.
  • Los discípulos deben ser conscientes de la presencia de Jesús.
  • El «fantasma» del MIEDO desvanece y las crisis de fe se superan, cuando aceptamos la presencia de Dios en nuestra vida. Él sigue asegurando: “¡Ánimo! Soy Yo. No tengáis miedo».

Que LOS PADRES puedan percibir siempre esa presencia de Cristo, que viene a su encuentro con palabras de esperanza. “¡ÁNIMO. Soy Yo. No tengáis miedo!».
Cuando Cristo entra en la BARCA, el viento y las olas paran… y vuelve la tranquilidad… la paz.

TESOROS QUE LIBERAN. DOMINGO 17 TIEMPO ORDINARIO A

La Liturgia de este domingo nos convida a reflexionar en los valores sobre los que fundamentamos nuestra existencia. Las lecturas nos ayudan a escoger esos valores…

En la 1ª Lectura, el rey Salomón escoge su tesoro: la SABIDURÍA. (1Re 3,5.7-12).
En el inicio de su reinado, el joven rey va a Gabaón, donde se hallaba el Tabernáculo sagrado, construido por Moisés, con el fin de ofrecer sacrificios al Señor.
En sueños, el Señor manifiesta su agrado por este gesto y le invita a pedir lo que quisiese. El rey no se dejó seducir por valores efímeros. Por lo contrario, escoge lo más importante: un corazón “sabio» para gobernar a su pueblo con justicia y rectitud. La ELECCIÓN agradó a Dios: Y Dios le concedió una sabiduría inigualable y le añadió aun otros tres valores no solicitados: riqueza, gloria y vida larga.
Salomón sabe escoger lo mejor: SABIDURÍA
El texto quería también presentar a Salomón como el escogido del Señor y justificar su proverbial sabiduría.

La 2ª Lectura presenta etapas del camino que conduce a la Salvación. Necesitamos de la Sabiduría de Dios, para discernir el designio de Dios, que nos «predestinó» para que seamos conformes a la imagen de su Hijo. (Rom 8,28-30)

En el Evangelio Jesús presenta su tesoro: el REINO DE DIOS. (Mt 13,44-52)

Es la conclusión del 3er Discurso de Jesús, con las últimas tres «Parábolas»: el Tesoro, la Perla y la Red. El REINO DE DIOS es un TESORO escondido… una PERLA que se busca… El DESCUBRIMIENTO de este tesoro y de esta perla provoca, en quien los encuentra tres ACTITUDES: Renuncia, Urgencia y Alegría.

1.- RENUNCIA a todo para adquirirlos… El Reino propuesto por Jesús es un «tesoro» precioso por el cual se renuncia a todo y por el cual los seguidores de Cristo deben estar dispuestos a pagar cualquier precio.
Desde el descubrimiento de Cristo, ¿en qué ha cambiado nuestra vida?

  • ¿A qué hemos renunciado ya por este tesoro?
  • ¿Dónde gastamos más tiempo en nuestra vida diaria?
  • ¿Al servicio de la comunidad, en lecturas serias, en la Oración o en el futbol, la TV, en el dinero, en la charla con los amigos?

2.- URGENCIA en la decisión que se debe tomar. La elección del Reino de Dios no se puede retrasar. Cuando Dios convoca es preciso responder inmediatamente. No podemos quedar negociando con Dios el precio de la perla.
Hay oportunidades que no se repiten nunca más… Hay personas conscientes de este tesoro, pero no están dispuestas a renunciar otros ciertos «tesoros».

3.- ALEGRÍA muy grande por el bien encontrado… Todo comerciante que realiza un buen negocio se siente feliz, aunque tenga que desprenderse de muchos bienes…
El Reino de Dios es un tesoro por el cual compensa la renuncia de todos los bienes de este mundo.

  • ¿Demostramos alegría y felicidad porque hemos encontrado nuestro tesoro?
  • ¿Si tenemos conciencia de este tesoro, cómo podemos permanecer enfadados, tristes y desanimados?

Mas aún quedan algunas preguntas: Si el Reino de Dios es tan precioso,

  • ¿Por qué hay tantos hombres que lo ignoran o hasta lo desprecian?
  • ¿Por qué vemos tantos males entre los buenos?
  • ¿Es que, al final, todos tendremos la misma suerte?

En la 3ª Parábola, Jesús da la respuesta: El Reino de Dios es una RED: La Iglesia es comparada a una red de arrastre, lanzada al lago, que captura peces de todas las clases y cualidades…
El Pescador, después de haber arrastrado lentamente la red a tierra, recoge los peces, separando los buenos y los malos, los inútiles y los aprovechables. Recoge los buenos y tira fuera los malos…
Dios no tiene prisa en condenar y destruir… sabe esperar… Y dentro de la Iglesia, ante el divino Pescador, ¿somos un miembro vivo, activo, útil para la vida de la Iglesia, un pez inútil, despreciado por el proprio Dios? Todo depende de nuestra elección, debemos SABER ESCOGER
Y Jesús concluye el Discurso con un diálogo con los discípulos, en el cual afirma que el verdadero discípulo es aquel que descubre el Tesoro del Reino y se compromete con él. Solo la Sabiduría divina podrá iluminarnos para comprenderlo y así anunciar a todos con alegría nuestro descubrimiento.
Como Salomón, pidamos a Dios mucha SABIDURÍA… para saber escoger el verdadero Tesoro, mucho ENTUSIASMO… para ponernos con alegría en su conquista.

EL SEMBRADOR. DOMINGO XV. TIEMPO ORDINARIO.

La Liturgia de este domingo nos convida a reflexionar sobre la importancia de la PALABRA DE DIOS y nos exhorta a ser una «tierra buena» que acoja la Palabra y produzca frutos abundantes en la vida de cada día.

En la 1ª Lectura, el Profeta compara la Palabra de Dios a la LLUVIA. “No volverá, sin que haga mi voluntad«. (Is 55,10-11)
Al Pueblo en el exilio, ya cansado y desilusionado de volver a su tierra, el profeta anuncia que Dios es siempre fiel a sus promesas. Su Palabra es como la lluvia y la nieve: caen del cielo y no vuelven sin haber producido el efecto. Dios no olvida a su pueblo, su Palabra nunca falla.

En la 2ª Lectura, Pablo enseña que el tiempo de la sementera siempre es difícil, se sufre con el dolor y la espera, mas no se trata de un grito de muerte, sino del inicio de una nueva vida que va llegando. (Rom 8,18-23)

En el Evangelio, con la Parábola de la SEMILLA y del SEMBRADOR, vemos que el fruto de la Palabra de Dios depende de la calidad de la tierra. (Mt 13,1-23).

Con esta parábola, Mateo inicia el 3er Discurso de Cristo: las siete Parábolas del REINO.

“Salió el Sembrador a sembrar… la semilla». Parte cayó:

– en el camino… los pájaros vinieron y se la comieron…
– en terreno pedregoso: brotó y luego se secó.
– en medio de los espinos: los espinos crecieron y la sofocaron…
– en tierra buena: produjo 30, 60, 100 por uno…

Jesús estaba encontrando dificultades en la aceptación de su Palabra.
– Había gente que no creía…
– Había gente que, aunque simpatizase con Jesús, luego se retiraban.
– Había gente que veía el mensaje de Jesús como una amenaza: debían cambiar de vida, alejarse del poder, distribuir las riquezas… Por eso, estaban en contra y tramaban la muerte del propio Jesús.
– Al fin estaban quedando con Él solo algunos discípulos. Hasta ellos tenían sus dudas…  

¿Es que la Palabra de Jesús estaba haciéndose ineficaz?
JESÚS responde con la Parábola: A pesar de los obstáculos, la semilla no pierde su fuerza. Dios lanza su semilla en todas las direcciones, no rechaza:
– ni a los pecadores endurecidos;
– ni a las personas superficiales;
– ni a las personas inmersas en las preocupaciones del mundo (placeres, negocios) … 

El Hombre puede cerrarse a la Palabra de Dios, rechazarla, mas siempre habrá terreno donde producirá 30, 60, 100…
La recepción del evangelio no depende ni de la Semilla, ni del Sembrador, sino de la CALIDAD DE LA TIERRA.
Ante la Palabra de Dios, hay diversos TIPOS DE OYENTES que existían en aquel tiempo y que siguen existiendo hoy:
– Están los que tienen un corazón materialista. Son incluso «muy religiosos», mas dan prioridad a la riqueza y a los bienes de este mundo. Esas preocupaciones son como espinos y zarzas que sofocan la semilla de la Palabra.
– Hay también los que tienen un corazón abierto y disponible.  Ellos acogen la Palabra de Jesús y dan mucho fruto.

La Parábola nos propone TRES PREGUNTAS:
1.- ¿Qué terreno somos nosotros?
Cuestionamos al PREDICADOR («Sembrador») de la Palabra de Dios: “Ha sido largo, ha sido repetitivo… ha sido un pesado…»
¿Qué tal si nos cuestionamos también nuestra actitud de OYENTES?
2.- ¿Qué tipo de sembradores somos?
– ¿Cuidamos nuestro terreno, retiramos las piedras y espinos?
– ¿Mejoramos la semilla que usamos, o ya tiene pasada la caducidad, porque no estudiamos, no nos informamos, no nos actualizamos? (En la catequesis, liturgia, canto, escuela, familia…)
3.- ¿Vale la pena sembrar?
La parábola de Jesús es una Parábola de ESPERANZA: Jesús es el Sembrador, y nosotros también lo somos, junto con Él…
Él siembra en todos los terrenos, incluso en los estériles. Y algunas semillas llegar a germinar…
Lo importante es sembrar el grano de la esperanza.
Sembrar la sonrisa para que resplandezca en torno a nosotros.
Sembrar nuestras energías para enfrentar las batallas de la vida.
Sembrar nuestro valor para levantar el ánimo de los otros.
Sembrar nuestro entusiasmo, nuestra fe, nuestro amor…

El Evangelio de hoy nos asegura que, a pesar del aparente fracaso, el éxito del «Reino» está asegurado; Y el resultado final será algo sorprendente y maravilloso.
Dios nos asegura: “La Palabra de Dios no volverá sin producir su fruto». “Pon la semilla en la tierra, no será en vano.  No te preocupe la cosecha, plantas para el hermano…»

domingo xiv

«Si, Padre, así te ha parecido mejor»

El Mundo de hoy se preocupa en mostrar la grandeza de los Poderosos. Dios demuestra la grandeza de los Humildes. Las Lecturas Bíblicas confirman esta verdad.

La 1ª Lectura describe la llegada del Rey vencedor a Jerusalén. El pueblo aguardaba una entrada triunfal y el profeta Zacarías anuncia una entrada humilde y pacífica, montando no un caballo de guerra, sino un jumento. Esta profecía hace recordar la entrada de Jesús en Jerusalén. El pueblo esperaba un Rey mesiánico poderoso. Y Jesús no se impone por el lujo o por la fuerza de un ejército poderoso, sino montando un borriquillo, llevando a todos la paz. Con este gesto, va a probar que conquistará el corazón de los hombres, con su amor… no por las armas.

En la 2ª Lectura, Pablo enseña que la vida «según la carne» engendra muerte; y que la vida «según el Espíritu», que recibimos en el Bautismo, engendra vida.

El Evangelio narra el retorno de los Apóstoles de la 1ª Misión Apostólica. Los Apóstoles vuelven cansados, pero alegres y exultantes, por haber expulsado hasta los demonios. Jesús los escucha con mucha atención e interés: muchos aceptaron su predicación… otros no… Jesús reza una ORACIÓN DE ALABANZA, porque la propuesta de salvación ha tenido acogida en el corazón de los humildes: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielos y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla.»
Los Grandes y poderosos, los sabios e inteligentes no perciben la presencia del Reino de Dios y no acogen su mensaje… Los Pequeños, los pobres, los humildes… acogerán con entusiasmo su palabra y su Reino. Dios se niega a los doctos ensoberbecidos por la propia ciencia, y se revela a los sencillos, conscientes de su propia pequeñez. Dios goza con los humildes, por pobres y pecadores que sean… y resiste a los soberbios, por más santos que se crean ser.

SÍ, PADRE. Y Jesús añade: “¡SÍ PADRE, así te ha parecido mejor!»
SÍ, PADRE: actitud de Cristo: su vida fue un continuo SÍ PADRE…

  • incluso ahora que deseaba que todos acogiesen la buena nueva…
  • en el huerto de los Olivos…
  • en el Padre Nuestro…

SÍ PADRE debe ser también nuestro camino de Salvación. Es la voluntad de Dios, vivida como se manifiesta en cada momento… Diciendo SÍ PADRE, algo maravilloso va a acontecer. Será el principio de una vida nueva y el origen de un nuevo amor. Quien vive ese SÍ PADRE: encuentra la Paz, que Cristo vino a traer.

Y Jesús hace una INVITACIÓN: «Venid a mí, todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.
Jesús va a quitar la carga pesada que los sabios y doctores habían creado para el pueblo. ¡Hay problemas que no tienen solución, hay dolores que ningún analgésico cura, hay oscuridad donde la luz no penetra! Y Cristo nos repite: «Venid a mí todos que estáis cansados y agobiados… y Yo os aliviaré…»
Solo Él podrá aliviar el peso de nuestros sufrimientos… Cuando los planes de Dios no corresponden a los nuestros, recemos con generosidad: “SÍ, PADRE, así te ha parecido mejor…»

Estoy convencido de que mucha más Paz comenzará a reinar en nuestro corazón… A cambio, Él trae un nuevo modo de vivir en la justicia y misericordia. Cansados y afligidos son todos los que sufren en la vida. Son los pobres de Dios, a los que Jesús dirige su gozosa noticia y entre los cuales Él se siente como uno de ellos.

¡En la vida cuánta miseria humana: ¡cuántos problemas, cuántos sufrimientos, cuánta desilusión y cuánto amor negado!

Señor abre nuestros oídos y nuestros ojos
para que podamos ver y oír lo que es bueno y justo.
Purifica nuestra mente para que podamos entender
el significado profundo de nuestra existencia.
Haz que busquemos la sabiduría que viene de Tí.

«Quien os recibe, a mi me recibe». Domingo 13º del Tiempo Ordinario – Ciclo A

La Liturgia de hoy trata algunos aspectos del DISCIPULADO. Discípulo es todo aquel que, por el Bautismo, se identifica con Jesús, hace de Jesús su referencia y lo sigue.
La Misión del discípulo es hacer presente en la historia y en el tempo el proyecto de salvación que Dios tiene para los hombres.

La 1ª Lectura muestra cómo TODOS pueden ser discípulos, colaborando en la obra de la  salvación. (2R4,8-11.14-16). Un matrimonio de Sunam sin hijos invita con insistencia al Profeta Eliseo a comer en su casa y acabaron preparándole incluso un cuarto para hospedarlo siempre que pasara por allí. Lo hicieron porque reconocían a Eliseo como un “Hombre de Dios». Y el profeta en recompensa de la generosa hospitalidad, les prometió, que a pesar de la edad avanzada, tendrían un hijo… Algunos años después, ese hijo llegó a fallecer. Podemos imaginar el profundo dolor de los padres. El Profeta se dirige hacia allí y devuelve a aquella madre generosa el hijo nuevamente con vida. La hospitalidad y la acogida son una fuente de Vida y de Bendición. Dios no deja de recompensar a los que colaboran con Él.
– ¿Cómo recibimos en nuestra casa, en nuestras comunidades a aquellos que vienen en nombre de Dios?
– ¿Procuramos ver en ellos un «Hombre de Dios», que también necesita de nuestra hospitalidad, un lugar en nuestra vida, en nuestro corazón, en nuestra amistad?

En la 2ª Lectura, Pablo exhorta a vivir la plenitud del Bautismo, muriendo al pecado y viviendo para Dios en Cristo.(Rom 6,3-4.8-11).

El Evangelio es una catequesis sobre el DISCIPULADO. (Mt 10,37-42). Es el final del Discurso del envío de los discípulos en «MISIÓN». Es una especie de «Manual del Misionero cristiano», destinado a revitalizar la acción misionera de la Comunidad. El Camino del discípulo es acoger y seguir a Cristo en el camino del amor y de la entrega.

En la 1ª parte, aparecen las Exigencias que Jesús propone a sus seguidores. Exige una actitud radical. Nuestro compromiso para con Él debe estar encima de todo, aun del amor sagrado para con nuestros padres. Para entender mejor, es bueno recordar la situación vivida por los cristianos de la comunidad de Mateo… Para ser fieles a Cristo, debían enfrentarse a persecuciones. Eran expulsados de la Sinagoga, quedaban excluidos del pueblo de Israel y debían ser repudiados hasta por sus mismos familiares. Jesús ya había avisado que el discípulo debía estar dispuesto a todo: “El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí..
También hoy, ante ciertas resistencias, muchas personas piensan que, para contar con grandes números en su filas, la Iglesia debería facilitar las cosas, y suavizar la radicalidad del evangelio y de los valores de Cristo.
– ¿Será que Cristo prefiere cantidad o calidad? En la 2ª parte Mateo sugiere que toda Comunidad debe anunciar a Jesús y tendrán una recompensa los que acojan a los mensajeros del Evangelio: “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí; y que me recibe, recibe al que me ha enviado”. “El que dé a beber un vaso de agua fresca a uno de estos pobrecitos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga».
Todos los cristianos tienen como misión anunciar el Evangelio de Jesús. Y esos misioneros» que testimonian la Buena Nueva y que entregan la vida al servicio del «Reino» deben ser acogidos con entusiasmo, con generosidad y amor.
¿Quiénes son los enviados de Dios, hoy?  
– Conocemos muchas personas en nuestras comunidades que se dedican con generosidad y gratuidad al servicio de los hermanos, visitando enfermos, en la Catequesis, en la Liturgia y en otras actividades pastorales. Esas personas generosas también tienen familia, tienen un empleo… ¿Se sienten reconocidas y apoyadas en la comunidad  o son injustamente criticadas, víctimas de envidias e de chismes?
– Conocemos también sacerdotes y religiosas que actúan en nuestro medio. ¿Cuál es nuestra actitud para con ellos? ¿Les damos nuestro apoyo y colaboración, viendo en ellos, más allá de sus cualidades y defectos de toda persona, un «hombre de Dios», para ser un instrumento de salvación? ¿Se sienten he hecho miembros de todas las familias cristianas, o tal vez personas extrañas?
Nuestra hospitalidad y colaboración no tienen sentido cuando lo hacemos por criterios puramente humanos, o peor, por interés personal. Sólo tienen sentido cuando animada por el espíritu de fe, como la pareja de la 1ª lectura: porque vieron en el profeta Eliseo un «Hombre de Dios…»
Cristo nos asegura: “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe al Padre que me ha enviado».