pentecostés

Domingo 31 de mayo de 2020

Celebramos hoy la fiesta de PENTECOSTÉS, la fiesta conclusiva del tiempo pascual.
Con el envío del Espíritu Santo sobre los apóstoles, se celebra el inicio de la MISIÓN y el nacimiento de la IGLESIA.
Las lecturas bíblicas nos hablan del hecho:
En la 1ª Lectura, Lucas describe como un hecho solemne, acontecido en JERUSALÉN en la fiesta judía de Pentecostés, cincuenta días después de la Pascua.  (Hch 2,1-11)
El Espíritu presente en el inicio de la vida pública de Jesús, está presente en el inicio de la actividad misionera de la Iglesia.
El Espírito Santo transforma profundamente a los apóstoles y une en una misma comunidad de amor, pueblos de todas las razas y culturas. Innumerables oyentes piden el Bautismo…
«Pentecostés» era una fiesta judía muy antigua, celebrada cincuenta días después de la Pascua.
Inicialmente era una fiesta agrícola, que agradecía la cosecha del trigo y ofrecía las primicias. Después pasó a celebrar la llegada del Pueblo de Israel al Sinaí, donde recibió la Ley de Dios. Se hizo la fiesta de la Ley, de la Alianza.
Lucas quería afirmar que en la fiesta de la entrega de la Ley de Moisés, recibimos la nueva Ley de Cristo: el Espíritu Santo.
Por tanto, presenta los mismos fenómenos del Sinaí:

  • Truenos, viento fuerte, llamas de fuego…
  • Varias lenguas… quiere enseñar que la Iglesia está destinada a todos los pueblos, sin barreras de lengua, raza o nación.
  • Recuerda el episodio de la torre de Babel: Donde nadie se entiende, y se separan unos de los otros…

Aquí el Espíritu inicia un movimiento inverso. Todos hablan una misma lengua que todos comprenden. Forman una única familia, donde todos se entienden y se aman.
No debemos tomar el texto al pie de la letra, sino el mensaje: Presenta la Iglesia como una comunidad de hermanos reunidos por causa de Cristo, animada por el Espíritu del Resucitado, que testimonia en la historia el proyecto libertador de Jesús.

La 2ª lectura, recuerda la acción del Espíritu Santo en la Comunidad.
La Iglesia unida en Cristo, formando un solo cuerpo en la diversidad de dones y ministerios, que se manifiestan para el bien común. (1Cor 12,3b-7.12-13).
En el Evangelio, Juan sitúa la recepción del Espíritu Santo en GALILEA, al anochecer del día de Pascua. (Jn 20,19-23). Jesús resucitado va al encuentro de los apóstoles, ofrece la paz y los llena con los dones del Espíritu Santo.

– El «anochecer», las “puertas cerradas», el «miedo» revelan la situación de una comunidad desorientada e insegura.
– Sin embargo, Jesús aparece “en medio de ellos». Jesús es el centro y la razón de ser de la Comunidad.
– Jesús les desea “la Paz» (‘Shalon’)». Significa serenidad, tranquilidad, confianza, para que los discípulos superen el miedo y la inseguridad.
– En seguida, Jesús “les muestra las manos y el costado».

Son las «señales» de la entrega total y amorosa de Jesús en la cruz. 
– Comunica el Espíritu, con el gesto de soplar sobre los discípulos. Con el «soplo» de Dios en la creación, el hombre de barro adquirió vida. Con este «soplo» de Jesús, nace el Hombre Nuevo.
– Finalmente, Jesús explicita la misión de los discípulos: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo…»
– La reacción de la Comunidad es la alegría, que nadie les puede quitar.
Aunque las perspectivas de Juan y de Lucas sean diferentes, la finalidad es la misma. Ambos muestran que el mismo Espíritu, que acompañó la acción misionera de Jesús, continúa asistiendo la acción misionera de su Iglesia.

 Pentecostés continúa: Ante estos acontecimientos grandiosos, tal vez envidiemos la suerte de los apóstoles y olvidemos que el Pentecostés continúa también hoy…
– En  NUESTRA VIDA hubo un Pentecostés.
Animados por el don de Cristo Resucitado en el BAUTISMO y fortalecidos por el Espíritu Santo recibido en la CONFIRMACIÓN, somos enviados al mundo como mensajeros de la paz y de la reconciliación.
– En la IGLESIA: El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia. Hace nacer la Iglesia y siempre la renueva a lo largo de los tiempos, con sus dones y carismas.
– En la MISIÓN: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo…“

El cristiano es un enviado:

  • Para vivir y contagiar la Paz, a veces tan ausente en el mundo…
  • Para experimentar el perdón y la misericordia (actitudes de la iglesia en el mundo) …
  • Para ser constructores de la Comunidad.

EN EL MISMO LENGUAJE: todos se entienden… todos hablan el lenguaje del amor…
«Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de la Iglesia naciente; el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos; el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas”. (Prefacio).
Él ilumina nuestros pasos, nuestro actuar y nuestras elecciones.
Él nos da valor y alegría para que seamos verdaderos DISCÍPULOS y MISIONEROS de Cristo.

DOMINGO DE PENTECOSTÉS. ciclo a

Domingo, 31 de mayo de 2020

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 1-11

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar.
De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados.
Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos.
Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.
Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo.
Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.
Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:
«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa?
Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34

R/. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor,
la tierra está llena de tus criaturas.

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra.

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13

Hermanos:
Nadie puede decir: «¡Jesús es Señor!», sino por el Espíritu Santo.
Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.
Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.
Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo.
Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Palabra de Dios

Secuencia

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado.
Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Palabra del Señor

ASCENSIÓN DEL SEÑOR

“ID POR TODO EL MUNDO Y PREDICAD EL EVANGELIO”

 

Con la fiesta de la ASCENSIÓN, queremos celebrar:

– El Final de la Misión terrena de Cristo,
– El Inicio de la Misión salvadora de la Iglesia.

Las Lecturas Recuerdan el HECHO, aunque narrados con pormenores diferentes y hasta contradictorios.

En la 1ª Lectura, Lucas, después de una introducción a los Hechos de los Apóstoles, describe la Despedida de Jesús en JERUSALÉN.
Subraya la Venida del Espíritu Santo y el Testimonio que los discípulos deberán dar “hasta los confines de la tierra». (Hch 1,1-11)

En la 2ª lectura, Pablo ve en la Ascensión la glorificación de Cristo y el anuncio del retorno de toda la humanidad a Dios. (Ef 1,17-23)

El Evangelio narra la Aparición Pascual de Jesús en GALILEA. Refiere la Presentación de Jesús: “Se me ha dado pleno PODER”

  • La Misión: «ID y haced discípulos de todos los pueblos;
  • La Promesa: “YO ESTOY CON VOSOTROS todos los días hasta el fin del mundo…» (Mt 28,16-20).

La Iglesia de Cristo es, esencialmente, una Comunidad MISIONERA, cuya misión es testimoniar en el mundo la propuesta de salvación y de liberación que Jesús vino a traer a los hombres y dejó en las manos y en el corazón de los discípulos.

Esta MISIÓN tiene dos características:

  • Es universal: destinada a «todas las naciones».
  • La Iniciación cristiana tiene dos fases: La Enseñanza y el Bautismo. Se comenzaba por la Catequesis: las palabras y los gestos de Jesús. Después venía el Bautismo, que sellaba la vinculación del discípulo con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Jesús promete estar con los discípulos “hasta el fin de los tiempos».

Los detalles de la narración: son más bien simbólicos.

  • Los 40 días expresan el «tiempo de aprendizaje» necesario para que un discípulo aprenda y repita las lecciones del maestro;
  • La elevación al cielo expresa la exaltación total de Jesús;
  • La nube es una señal que esconde y manifiesta la presencia de Dios;
  • Los dos hombres vestidos de blanco: el testimonio viene de Dios;
  • Los discípulos mirando al cielo recuerdan la expectativa de la comunidad que esperaba la segunda venida de Cristo.

 Contradicciones:

  • ¿Cuándo? ¿Pronto o 40 días después?
  • ¿Dónde? ¿En Jerusalén o en Galilea?

Resurrección, Ascensión, Pentecostés: ¿Tres momentos distintos? o momentos catequéticos de un único Misterio de fe: la Pascua del Señor:  

  • En la Resurrección: La Liturgia destaca su VICTORIA sobre la muerte…
  • En la Ascensión: Su EXALTACIÓN como Señor del cielo y de la tierra, y la entrega de su misión a la comunidad eclesial, a través de los apóstoles…
  • En Pentecostés: La Acción del ESPÍRITU SANTO en la Iglesia, que comienza su actividad misionera de nuevo Pueblo de Dios…

La ASCENSIÓN no es una narración histórica, sino una escenificación literaria de la exaltación de Jesús… con muchas semejanzas de la subida de Elías al cielo en el carro de fuego…    

Sentido de la fiesta:

  1. La Ascensión de Cristo refuerza la ESPERANZA de nuestra Ascensión, un futuro inigualable nos aguarda… «No se ha ido para desentenderse de este mundo, sino que ha querido precedernos como cabeza nuestra, para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su reino”. (Prefacio).
  2. La Ascensión nos recuerda que somos ENVIADOS de Cristo para continuar y completar su obra… No podemos quedar parados, mirando al cielo… Debemos ser discípulos y hacer discípulos para el Reino… Y Cristo nos asegura: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo…»
  3. Mas ese trabajo no dependerá solo de nuestras fuerzas… Por eso los envía a Jerusalén «para aguardar el Espíritu Santo, reunidos en oración, con María, madre de Jesús».

Como María y los apóstoles reunidos en el cenáculo, debemos REZAR e invocar al Espíritu Santo. Cristo ya había afirmado: «Sin mi no podéis hacer nada…» Por eso, la iglesia no comienza con la Acción… sino con la Oración, como María, Madre de Jesús (y de la Iglesia)…

Cristo MARCHA, pero PERMANECE en la COMUNIDAD. La Ascensión de Cristo al cielo no es el fin de su presencia entre los hombres, sino el comienzo de una nueva forma de estar en el mundo. Su presencia acompaña con signos a nuestra Misión evangelizadora. Dios está presente y nos envía como sus apóstoles.  

EN LA DESPEDIDA DEL P. GREGORIO RIAÑO, cmf

Cuantos os asomáis alguna vez a esta página Web de la parroquia conocéis de sobra al P. Gregorio Riaño. El Señor le llamó el pasado 20 de mayo de 2020 a la edad de 90 años, tras día y medio de hospitalización y algunos días de deterioro de su salud. Los médicos han visto en su proceso final anemia severa, neumonía sin síntomas de COVID-19 y notables desequilibrios de circulación.

Esa tarde del 20 de mayo velábamos sus restos mortales en el Tanatorio M30 de Madrid. Un pequeño grupo de hermanos y amigos, ateniéndonos a la normativa de este tiempo de pandemia, en la capilla del Tanatorio celebramos una Eucaristía muy emotiva. Las imágenes que ofrecemos dan fe de ello. Casi a la misma hora, a las ocho de la tarde, en su parroquia del Inmaculado Corazón de María de Ferraz, muchos que le querían celebraban la Eucaristía con sentimientos encontrados: dolor y pesar por su pérdida, gozo y esperanza en el Señor que guía nuestra vida, y gratitud hacia él.

En la mañana del jueves 21 de mayo en el Tanatorio de la M-30, y también un pequeño grupo, teníamos la oportunidad de ver por última vez el rostro, sereno y pacífico pero sin vida, del P. Gregorio. Tras una oración-ofrenda de su vida al Señor y unas invocaciones de acción de gracias por el don de haberle conocido y haber compartido tantas cosas con él, iniciamos el traslado hacia el Crematorio de la Almudena.

Momentos más tarde en el Crematorio rociábamos sus restos mortales con el agua bendita, símbolo de las aguas bautismales con las que un día fue bañado, y signo de su dignidad de cristiano, en espera de la resurrección y de la vida definitiva en Dios. Era la ofrenda final. Qué bien lo expresó la canción que tantas veces había cantado el P. Gregorio en celebraciones eucarísticas: «Aquí me tienes, Señor. Aquí estoy, pues me llamaste. Vengo a ofrecerte mi vida, la que tú me regalaste».

* * *

Gregorio Riaño nació en Cerezo de Río Tirón (Burgos) el 30 de septiembre de 1929. Hizo su profesión religiosa como Misionero Claretiano en Salvatierra el 8 de diciembre de 1947 y fue ordenado presbítero en Pamplona el 27 de junio de 1955.

Gran parte de su vida y de su ministerio sacerdotal lo ha realizado en Madrid en las parroquias de San Antonio María Claret, Ntra. Señora del Espino, Santo Ángel en Vallecas e Inmaculado Corazón de María. En esta última, fue párroco de 1992 a 1998, y tras unos años con diversas tareas en las comunidades de Bravo Murillo-Madrid y Burgos, con 80 años ya cumplidos, abría una nueva etapa en su vida y volvía a la parroquia-santuario del Corazón de María de Ferraz, ahora como colaborador.

Aquí ha vivido estos últimos nueve años entregado con ánimo a las tareas de la comunidad y de la parroquia en la medida de sus fuerzas. La salud le fue dando en este tiempo algunos avisos. Pero, aún en los momentos de debilidad, no dejó de arrimar el hombro en la atención pastoral, especialmente, el confesonario.

A quien le ha conocido no hace falta hablarle de su hondura espiritual y categoría humana; de su sentido de fraternidad y de su talante religioso y constructivo. La vida del P. Gregorio deja el sabor refrescante de la buena música, de la interior, de la que se hace sencillo servicio. Damos gracias a los hermanos y a los fieles que le hicieron misionero feliz en tantos momentos de su vida. ¡Gracias, Gregorio: el Corazón de María al que tanto invocaste y cantaste sigue velando por ti!

En su momento, cuando sea posible, anunciaremos un funeral público por su eterno descanso. Aquí, en la cripta del santuario del Corazón de María, reposarán sus cenizas en espera de la resurrección. Descanse en paz.

Ascensión del Señor – Ciclo A – (Domingo VII de Pascua)

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (1,1-11):

EN mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo. Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios.
Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino: «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».
Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo:
«Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?».
Les dijo:
«No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y “hasta el confín de la tierra”».
Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 46,2-3.6-7.8-9

R/. Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible,
emperador de toda la tierra. R/.

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad;
tocad para nuestro Rey, tocad. R/.

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,17-23):

HERMANOS:
El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro.
Y «todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.

Palabra de Dios

Evangelio

Evangelio segúngún san Mateo (28,16-20), del domingo, 24 de mayo de 2020

Conclusión del santo evangelio según san Mateo (28,16-20):

EN aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

Palabra del Señor

RETOMAMOS EL CULTO

Desde hoy el culto en la Iglesia

6º Domingo de Pascua, Ciclo A

Domingo 17 de mayo de 2020

La Iglesia celebra en los próximos días dos grandes fiestas: ASCENSIÓN y PENTECOSTÉS.

Las Lecturas bíblicas reflejan los dos acontecimientos:

     – La Ascensión: con el discurso de la Despedida.

     – Pentecostés: con la promesa del Espíritu Santo… y la Imposición de las manos de los apóstoles.

La Liturgia nos muestra que Dios está presente en su Iglesia, por el Espíritu Santo, incluso después de la vuelta de Jesús al Padre.

La 1ª lectura narra el inicio de la misión evangelizadora de la Iglesia, fuera de Jerusalén. (Hch 8,5-8.14-17). Los Apóstoles Pedro y Juan son enviados a Samaría, para completar la Iniciación cristiana realizada por el Diácono Felipe, confiriendo el Don del Espíritu Santo a los recién bautizados, a través del gesto de la imposición de las manos.

Este pasaje constituye el «Pentecostés Samaritano», como en la casa del Centurión romano sucede el Pentecostés “Pagano».

El episodio recuerda dos verdades:

– El Bautismo se completa con la Unción del óleo del Crisma y por la imposición de las manos del Obispo, en el sacramento de la Confirmación. Es el momento en que recibimos la Plenitud del Espíritu Santo.

– Para que una comunidad se constituya de hecho omo Iglesia, no basta una aceptación aislada e independiente de la Palabra, sino que es invitada a vivir su fe en comunión con toda la Iglesia.

En la 2ª Lectura, Pedro exhorta a los cristianos a la perseverancia y a la fidelidad a los compromisos asumidos con Cristo en el Bautismo. (1Pe 3,15-18)

El Evangelio es parte del discurso de la DESPEDIDA de Jesús. Es el testamento que el Maestro deja a la Comunidad antes de partir. (Jn 14,15-21)

Los discípulos se muestran abatidos y tristes… Jesús los anima, declarando que no los dejará huérfanos en el mundo. Él va al Padre, mas va a encontrar un modo de continuar presente y de acompañar en el camino a sus discípulos.

Es una alusión a su vuelta invisible, mas real, mediante el Espíritu Santo, que lo sustituirá  junto a los discípulos y permanecerá siempre con ellos y con toda la Iglesia.

Es la posibilidad de vivir en intensa comunión con el Padre y el Hijo, por el Espíritu de la Verdad, que se nos da como don de la Pascua.

Para ello, es necesario un amor auténtico, que se manifiesta en la observancia de los Mandamientos: «Quien me ama… guarda mis Mandamientos…»

Solo quien vive ese amor está apto para recibir el Espíritu Santo.

El amor supera al miedo, a la separación y a la muerte…

Jesús habla de “MIS Mandamientos». No se trata de los 10 Mandamientos, pues ya existían en el Antiguo Testamento…

Poco antes, Jesús resumirá toda la Ley y los Profetas en «Amar a Dios y al prójimo como Él nos amó».

Consecuencias de ese amor vivido con los Mandamientos:

1.- Merece recibir el Espíritu Santo:  «El os dará el Espíritu de la Verdad. El mundo no puede recibirlo».

2.- Es alguien amado por el Padre…: “Lo amará mi Padre…»

3.- Se hace capaz de percibir la manifestación de Cristo: “Yo también lo amaré y me revelaré a él…»

4.- Sobre todo, se convierte en MORADA DE DIOS: «Vendremos a él y haremos morada en él…»

La Comunidad cristiana será entonces la presencia de Dios en el mundo: Ella y cada miembro de ella se convertirán en Morada de Dios, el espacio donde Dios viene al encuentro de los hombres.

En la Comunidad de los discípulos es a través de ella, cómo se realiza la acción salvadora de Dios en el mundo.

 

Este «camino» propuesto por Jesús a muchos les parece un camino de fracaso, que no conduce ni a la riqueza, ni al poder, ni al éxito social, ni al bienestar material. Parece que no da sabor a la vida de los hombres de nuestro tiempo.

Sin embargo, Jesús afirma que es en esa identificación con Cristo y en ese «camino» del amor y de la entrega, donde se encuentra la felicidad plena y la vida definitiva. Jesús promete a los discípulos el envío de un «DEFENSOR», de un «INTERCESOR», que va a animar a la comunidad cristiana y conducirla a lo largo de su historia.

La Comunidad cristiana, identificada con Jesús y con el Padre, animada por el Espíritu, es el «Templo de Dios», el lugar donde Dios habita en medio de los hombres.

A través de ella, el Dios libertador continúa realizando su plan de salvación.

¡Procuremos vivir intensamente esta presencia de Cristo, en medio de nosotros, ahora en la Eucaristía y después en el amor vivido con los hermanos!

¡El Espíritu Santo no puede seguir siendo el «ilustre desconocido»!

Domingo 6º de Pascua – Ciclo A

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (8,5-8.14-17):

EN aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría. Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo; pues aún no había bajado sobre ninguno; estaban solo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 65,1-3a.4-5.6-7a.16.20

R/. Aclamad al Señor, tierra entera

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». R/.

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R/.

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos en él.
Con su poder gobierna eternamente. R/.

Los que teméis a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (3,1.15-18):

QUERIDOS hermanos:
Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo.
Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal.
Porque también Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para conduciros a Dios. Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu.

Palabra de Dios

Evangelio

Evangelio según san Juan (14,15-21), del domingo, 17 de mayo de 2020

Lectura del santo evangelio según san Juan (14,15-21):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque. no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Palabra del Señor