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"Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?"

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Todos tenemos tendencia a preguntar a Dios, como si su "tarea" fuera responder a las cuestiones que le planteamos; le obligamos a darnos explicaciones sobre el problema del mal, del sufrimiento humano. Llegamos a pensar que "tener fe" es obligar a Dios a darnos cuenta de sus comportamientos y proyectos. Y pataleamos, como niños consentidos, cuando se calla y no responde según nuestras miras humanas, según nos conviene.

El Evangelio de hoy nos recuerda que es Él quien nos somete a examen, quien nos hace preguntas. Y somos cada uno de nosotros quien respondemos con nuestra fe, con nuestras obras, con la sinceridad de nuestra vida iluminada por la fe. No valen las respuestas de otros, ni las respuestas de memoria o prefijadas. La respuesta nos la inspira el Espíritu, "que procede del Padre y del Hijo, como a Simón, "hijo de Jonás".

Pedro responde con amor sincero: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Y es dichoso porque le indica la respuesta "el Padre que está en el cielo". Es una respuesta que excede la capacidad de Pedro, que nosotros no podemos dar con nuestra sabiduría humana; percibimos la hondura y novedad de las preguntas a nuestra parroquia y a cada uno de nosotros:

¿Conocemos mejor a Jesús o lo tenemos encerrado en nuestras teorías o rutinas de siempre?. ¿quiénes se acercan a nosotros pueden notar él atractivo que tiene para nosotros? ¿le seguimos para aprender a vivir como Jesús? ¿sentimos compasión por los empobrecidos?, ¿hacemos la vida más humana y dichosa a los que nos rodean?, ¿creemos que Jesús vive, que ha resucitado?, ¿somos testigos y sembradores de esperanza? Estos interrogantes nos ayudan a decir quién es Jesús. Escuchemos al Espíritu para responder.

Jesús tiene el poder de las llaves, preanunciado en el texto de Isaías (1ª lectura). Como representante suyo, Cristo deja en la tierra a Pedro con plenos poderes para ofrecer la salvación y el perdón de los pecados, dentro de la Iglesia misionera, llamada a vivir y contagiar "la Alegría del Evangelio" (Papa Francisco).

Pablo escribe que aunque no conocemos la mente del Señor, la salvación se realiza en Jesucristo: "Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Amén" (2ª lectura). Demos gracias a Dios de todo corazón porque no abandona la obra de sus manos (Salmo 137).

Jaime Aceña Cuadrado cmf.

Jueves 21 de agosto de 2014, por Parroquia Ido. Corazón de María


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