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..."Y vosotros...¿quién decís que soy?."

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El diálogo de Jesús con sus discípulos tiene lugar en Cesarea de Filipo, en tierra de gentiles (Evangelio). Hoy vivimos en tierra indiferente ante la novedad cristiana. Y la pregunta es muy pertinente porque sólo es posible responder desde la opción personal por Jesús; hoy la familia se diluye como ámbito de educación en los valores del evangelio; hoy el influjo educativo de los colegios confesionales choca con el atrio de los gentiles: la universidad y los medios de comunicación; hoy Jesucristo está bajo en los índices de audiencia...pero Él nos hace la pregunta a nosotros, que vivimos en una época poscristiana:..."y vosotros, ¿quién decís que soy?".

Podemos contestar con la respuesta de Pedro, recogida en nuestro Catecismo: "Tú eres el Mesías". Entonces tenía una gran resonancia política porque el Mesías iba a instaurar su reinado y salvar al pueblo. Jesús les prohíbe divulgar esta opinión porque su mesianismo lo va a vivir en la entrega humilde; Jesús es sincero y les anuncia que su camino no es el del triunfo fácil; sino el de la humillación, el dolor y la muerte "y resucitar a los tres días". Pedro no entiende este lenguaje; como Satanás en el monte de la cuarentena, intenta apartar a Jesús del cumplimiento de su misión. El mismo camino de renuncia y olvido de sí mismo es el del discípulo que quiera seguir a Jesús; a Pedro, y a todos, nos resulta duro este lenguaje porque pesa más en nuestro ánimo el anuncio de su muerte dolorosa que el gozo de la Resurrección.

El poema del Siervo de Yahvéh describe el mesianismo de Jesús (1ª lectura). El Siervo se presenta como oyente fiel de la Palabra de Dios que le lleva a una misión dolorosa, expuesta a la injuria y a la violencia de los hombres. Pone su confianza en el Señor seguro de que le dará la victoria. Pasamos mucha vida espiritual bloqueados por esta paradoja cristiana: dar la vida para encontrarla, morir para vivir.

Si caminamos "en la presencia del Señor, en el país de la vida" (Salmo 114), llegaremos a experimentar la verdad de esta paradoja cristiana; podemos identificarnos con la plegaria del Siervo; oremos desde el corazón de Jesucristo: "el Señor guarda a los sencillos; estando yo sin fuerzas me salvó".

Por la oración respira nuestra fe; la fe crece y se manifiesta con las obras (2ª lectura). Nos salvamos, comenzamos a vivir en Cristo, si nuestra fe es activa, operante, real...No son buenos los fervorines, o la demagogia ante los refugiados, por ejemplo. Es maduro preguntarse: ¿qué puedo hacer yo por mis hermanos desnudos o hambrientos?; ¿cómo puedo colaborar en la acogida a los refugiados?. La Palabra de hoy nos invita a ser consecuentes con nuestra fe; que las dificultades reales no me paralicen; que me lleven a hacer con otros; la salud de nuestra Fe nos lo demanda.

Jaime Aceña Cuadrado cmf.

Viernes 11 de septiembre de 2015, por Parroquia Ido. Corazón de María


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