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"Tú eres mi Hijo amado, mi preferido"

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Hay un hecho evidente de sociología religiosa que comentamos en reuniones de pastoral: muchos bautizados abandonan la fe o viven sin cultivarla o víctimas de la increencia ambiental; analizando las causas nos damos cuenta que muchos bautizados no han tenido un proceso de catequesis o que están pobremente evangelizados. Hoy, domingo del Bautismo del Señor, volvemos a encontrar las claves del Bautismo cristiano que pueden cambiar la rutina de nuestra fe.

Jesús toma la decisión de bautizarse; va desde Nazaret al Jordan para que Juan lo bautizara (Evangelio). Como bautizamos a los niños en la fe de los padres, estos, de acuerdo con la Parroquia, deben facilitar a los niños la catequesis en su momento, para que puedan decidir aceptar libre y conscientemente su bautismo; lo ideal es que culminen su iniciación cristiana con la confirmación. Del dicho al hecho hay un gran trecho de dificultades prácticas; el bautizado puede afrontarlas con la ayuda de la familia y de la parroquia. ¿Qué largo camino hasta escuchar en lo profundo de sí mismo la misma voz que resonó en el Bautismo de Jesús: "Tú eres mi hijo, mi preferido".

Jesús es el ungido por el Espíritu Santo desde su Encarnación hasta su Ascensión a los cielos. El Espíritu Santo unge también al bautizado y le incorpora al Cuerpo de Cristo; comparte con Jesús vida y misión en comunión con todos los bautizados que formamos la Iglesia. S. Pedro sintetiza esta novedad del Evangelio predicado por los apóstoles que lleva al Bautismo: "Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él" (2ª lectura).

El Bautismo aceptado como opción personal, unifica la nueva vida en el Espíritu -"vivo...pero es Cristo quien vive en mí"- con la misión de reconstruir la alianza de Dios con el pueblo; es la iniciativa que Dios realiza en Jesús y que estamos urgidos a realizar los bautizados: "te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas" (1ª lectura).

San Gregorio Nacianceno, que vivió en el siglo cuarto, reflexiona sobre el bautismo y escribe: "el bautismo...es una muerte con Cristo...la perfección del Espíritu...el cambio de la vida, el fin de nuestra esclavitud, la liberación de nuestras cadenas, la transformación de nuestras costumbres". ¿Qué cadenas nos esclavizan hoy?; ¿qué cegueras nos impiden ver con la luz de Dios?. Aceptar el Bautismo lleva un doble dinamismo espiritual: el cambio de vida que encuentra en Jesús el camino y la urgencia para poner en el candelero la Luz que hemos recibido para que "todos den gloria al Padre que está en los cielos" (misión).

Jaime Aceña Cuadrado cmf

Viernes 9 de enero de 2015, por Parroquia Ido. Corazón de María


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