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"Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más"

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Diversos literatos españoles señalan la envidia como el mayor "pecado" nacional. La envidia es el origen de otro "pasatiempo" nacional: la crítica despiadada, la condena inmisericorde al que se equivoca o es sorprendido en fraude, en comportamiento inmoral...no se le concede la presunción de inocencia, se le juzga y condena a la primera.

Jesús desenmascara este comportamiento actual y antiguo. La escena con la mujer adúltera, a punto de ser linchada, resalta la actitud de Jesús con los pecadores (Evangelio). El adulterio era castigado por la ley judía con la muerte (Lev. 20, 10). Jesús rehúsa pronunciar sentencia contra la mujer, contra la persona que ha pecado. Ante la insistencia de los "condenadores", Jesús apela a su conciencia.

Jesús no niega la culpa de la mujer; la exhorta a no volver a pecar. Jesús desenmascara nuestra hipocresía cuando nos erigimos en jueces de la vida ajena; invita a considerar el propio pecado personal, del que nadie se ve libre..."que le tire la primera piedra" Todos se escabullen. La actitud personal de Jesús ante el pecador es no de condenar, sino de salvar; una salvación que comporta el cambio de vida del pecador.

En este Año de la Misericordia, el Evangelio de hoy nos aclara que la Misericordia brota de Dios, por Jesús que perdona...y necesita nuestra conversión para que florezca en nueva vida.

Dios se manifiesta como el que salva al pueblo de la opresión (1ª lectura): "mirad que realizo algo nuevo", transforma la situación de muerte (yermo desierto) en una situación de vida (apagar la sed de mi pueblo).

Hacemos nuestra la alegría exultante del salmista: "El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres" (salmo 125).

S. Pablo nos propone el conocimiento pleno de Cristo, "vivir en Cristo" (2ª lectura). Pablo abandona sus ideales judíos al conocer que solamente de Cristo proviene la salvación: "todo lo estimo pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús". Dos medios propone para alcanzar plenamente la vida en Cristo: valorar en su justa medida los bienes efímeros que el mundo nos ofrece y correr como un atleta en el estadio: centrar toda nuestra atención y todo nuestro esfuerzo en conseguir la meta, el premio, Cristo Jesús.

Jaime Aceña Cuadrado cmf

Sábado 12 de marzo de 2016, por Parroquia Ido. Corazón de María


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