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"Simón, hijo de Juan, ¿me amas?"

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El entusiasmo que produce el progreso científico y técnico se torna, con frecuencia, en decepción porque no conseguimos ser más felices, ni alcanzamos una convivencia pacífica, estable y justa...tenemos la sensación de que no hemos logrado nada con tanto esfuerzo de personas preparadas y de buena voluntad. Esta sensación de fracaso la tenemos en la vida civil y en la vida pastoral: los políticos no se entienden para formar un gobierno que busque el bien común en España (¡qué aburrimiento!), ni la Nueva Evangelización llega a los alejados e indiferentes; ¿qué hacer?.

Jesús no es ajeno al estado de ánimo de los apóstoles al amanecer de una noche fracasada de pesca. (Evangelio). Cuando más necesitan de una palabra de aliento, Jesús se presenta en la orilla del lago porque quiere comer con ellos; no tienen pescado, "echad la red a la derecha de la barca y encontraréis". Le reconoce el discípulo amado: "¡Es el Señor!". Después acontece, como hoy si nos reunimos en su nombre, el almuerzo Eucarístico y el encuentro personal.

Nuestra fe se alimenta de cada encuentro con el Señor resucitado; entonces fue "la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos". Hoy el Señor nos convoca cada día; entonces y hoy realiza los mismos gestos: "Jesús se acerca, toma el pan y se lo da".

Y Jesús nos llama por el nombre a cada uno y nos dice como a Pedro: "¿me amas?". Me lo pregunta varias veces para que no le responda de memoria o para quedar bien o para decir lo que otros esperan que diga. Ante el Señor sólo puedo responder desde la verdad de lo que soy y de lo que vivo en relación con Él: "Señor, tú conoces todos, tu sabes que te quiero". ¿Es esta mi verdad, mi respuesta sincera?.

Si la fe la vivo como Amor al Resucitado, puedo ser su testigo, puedo prolongar su Misión. Me identifico con la exaltación del Resucitado junto al Padre, recogida en el Apocalipsis: " al que se sienta en el trono y al Cordero, la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos" (2ª lectura).

La primera persecución de la Iglesia se cierra como había comenzado: con una proclamación del Nombre de Jesús, que se hace presente en cada celebración eucarística. "Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo que Dios da a los que le obedecen" (1ª lectura).

Señor: hoy, igual que a tus Apóstoles, me pasas tu invitación: ¡Ven a comer conmigo!. Sal de tu sepulcro- me dices- y empieza a respirar el aire puro de la amistad y la esperanza. Gracias, Jesús, por tu presencia en mis caminos; "te ensalzaré, Señor, porque me has librado, aleluya" (Salmo 29).

Jaime Aceña Cuadrado cmf

Viernes 8 de abril de 2016, por Parroquia Ido. Corazón de María


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