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"Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo?, ¿de dónde sale la cizaña?"

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Tres parábolas en el Evangelio de este domingo: la mostaza, la levadura y la cizaña. Las tres nos ayudan a comprender lo peculiar del Reino de Dios, iniciado en Jesús.

"Hay mucho bueno en el mundo" -dicen los más esperanzados-; "pero también hay mucho malo" -contestan otros. El Espíritu siembra el mundo y nuestro corazón; constatamos que junto al bien crece el mal, la cizaña , ¿qué hacer? (Evangelio). Y constatamos que en nuestro interior personal conviven el Buen Espíritu y la cizaña; ¿qué hacer?. La respuesta del Señor a los criados es una invitación a mirar el campo del mundo y el campos personal con los ojos de Dios: la paciencia nos impide quitar rápido la cizaña, así no arrancamos el trigo bueno con la cizaña; Dios permite que crezcan juntos hasta "la siega", cuando la luz de Cristo ilumine los corazones de todos para separar el trigo del Espíritu de la cizaña sembrada por "el enemigo". Los hijos de la luz serán "los benditos del Padre que recibirán la herencia del Reino".

La mostaza, la levadura y la cizaña tienen en común semillas diminutas en contraste con el arbol en el que anidan los pajaros, la masa fermentada que alimenta a una familia o el mal que amenaza los frutos del Espíritu. Estas semillas recuerdan a Jesús crucificado y al reducido grupo de discípulos asustados que hoy estamos presentes en todo el mundo, aunque hay mucha tiniebla todavía.

Hay que esperar porque nosotros no podemos realizar esa tarea; es Dios quien marca el momento y quien realiza esa tarea por Cristo, juez d vivos y muertos. Mientras llega la siega es tiempo de penitencia: "Tú, Señor eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan" (Salmo 85). Es bueno esperar en Dios, confiar en Él no de forma pasiva, sino colaborando con Él en nuestra conversión evangélica".

La paciencia de Dios contrasta con la intransigencia radical que nos hace jueces para defender soluciones al mal que olvidan el modo paciente de Dios ante el mal; el Amor es paciente, sin mezclarse con el mal, pero que convive con desagradable presencia porque sólo se guía por la Fe, la Esperanza y el Amor a Dios y a su Reino. "El Espíritu acude en nuestra ayuda, su intercesión por los santos es según Dios" (2ª lectura).

Acojamos la forma de hacer de Dios, que discierne personas y circunstancias y las lleva a madurez en el momento oportuno. "Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia" (1ª lectura).

Jaime Aceña Cuadrado cmf

Sábado 22 de julio de 2017, por Parroquia Ido. Corazón de María


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