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"¡Señor mío y Dios mío!"

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El mensaje desde aquel primer Domingo es claro: resucitar con Cristo es nacer a una vida nueva. Es conocido el ideal de la primeras comunidades; su identidad es modelo y fundamento para las comunidades de todos los tiempos: la escucha de la Palabra (enseñanza de los Apóstoles), la fracción del pan (Eucaristía) y la vida en común (repartían los bienes para que nadie pasara necesidad). (1ª lectura).

Esta regeneración se mantiene viva por la esperanza: "no habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en Él" (2ª lectura). La meta de esta Fe es la salvación ya iniciada, aunque todavía no ha llegado a plenitud.

El salmo 117 prologa la alegría de la Pascua: "Este es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo". Es el manantial de nuestra gratitud al Señor, es la expresión más profunda de su misericordia: Cristo vive y, en Él, todos los que creemos y nos alegramos de su Victoria.

Jesús se manifiesta a sus discípulos, miedosos, encerrados en una casa. Su presencia se prolonga en nuestra Asamblea de fe: Jesús en medio, saludando con la paz; Jesús enseñando sus heridas y llenándonos de alegría; Jesús exhalando su aliento -su Espíritu- sobre ellos, abriendo las fuentes del perdón; Jesús contagiándolos de resurrección. (Evangelio).

Hay una segunda parte en este Evangelio: ocho días después el protagonista del encuentro es Tomás, que personifica increencia occidental que nos envuelve. Muchos contemporáneos sólo creen en los avances de la ciencia, en lo que se experimenta y se comprueba empíricamente. La confianza y la fe en los testigos pierde importancia...Jesús se dejó palpar por Tomás, que proclama su fe profunda y sincera: "¡Señor mío y Dios mío!". Jesús valora a quienes creen sin ver ni tocar:

Formamos parte de la multitud que no hemos visto al Resucitado, ni el brillo de sus ojos, ni hemos tocado la orla de su manto, ni escuchado el timbre de su voz, ni la convicción de su Palabra, ni le hemos visto rezar el Padrenuestro, ni hemos presenciado sus curaciones y caricias a los enfermos; no le hemos visto morir...pero le amamos porque Él nos ama hasta el extremos; ningún "salvador" le supera. El Señor Resucitado es, para siempre, la Vida de nuestras vidas. ¡Cristiana Pascua-2017.

Jaime Aceña cuadrado cmf

Sábado 22 de abril de 2017, por Parroquia Ido. Corazón de María


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