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"¿Qué buscáis?"

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Las rebajas ya van cumpliendo sus objetivos. Los grandes almacenes comparan las ventas de este año con los anteriores. El consumo es termómetro de recuperación o retroceso de la economía; si se estanca, retrocede. La prensa y los telediarios se llenan de comentarios sobre el tema económico y sobre el yihadismo. Está claro que la "opinión pública" no se fija en lo que Dios propone para salir de la crisis o para lograr una paz estable, fruto de la reconciliación y de la justicia. Hoy, como en tiempos de Samuel, la Palabra de Yahvéh es rara, pero puede hacerse oir en medio de la monotonía del paso de los días y la noches y del frenesí en que vivimos.

Dios sigue llamando; su voluntad de remodelar su imagen en la persona es insobornable y no da tregua, no descansa. Puede llamar en la noche, como a Samuel, o a pleno sol; su llamada produce efecto si la respuesta es sincera: "habla, Señor, que tu siervo escucha" (1ª lectura). La vocación de los primeros discípulos aporta las claves de la llamada-respuesta; sin encuentro personal con Jesús es imposible la vocación. Coinciden la búsqueda de Andrés y de su compañero -discípulos del Bautista- y el interés de Jesús por ellos: "Qué buscáis?"...Maestro, ¿dónde vives?"; ..."venid y lo veréis" (Evangelio).

La llamada de Dios sintoniza con la "búsqueda" de una vida más humana, de una convivencia más justa; Jesús es el primero en hablar, toma la iniciativa; cuando es sincero el encuentro queremos estar y vivir con Jesús; es posible si abandonamos "las redes", la rutina habitual y nos vamos con Él guiados por la luz nueva de la fe, de la confianza ciega en Él; nos cambia el nombre, nos cambia la tarea, nace un nuevo ideal que llena nuestra existencia: "tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Pedro". Si le respondemos de verdad, nacemos de nuevo, como Pedro, como Andrés, como tantos...

S. Pablo enseña a los discípulos de Corinto, y de todos los tiempos, que si seguimos a Jesús nuestro cuerpo "no es para la fornicación" ..."porque el que se une al Señor es un espíritu con él" (2ª lectura). En aquella época, como en esta, el cuerpo demanda sus necesidades centradas en la comida, en la actividad sexual, en lo que satisface a nuestros sentidos....S. Pablo nos pregunta: "¿es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?"...Estamos habitados, hemos nacido a la vida en el Espíritu por el Bautismo. Concluye: "¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!". Si cultivamos la castidad viviremos el amor verdadero, libres del egoísmo, conscientes de que somos cuerpo espiritual. El ambiente, no ayuda. El cultivo de la propia vocación hace posible esta liberación, "porque os han comprado pagando un alto precio por vosotros"; la muerte en Cruz y la Resurrección de Jesús. La castidad es posible si correspondemos al amor del Maestro, reconociéndole en nuestro prójimo.

Jaime Aceña Cuadrado cmf

Viernes 16 de enero de 2015, por Parroquia Ido. Corazón de María


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