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"Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra"

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Aturdidos por tanta palabrería, tantas ofertas comerciales y tanta lucha por el poder, añoramos la palabra de los profetas "que en otros tiempos nos dieron las esperanzas y fuerzas para andar" (Ricardo Cantalapiedra). Hoy, como a finales del siglo VII antes de Cristo, necesitamos que Dios vuelva a elegir una persona que sea la voz de su Palabra. Entonces, la persona elegida fue Jeremías (1ª lectura). Su llamada tiene dos momentos: primero, Dios toma la iniciativa, le conoce-elige, le consagra y le constituye profeta de las naciones. Segundo momento: Todas las acciones de Dios están orientadas a una misión, "profeta entre los gentiles, no les tengas miedo". Dios apremia y fortalece hasta derribar las objeciones del elegido: "estoy contigo para salvarte". Jeremías anticipa la profecía de Jesús entre los gentiles; sus paisanos de Nazaret pasan de la admiración "de las palabras de gracia que salían de sus labios" al rechazo violento porque la salvación que anuncia no es exclusiva para los judíos, sino para el mundo entero. Jesús pone como ejemplos a la viuda de Sarepta y a Naamán, el general Sirio (Evangelio). El rechazo a Jesús es señal de que es verdadero Profeta. "Vino a los suyos y los suyos no le recibieron" (S. Juan). Sus paisanos le quieren despeñar. Esto recuerda el final de la vida pública de Jesús, crucificado fuera de los muros de Jerusalem. Jesús habla palabras llenas de gracia; los nazarenos actúan llenos de ira; ¿de qué están llenas nuestras palabras y nuestras obras?. Hoy son "gentiles" los refugiados y extranjeros...¿comparto que la salvación es, también, para ellos?. Por el bautismo soy profeta; ¿venzo mis prejuicios hacia ellos?.

Viene en nuestra ayuda el Espíritu de Jesús; sus carismas derriban los muros, tienden puentes de comunicación y acogida. Ninguna virtud ni cualidad tienen valor "si no tengo amor". (2ª lectura). Todo se acaba: la profecía, el don de lenguas, el aguante ante los problemas y dificultades; el Amor permanece y no pasa nunca; el Amor hace posible la acogida a "los gentiles". La fidelidad al Evangelio, seguir a Jesús, implica estar con los demás, pero ser distinto los demás. En una cultura como la nuestra donde todos hacen, compran y piensan lo mismo, no es fácil declararse creyente, no es fácil parecerse al profeta de Nazaret. Es día para decirle a Jesús: "quiero abrirme paso en medio de mis dudas y temores; quiero avanzar en mi camino de superación; sé tu mi roca de refugio y mi vida anunciará tu salvación" (Salmo 70).

Jaime Aceña Cuadrado cmf

Viernes 29 de enero de 2016, por Parroquia Ido. Corazón de María


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