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"No perdáis la calma"

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"No perdáis la calma"

Vivimos en una sociedad violenta. Las páginas de los periódicos la recogen a diario: violencia en el deporte, en la política, en "maras" juveniles, entre países...violencia ocasionada por tiranos políticos, por terrorismo. Y si nos paramos y respiramos con sosiego, descubrimos nuestra violencia verbal, nuestras tensiones, nuestros prejuicios.

En la sobremesa de la Última Cena, Jesús es consciente de la tensión que viven los amigos que están con Él a la mesa aquella noche: "uno de vosotros me va a traicionar"...la salida rápida de Judas del comedor, el presagio de la traición de Pedro, las alusiones a su vuelta al Padre; ¿qué será de la "iglesia" sin su presencia física?. Jesús genera esperanza en ese ambiente de inquietud: "No perdáis la calma", nos volveremos a encontrar, "en la casa de mi Padre hay muchas estancias".

Es como si les dijera:"me voy, pero me quedo", "me voy, pero os llevaré conmigo". En esta encrucijada y en todas, Jesús es "el Camino" si le amamos; si confiamos en Él su Verdad nos hace libres y su Vida nos alienta a permanecer en Él construyendo el Reino de Dios. Jesús es nuestro Camino si es modelo en nuestra relación con el Padre y con los hermanos. Nueve veces llama a Dios "Padre" en el Evangelio de hoy. Este amor filial es la fuente de nuestra paz, el origen de "la calma" que nos devuelve al paraíso perdido.

Miremos a la Iglesia primitiva: El anuncio de la Resurrección convoca nuevos discípulos; el Espíritu inspira la solución cuando los Apóstoles no pueden atender con equidad a la Predicación y a la atención a los pobres: "escogieron a siete hombres llenos del Espíritu Santo" para la tarea del servicio a los pobres. Los diáconos potencian el carácter servicial de toda la comunidad (1ª lectura). La Iglesia tiene como riqueza a los pobres (diácono San Lorenzo). Caritas encauza y aglutina hoy el servicio a los pobres de los discípulos de Jesús, de las parroquias.

El Templo antiguo, construido con piedras, da paso a un Templo vivo, hecho con las piedras que somos los bautizados; tenemos como fundamento a Jesucristo, piedra angular. Somos "sacerdocio real, nación consagrada, pueblo de su propiedad" (2ª lectura). Nos ofrecemos cada día con Jesucristo y somos misioneros: proclamamos "las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa".

Jaime Aceña Cuadrado cmf

Viernes 16 de mayo de 2014, por Parroquia Ido. Corazón de María


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