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"No quiero, pero después se arrepintió y fue"

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Es cierto que vivimos integrando los tres tiempos de nuestra existencia: el pasado, el presente y el futuro. La Palabra de este domingo nos permite afirmar que nadie está sin futuro. El pasado no es una losa que nos impida crearnos un presente nuevo, ni impide tener a nuestra disposición un futuro lleno de posibilidades. Si el peso de nuestro pasado lo hace imposible, podemos romper con lo que nos esclaviza. Ante Dios, estamos a tiempo de emprender un camino nuevo, con futuro

El profeta Ezequiel sale al paso de la creencia popular de que el desastre del destierro es una fatalidad inevitable por culpas de antepasados.(1ª lectura). Para Dios cuenta la actitud de la persona ante el bien y el mal. También la actitud comunitaria del pueblo para lo bueno y para lo malo. El texto se decanta por la conversión, por dejar el lastre del pasado, por iniciar un tiempo nuevo de fe y confianza en el Dios de la Alianza: "si se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá".

El Evangelio nos ofrece la breve parábola de dos hijos "arrepentidos" en familia: Uno se arrepiente de obedecer y traiciona la palabra dada a su padre y no va a la viña; el otro se arrepiente de haber dicho que no a su padre y va a la viña. Las obras son la verdad de lo que somos; las obras dicen si nos hemos convertido a la voluntad del Padre o no pasamos de las buenas intenciones y terminamos por desobedecer. Hay cristianos que tardan en comprometerse, pero lo hacen -Nicodemo, la Samaritana, Zaqueo...¿Tú y yo?-. Otros quieren comprometerse pero sirviendo a dos señores a la vez: a Dios y al dinero. Si vivimos así, nos precederán en el Reino los que se han convertido -"publicanos y prostitutas" -dice el texto en boca de Jesús-.

El salmo 24 recoge nuestra urgente necesidad de ser educados en los caminos y sendas del Señor porque su misericordia es eterna y nos llama a caminar con lealtad.

S. Pablo exhorta a los filipenses a no romper la unión y el amor fraterno (2ª lectura).. El fundamento de la nueva justicia es Cristo, "que no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se despojó de su rango". El Misterio de la Encarnación de Cristo-Jesús, es el modelo para cambiar nuestro presente y abrirnos al futuro Eterno, cimentando nuestra vida en la humildad porque reconocemos el señorío de Jesús "para gloria de Dios Padre". Su Verdad nos hace libres; su Camino nos orienta y da sentido a lo que anhela nuestro corazón y su Vida es más fuerte que el paso del tiempo y que la muerte. Merece la pena obedecer al Padre que nos manda a trabajar a la Viña para que "venga a nosotros su Reino".

Jaime Aceña Cuadrado cmf.

Viernes 26 de septiembre de 2014, por Parroquia Ido. Corazón de María


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