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"Maestro, que pueda ver"

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La convivencia de los pueblos deja mucho que desear; nos recuerda "la torre de Babel". La comunicación no es posible porque no se busca el bien común; hay bloques enfrentados porque prevalecen los intereses particulares que excluyen a los otros, a los que no son de los nuestros. Escuchando las noticias uno llega a convencerse de que la amenaza al futuro de la vida no son las catástrofes naturales, sino la ambición humana, el poder de unos pueblos que buscan someter a otros. ¡Qué clarividente es el Papa Francisco en su encíclica "Laudato si"!.

El profeta Jeremías siembra esperanza porque Dios perdona y reúne "un resto" reconciliado, germen de una Ciudad nueva (1ª lectura). Estos no son un grupo de victoriosos sino de salvados por la fuerza de Dios; Él les ha dado corazón para conocerle y les ha unido en Asamblea común, donde la alegría sustituye a las antiguas lágrimas: "se marcharon llorando, los guiaré entre consuelos; los llevaré a torrentes de agua...". La tierra se transforma según el corazón de los hombres; hoy, la Iglesia, nuevo Pueblo de Dios, es el "resto" de los renacidos por la misericordia de Dios en medio de la historia; es el germen de la humanidad nueva, anticipo del Reino en que habita la Justicia.

Nuestra Asamblea entona la acción de gracias que cantaba Israel al saberse salvado del destierro en Babilonia porque las curaciones y la resurrección de Jesús manifiestan que Dios es nuestro Padre: "el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres" (Salmo 129). Aquella liberación es anuncio y anticipo de la que nos ha ofrecido Jesús, el Señor.

La subida de Galilea a Jerusalem es paradigma de nuestra vida. Lo que acontece en este camino, acontece en nuestra vida. A los hijos del Zebedeo les hizo la misma pregunta que hoy hace al mendigo-ciego a la salida de Jericó: "¿qué quieres que haga por tí?". Aquellos respondieron desde la ambición porque querían ocupar los primeros puestos, junto a Jesús; Bartimeo responde: "Maestro, que pueda ver". Y yo... ¿qué le respondo?, ¿quiero seguirle, vivir como su discípulo?. El ciego recobró la vista "al momento y lo seguía por el camino". Bartimeo es ejemplo para mí porque grita su fe en Jesús Mesías, el Hijo de David; porque vence el respeto humano y grita con más fuerza su oración; porque comienza a ver como Jesús ve la existencia y le sigue por el camino, no tiene otro ideal para vivir. Este encuentro cuestiona mi rutina, ese dejarme ir arrastrándome por la vida, sin pasión cristiana.

La carta a los Hebreos expone la supremacía de Cristo sacerdote y mediador sobre los hombres sacerdotes: Es Hijo de Dios, sin pecado, ofrece su Vida por nosotros de una vez para siempre, vive para interceder por nosotros, capaz de salvar a los que por Él se acercan a Dios (2ª lectura). Como Jesús "tiene el sacerdocio que no pasa", siempre podemos acercarnos a Él para comenzar de nuevo, para alabar y bendecir al que es imagen del hombre nuevo, fundamento de convivencia fraterna.

Jaime Aceña Cuadrado cmf

Viernes 23 de octubre de 2015, por Parroquia Ido. Corazón de María


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