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"Levántate, come, que el camino es superior a tus fuerzas"

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¡Cómo nos identificamos con la experiencia de Elías!.(1ª lectura). En el camino de la vida tenemos dificultades y, en esos casos, nos pesa mucho el silencio de Dios. Como Elías, agotados por la fatiga corporal y la depresión moral, nuestra debilidad se hace insoportable y nos deseamos la muerte. Pero Dios no abandona en la prueba a su fiel amigo. Por medio de su ángel le prepara un alimento misterioso para que pueda recuperarse y llegar al Monte Horeb, el Monte en que se manifiesta Dios. El pan ofrecido a Elías nos recuerda el maná y es anticipo del verdadero pan de vida, la Eucaristía.

¿De dónde sacar energías cuando nos sentimos "abandonados" de Dios en la enfermedad grave, en una tragedia familiar, en el compromiso por ser justos... si vemos que triunfan los ególatras, al margen de la ley de Dios?. Profundicemos en el salmo 33 que es el canto de un desgraciado a quien Dios salvó de su angustia y tribulación. ¿Conocéis a alguien más atribulado y angustiado que Jesús de Nazaret?. Si a Jesús "el Señor le libró de todas sus ansias" por la resurrección, quien comulga en su triunfo por la EUCARISTÏA también "vivirá eternamente y resucitará en el último día". Los que nos reunimos a celebrar "el sacramento de nuestra fe" cantamos: "Gustad y ved qué bueno es el Señor" porque al contemplarlo con la fe quedamos radiantes.

Hay una amenaza que puede malograr el fruto de este alimento que nos da vida eterna: la murmuración puede sustituir y anular la fe como les pasó a los israelitas en el desierto. El origen terreno de Jesús puede impedir a muchos aceptar que sea el Hijo de Dios. A los contemporáneos de Jesús les pasó, "¿cómo dice ahora que ha bajado del cielo?"; no se dejan sacar de la condición terrena en que viven; como no creen, rechazan la palabra de Jesús: "todo el que escucha lo que dice el Padre, y aprende, viene a mí. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna" (Evangelio). Sin fe no es posible comer el pan que el Señor resucitado nos da "para que el hombre coma de él y no muera". Sin fe no es posible aceptar su alimento, ni levantarnos, ni seguir el camino hacia el Encuentro.

San Pablo nos alienta a vivir de un modo nuevo porque al comer su Pan somos miembros de Cristo; escribe "desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad...sed buenos, comprensivos, perdonando..." (2ª lectura). Sus palabras no necesitan explicación, las entienden los niños. Los motivos para vivir en el Amor son tres, según el Apóstol : estamos habitados por el Espíritu Santo que es Amor; somos hijos llamados a imitar a nuestro Padre y, finalmente, el ejemplo de Cristo que "se entregó por nosotros como víctima de suave olor". La convivencia social necesita el suave olor de Cristo de los que hemos sido ungidos por Él, con Él y en Él. Mucha justicia tiene que florecer y mucho Pan que repartir para que venga a nosotros su Reino.

Jaime Aceña Cuadrado cmf.

Jueves 6 de agosto de 2015, por Parroquia Ido. Corazón de María


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