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La semilla y la cizaña

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La semilla y la cizaña

El domingo pasado la parábola del sembrador incidía en el papel de nuestra libertad humana ante la sementera de la Palabra y el trabajo del sembrador, Jesucristo, El Maestro nos explicaba las cuatro actitudes habituales del corazón humano ante la novedad del Evangelio: dureza del camino, terreno pedregoso, terreno con espinas y malas hierbas, terreno bueno.

Hoy, además, está la dificultad añadida que supone que con la buena semilla crece la cizaña sembrada por el diablo. Hoy, también, Jesús nos explica la parábola: "El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo de la siembra es el diablo...". El domingo pasado la parábola del sembrador nos urgía a cuidar la vida interior, las actitudes del corazón. Hoy dos actitudes espirituales estamos llamados a cultivar: la vigilancia y la perseverancia. Vigilancia porque en el ambiente hay semillas del maligno que pueden anidar en nuestro corazón: soberbia de la vida, el becerro de Oro, vivir como si Dios no existiera porque no aparece en "los medios", no interesa...vigila solo el que ama porque tiene la certeza de la fe en Dios, que ama primero. Y perseverancia cuidando la salud espiritual, la docilidad al Espíritu: oración, prudencia, caridad, compromiso por la justicia...la esperanza del que persevera da la mano a la fe y al amor verdadero.

El Espíritu nos da la sabiduría para aceptar la humildad del Reino de Dios, que no hace ruido, que "es como un grano de mostaza, que necesita tiempo, paciencia...es como "la levadura" que transforma nuestra masa y nos nace de nuevo a la gracia, a la vida en el Espíritu. Nuestro egoísmo "fermenta" hasta convertirnos en hijos de Dios y hermanos los unos de los otros. El Espíritu no duerme; cada día es Pentecostés si nos abrimos a su sementera. Siempre está viniendo "en ayuda de nuestra debilidad" (2ª lectura).

El Padre "nos gobierna con gran indulgencia....y diste a tus hijos la dulce esperanza de que en el pecado das lugar al arrepentimiento". La paciencia de Dios nos urge a cambiar el corazón porque "es bueno y clemente, lento a la cólera, rico en piedad y leal" (Salmo 85).

Jaime Aceña Cuadrado cmf

Jueves 17 de julio de 2014, por Parroquia Ido. Corazón de María


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