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"¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperara a otro?"

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Todos aspiramos a ser felices; cuando buscamos la felicidad en el placer, sobre todo, nuestra felicidad es efímera; la alegría es la felicidad del alma. El ambiente puede estar cargado de nubarrones que ocultan el sol; puedo, incluso, llorar la muerte de un amigo o de un ser querido...pero la alegría no puede morir, no puede desaparecer de nuestras aspiraciones porque tiene manantial espiritual, eterno.

Un discípulo de Isaías expresa la alegría por la Restauración de Judá, después del destierro (1ª lectura) porque es la salvación que Yahvéh realiza en la historia del pueblo. La vuelta a Jerusalén es la salvación, descrita como una renovación de la naturaleza -lo árido se hace fértil- y como una transformación de la persona humana-el enfermo sana, el cobarde cobra valor-. "sed fuertes, no temáis"..."pena y aflicción se alejarán".

Jesús perdonando pecados y sanando enfermos se revela como el Dios-Salvador, el que cumple la profecía, la promesa. Juan el Bautista, encarcelado, se sorprende por este modo de proceder del Mesías que había reconocido y señalado, junto al Jordán, como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. La respuesta de Jesús a los enviados de Juan, afirma que sólo los sencillos pueden comprender su mesianismo que libera a los pobres, da vista a los ciegos, "los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Nueva" (Evangelio). Jesús alaba la vida y la profecía de Juan; pero su época se cierra y se abre otra Alianza con las novedades del mesianismo de Jesús. ¿Concuerdan nuestros caminos con la novedad que Jesús trae en su modo de proceder?.

La espera de la venida del Señor condiciona nuestra vida de discípulos. Esperamos su segunda venida; mientras llega el Señor el Apóstol Santiago nos exhorta a la paciencia, cultivando las buenas obras -que coinciden con las obras de misericordia, corporales y espirituales- (2ª lectura). Nuestro compromiso es amar a los hermanos, sin juzgarles; el juez será el Señor, que está por venir.

Con el salmo 145 suplicamos la llegada del Señor: "Él salvará al oprimido"..."liberta a los cautivos". Tomará partido por los empobrecidos y los que no cuentan socialmente y "va a trastornar el camino de los malvados". La fe en la promesa de felicidad que hoy recoge la Palabra es la única garantía de nuestra Esperanza. El mundo está aturdido. ¡Qué bien que escuchamos y acogemos en silencio el mensaje de Adviento!.

Jaime Aceña Cuadrado cmf

Viernes 9 de diciembre de 2016, por Parroquia Ido. Corazón de María


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