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"El publicano bajó a su casa justificado; el fariseo no".

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¿Cómo es mi relación con Dios?; ¿qué pretendo cuando voy a orar o a participar en una celebración litúrgica?. ¿Me siento justo, seguro de mí mismo y desprecio a los demás? (Evangelio). Si voy a orar con una actitud de suficiencia que me hace olvidar la grandeza de Dios y mi pecado...soy fariseo. Si el lugar del señorío de Dios en mi corazón y en mi conciencia lo ocupo yo porque me creo justificado y exijo a Dios la recompensa...soy fariseo. Si me creo mejor que los demás...soy fariseo. Si sólo hablo de mí, no me encuentro "con quien sabemos nos ama" (santa Teresa), oro a mí mismo...soy fariseo. Si tengo conciencia de mi culpa y repito: "oh Dios, ten compasión de este pecador", bajaré a mi casa justificado, como el publicano. Si experimento la Misericordia de Dios seré misionero de su Misericordia. S. Pablo enseña que la justificación es fruto de la fe y de la humildad.

Dios no acepta sacrificios o plegarias en favor de la injusticia. Si Dios manifiesta alguna preferencia es por los más débiles y necesitados: "los gritos del pobre atraviesan las nubes" (1ª lectura). Jesucristo es la Buena Noticia para los pobres y justifica al que ora con humildad, como el publicano.

Frente a la injusticia humana, que explota al pobre, Dios se constituye en juez en favor del oprimido: "si el afligido invoca al Señor, él lo escucha" (salmo 33), que los humildes lo escuchen y se alegren porque "no será castigado quien se acoge a Él".

El destino de S. Pablo se identifica con el de Jesús: ha trabajado por el Evangelio del Reino de Dios y está abandonado en la cárcel, anciano prisionero: "he mantenido la fe; ahora me aguarda la corona merecida". Su fuerza es Jesús Resucitado por el que ha luchado y "ha sido fiel hasta la meta" (2ª lectura). La corona de vida se la otorga Cristo. Y no sólo a él, sino a todos nosotros, los que por su causa damos nuestra vida por el hermano, prolongando el amor liberador de Cristo; es la plenitud que reciben "todos los que tienen amor a su venida". Es el fuego que alienta a los misioneros de entonces y de hoy porque "la Caridad de Cristo nos apremia". Es el Domund de la Misericordia.

Jaime Aceña Cuadrado cmf

Sábado 22 de octubre de 2016, por Parroquia Ido. Corazón de María


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