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DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO: "Dos hombres subieron al Templo a orar".

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Todos conocemos y padecemos a quienes teniéndose por perfectos, desprecian a los demás. Están endiosados y suelen hablar de sí mismos, de sus logros en la vida; sus obras son perfectas; pero habría que recordarles el refrán castellano: "dime de qué presumes y te diré de qué careces". Suelen resultar cargantes y cansos.

Esta actitud hace imposible la relación con Dios, no solo con los demás. Jesús nos abre los ojos con esta parábola del fariseo y del publicano. Los dos suben al Templo a orar. El Templo es el Reino de Dios. El Templo está dentro de nosotros y las diferencias están en el corazón.

La oración del fariseo es una autoalabanza porque está limpio de pecado. El mérito de sus obras le lleva a exigir a Dios la recompensa; se tiene por justo y desprecia al publicano. Su orgullo le lleva a situarse delante, en arrogante exaltación de sí mismo. El publicano muestra un corazón humilde: se sitúa atrás, no se atreve "ni a levantar los ojos al cielo"; el fariseo ofrece sus obras y espera el premio; el publicano ofrece sus pecados y espera la misericordia: "¡Oh Dios, ten compasión de este pecador!". Con su actitud humilde y sincera, permite que el Reino de Dios entre en su corazón; "bajó a su casa justificado y aquél no".

Dios nos ama como somos; si tomamos conciencia de nuestras debilidades y caminamos en humildad, Dios puede entrar en nuestro corazón; el perdón de Dios es la roca sobre la que estamos edificados. Nos justifica la fe en Cristo que nos llevará a su Reino del cielo (2ª lectura). Si Dios manifiesta alguna preferencia es precisamente por los más débiles y necesitados. (1ª lectura). "El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. No será castigado quien se acoge a Él" (Salmo).

La oración sincera cambia la vida; pero la oración de apariencias o de cumplimiento produce vacío porque el "yo engreído" habla con el propio yo pero nunca con Dios. Hablar con Dios supone permitirle entrar en la verdad de lo que somos; entonces hacemos posible que Dios nos perdone, nos llene vitalmente, como al publicano.

Jaime Aceña Cuadrado cmf

Lunes 28 de octubre de 2013, por Parroquia Ido. Corazón de María


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