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"Anda, haz tú lo mismo"

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¿Cómo encontrar a Dios? -nos preguntamos y nos preguntan con frecuencia; encontrar a Dios no exige grandes peregrinaciones, ni recorrer largos caminos, él nos espera en el hombre, en el prójimo; para llegar a la meta, Dios, hay que pararse en el camino junto al prójimo. La novedad de Jesús es que une los dos amores (Evangelio). La dimensión vertical del amor recibido de Dios se vuelve horizontal, se concreta en la persona que tenemos al lado.

Los sacerdotes y levitas cargados de su saber teológico pasan de largo ante el herido porque piensan que Dios está más lejos. Los representantes del culto vacío pasan dando un rodeo; en cambio, el menospreciado porque desconoce a Dios y su Ley, el samaritano, se encontró al Padre de todos, a Dios, que es misericordia porque se conmueve ante el desconocido, lo monta en su cabalgadura y lo lleva a la posada para costear la curación de sus heridas. Así encontró a Dios, siendo buen prójimo del herido, como es Dios, buen prójimo con sus hijos, en especial con los fracasados, con los derrotados por la vida. Dios es buen prójimo de nosotros. La entrega y el servicio de Jesús es el modelo de buen samaritano, aunque se le va la vida en ello. Resucitará. "Haz tú lo mismo".

La Ley no es norma impuesta desde fuera, sino que está grabada en el corazón, es inspiración de Dios. El Espíritu es principio de renovación interior que tendrá su culminación en la Nueva Alianza el día de Pentecostés; mientra llega ese día del Espíritu Santo, el resto fiel de Israel vive porque "el mandamiento está muy cerca de tí; en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo". (1ª lectura).

Esta urgencia a la conversión del libro del Deuteronomio nos impulsa a pedir que "Dios se vuelva a nosotros" y nos alentamos a la plegaria común: "buscad al Señor, y vivirá vuestro corazón" (Salmo 68).

Jesucristo, presente ya en la primera Creación es el centro de la vida humana y es el que inaugura la segunda creación; con Él y en Él las personas recuperamos nuestra condición de imágenes de Dios; "por él quiso reconciliar consigo todos los seres, los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz" (2ª lectura). Su Paz nos hace libres y hermanos; por Él y en Él tenemos las primicias de la vida eterna porque existimos y vivimos en el Corazón del Padre, aunque todavía no se ha manifestado lo que seremos ni hemos llegado a la plenitud de la herencia que Jesús no ha merecido. Peregrinos, siempre en camino, con los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sanos y enfermos, caídos y heridos...sus alegrías y sus penas son las nuestras (Gaudium et Spes).

Jaime Aceña Cuadrado cmf

Sábado 9 de julio de 2016, por Parroquia Ido. Corazón de María


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